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El gobierno federal no ha encontrado la forma de evitar que se le siga mencionando su incapacidad para lograr el avance económico que necesita el país.

Nuestra economía nacional lleva varios meses en estancamiento y esto podría ser un factor que impida alcanzar los crecimientos necesarios para que los mexicanos en los próximos días puedan ver una mejora en su calidad de vida.

Se habla de datos macroeconómicos positivos, pero no se mira hacia la economía familiar que cada día es más precaria.

Se busca esconder los problemas de corrupción, extorsión e impunidad manifestando que existe una presión externa, pero no se actúa para, desde adentro, combatir esos problemas.

Solo se habla de soberanía, como el único factor que puede ayudar a muchas familias a salir de la situación actual. Pero no se reconoce que el verdadero problema está dentro de las estructuras del gobierno mismo.

Se intenta desviar la atención de la gente a esos problemas abriendo otros del pasado y se busca descalificar al gobierno norteamericano a través de llamar a su exembajador como mentiroso. Pero esto podría ser contraproducente, porque no se descalifica a una persona se trata de descalificar a un gobierno entero y quien ahora tiene las riendas en Estados Unidos, Donald Trump, ha puesto las cartas sobre la mesa su prioridad es combatir a los grupos criminales que, desde afuera, están dañando a sus ciudadanos.

No se entiende, que al igual que el gobierno mexicano, Donald Trump utiliza la creación de un enemigo externo para tratar de justificar sus actitudes. Es por ello que el gobierno de Trump mantiene el ataque a los cárteles mexicanos y a presuntos actores políticos, cómplices para catalogarlos como organizaciones narcoterroristas. Con esto desvía la mirada de los ciudadanos norteamericanos.

Sin embargo, en México esto no se toma como una oportunidad para eliminar cualquier rasgo de una complicidad y se hace todo lo contrario. Esto por supuesto trae consecuencias negativas.

Lo vimos recientemente cuando Moody’s Ratings degrado la calificación soberana de México a “Baa3”, con la advertencia de un entorno de debilidad económica persistente y un crecimiento real inferior a 1 por ciento. En Estados Unidos se habla que en México permanece un deterioro de la gobernanza que junto al problema de la inseguridad son factores que operan como inhibidores para la inversión y que restan atractivo al tan comentado nearshoring.

Y es esto lo que a administración Trump toma como una estrategia más pragmática: utilizar la presión política, la cooperación en materia de seguridad y el desgaste del gobierno para sacar mayor provecho.

La agenda comercial ya enfrenta suficientes complicaciones por el giro proteccionista de Washington. Pero si a ello se suma la sospecha explícita de que dentro del gobierno mexicano puedan existir vínculos con organizaciones criminales, las posibilidades de que Donald Trump impulse una ampliación o renovación favorable del T-MEC se reducen considerablemente.

Pese a esto, desde Palacio Nacional, cada mañana se habla con ligereza de que el tratado podría ratificarse en tres o cuatro años. Como apostando a que Donald Trump ya no estará en la Casa Blanca. Sin embargo, esto también podría ser inverso. Es decir, desde Washington se calcula que el relevo político pueda darse y esperar otro régimen con mayor cercanía.

En México ante la ansiedad de mantener el control por un solo grupo, se modifican leyes que perjudican al desarrollo y crecimiento del país, Se toman decisiones políticas en los tres poderes de la Unión y no se vislumbra el futuro que podría tener esto. Solo se busca el poder por el poder y no para el bienestar de todos.