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La forma en la cual actúa Andrés Manuel López Obrador es de sorprender no solo a extraños, sino también a su gente cercana, porque el tabasqueño, demuestra que en ocasiones no analiza su actuar y sus dichos.

Lo demuestra convirtiendo una conferencia oficial, porque la realiza el titular del Ejecutivo, en un simple espectáculo donde lo mismo puede agredir verbalmente a científicos, académicos, políticos, periodistas, clase media y todo aquel que no comparte sus ideas, hasta utilizar canciones para tratar de que la gente entienda sus “ocurrencias”.

Esto es preocupante, porque nadie sabe con qué animo amanece cada mañana López Obrador y que será lo que improvise durante sus conferencias que son maratónicas.

En alguna ocasión alguien manifestó que es difícil que mantener la atención de un espectador por más de 15 minutos, pero López Obrador hace la proeza de sumar hasta dos horas en sus conferencias, mejor conocidas como “mañaneras”.

Ser el centro de atención ha convertido a esta conferencia en un desfile de temas como pasajes históricos, efemérides, la parte cómica donde insulta a quienes no piensan igual a él, apoyado por quienes siguen esperanzados en un cambio que no llegará.

Esto ha dejado que el trabajo del Ejecutivo este más encaminado a mantener su popularidad para estar en una página de la historia, locuaz ya logro como el peor sexenio que hemos tenido en el país. Principalmente porque ante la falta de visión, el gobierno federal, ha dejado las oportunidades que ofrecen circunstancias