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Cuando hablamos de la necesidad de que el país tenga un crecimiento económico por encima del 6 por ciento, no significa que debamos seguir esperanzados al empuje que la economía de Estados Unidos imprima a la nuestra, porque entonces solo dependeremos de ese factor y no consideraremos la creación de oportunidades para que México pueda captar inversiones a favor de un desarrollo
Debemos seguir siendo claros, es probable que en este 2021, nuestra economía tenga un resultado positivo, cercano al 6 por ciento, pero esto solo será el rebote que tengamos luego de la estrepitosa caída de más de 8 por ciento que se presentó en el 2020, lo que en realidad deja un rezago de más del 2 por ciento.
Entonces México en realidad no presentará un crecimiento económico y si mantendrá rezago en la creación de empleos, en la recuperación de ingresos familiares y por supuesto se mantendrá una gran cantidad de gente en niveles de pobreza.
Para superar estos rezagos es necesario que, en México entre una mayor cantidad de recursos privados para aplicarlo en la compra de equipo nuevo, desarrollo de las plantas productivas y mantenimiento de los equipos existentes, pero esto solo se dará cuando exista la certeza jurídica y social de que las condiciones son suficientes para que estas inversiones puedan generar ganancias a lo largo de varios años.
Esto último, hasta el momento no se ha presentado sino al contrario cada día nos enteramos que los inversionistas prefieren dejar el país en la búsqueda de otros mercados que si les ofrecen estas garantías, y algunos otros que habían mirado hacia México para invertir prefieren esperar y colocar sus recursos en otras naciones que les ofrecen esas oportunidades.
Así lo reflejan los resultados del INEGI, respecto a la captación de Inversión Fija Bruta, es decir recursos para la compra de maquinaria y establecimientos de plantas productivas y oficinas de empresas en el país, que mostró una ciada en el mes de abril de 0.9 por ciento con respecto a lo que se había obtenido en el mes de marzo de este año.
Pero si esta captación se compara a lo que se recibía en julio del 2018, la caída representa un 16 por ciento, una cifra que debe preocupar al gobierno federal porque es precisamente la inversión privada quien ofrece más del 80 por ciento de los empleos que se generan en el país.
Esto también se refleja en la cifra de empleos creados, que hasta el momento ha sido casi nula y solo se muestran las cifras de recuperación de empleos, por ello es que cuando salimos a la calle observamos que día con día, la gente abre las puertas de sus casas para iniciar un pequeño comercio que les permita sobrevivir ante la situación económica actual.
Debemos señalar que el mismo gobierno federal ha reducido la cantidad de recursos públicos inyectados en la creación de empleos y que sus mega obras, el Tren Maya, la Refinería Dos Bocas y el aeropuerto Felipe Ángeles, han mostrado un aletargamiento en la inyección de recursos, lo que también ha provocado que muchos de los trabajadores hayan sido “descansados” hasta nuevo aviso.
México no ha logrado superar la crisis económica derivada de la pandemia del covid-19, porque esta tampoco ha sido superada y ahora se muestra una tercera ola de contagios, que de no poner en marcha medidas preventivas podría llevarnos nuevamente al cierre de actividades productivas, algo que podría dar la puntilla final a muchas medianas pequeñas y micro empresas, lo que arrojaría mayores niveles de pobreza e inseguridad.
México necesita que este gobierno deje de preocuparse por los niveles de popularidad de López Obrador y en verdad empiece a establecer políticas públicas encaminadas a fortalecer los sectores productivos, además de acompañarlas con la apertura a la inversión privada a través de originar confianza en ella.
De lo contrario, seguiremos en niveles de crecimiento a los que teníamos hasta el 2018, y la promesa de un cambio y de obtener crecimientos mayores al 5 por ciento solo serán promesas incumplidas y la realidad seguirá siendo una gran mayoría de personas sin un empleo formal, con salarios por debajo del poder adquisitivo y una inseguridad creciente ante la necesidad de obtener esos recursos, en la forma que sea, para llevar dinero a sus familias para la compra de alimentos y el pago de servicios básicos.
