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En la segunda parte de esta entrevista, Alejandro Moreno, presidente del CEN del PRI transita de la denuncia a la propuesta: desmilitarización, reinvención generacional y una relación pragmática con EU son pilares de su estrategia para el 2030
Tras una primera entrega centrada en la confrontación política y la defensa personal, Alejandro «Alito» Moreno, presidente del CEN del PRI, despliega, en esta segunda parte, su agenda programática para lo que denomina «el rescate de México». El dirigente priista articula una visión que va más allá de la crítica al gobierno morenista. Perfila un escenario de alto riesgo para 2027, advierte sobre la radicalización autoritaria del régimen y posiciona al PRI no como la izquierda, sino como el baluarte del centro democrático en una batalla ideológica que —asegura—, ya no es entre derecha e izquierda, sino entre democracia y narcopopulismo. Las fotografías son obra del fotoperiodista Antonio Caballero, quien capturó al líder en un entorno que oscila entre la intimidad reflexiva y la energía combativa
II y última parte
Alejandro Moreno expone su visión programática para el futuro del país: economía, rol de las fuerzas armadas, relación con Estados Unidos, juventud, medio ambiente, combate a la corrupción y riesgos inmediatos. La entrevista deriva entonces hacia el terreno de las propuestas concretas y el tono se torna más propositivo, aunque conserva la crítica cerrada al gobierno actual. Propone desmilitarizar la administración pública, recuperar la confianza económica mediante certidumbre jurídica, redefinir la relación con Estados Unidos desde el pragmatismo y conectar con las nuevas generaciones mediante un discurso de renovación ética.
—Hablemos de economía. Usted critica el crecimiento raquítico actual, pero el mundo vive una desaceleración, tensiones comerciales, alzas de tasas. ¿Cuál sería la receta económica priista para estos tiempos?
—Hoy crecemos, si es que se crece con todo lo que sale diariamente, a menos del 0.5 por ciento, menos de 1 por ciento. La receta es confianza, certidumbre y reglas claras. Nosotros entregamos el país en 2018 situado como la 15ª economía mundial y entre las 10 potencias turísticas. ¿Cómo? Atrayendo inversión, respetando los tratados, teniendo una política fiscal responsable y una política exterior que abre puertas, no que las cierre. Este gobierno ahuyentó la inversión con sus ocurrencias: cancelar el aeropuerto de Texcoco, refinar en lugar de producir energía barata, perseguir empresas sin darse cuenta de que la inseguridad frena cualquier proyecto. Nosotros reactivaríamos la inversión pública y privada en infraestructura, fortaleceríamos el TMEC no con confrontación, sino con negociación inteligente, y daríamos certeza a los mercados. El crecimiento no cae del cielo; se construye con seriedad.

—Ha mencionado al ejército. ¿Cuál debe ser su papel? ¿Está bien que administre puertos, aeropuertos, construya obras civiles?
—En Venezuela les dieron a las fuerzas armadas el control de puertos y aduanas, ¿qué hicieron en México? Repitieron el esquema. El papel constitucional de las fuerzas armadas es la defensa de la soberanía y la seguridad interior. Son instituciones valiosísimas, profesionales, que merecen nuestro respeto y apoyo. Meterlas a administrar puertos, aduanas o a construir trenes es desnaturalizar su función, desgastarlas y, peor aún, exponerlas a la corrupción y al desprestigio. Es una estrategia deliberada para tenerlas contentas con presupuesto y negocios, y así asegurar su lealtad política. Es peligrosísimo. Las fuerzas armadas deben volver a sus cuarteles y dedicarse a lo que saben hacer: garantizar la seguridad, con un mando civil claro y profesional. Lo que hacen hoy es una distorsión que debilita al Estado.
—Un tema espinoso es la relación con Estados Unidos con el gobierno de Trump. Él habla de aranceles masivos, de una política migratoria aún más dura. ¿Cómo hubiese negociado el PRI con un Trump reforzado?
—Trump tiene una política implacable en el combate al crimen organizado; se han muerto más de 700 mil estadounidenses por el tema del fentanilo. Lo enfrentaríamos con firmeza, con profesionalismo y una agenda clara de intereses mutuos. Trump es un negociador pragmático. Entiende muy bien los números. Nosotros le mostraríamos los datos: el TMEC beneficia a millones de trabajadores en ambos lados de la frontera. Le plantearíamos una colaboración estratégica real en seguridad, no de discurso, para cortar el flujo de fentanilo que está matando a sus ciudadanos. Sobre migración, atacaríamos las causas raíz: la falta de desarrollo y seguridad en Centroamérica y el sur de México. Con este gobierno morenista, Trump sólo ve un caos que le conviene políticamente para su narrativa. Nosotros le ofreceríamos orden, cooperación y resultados. Se negocia desde la fortaleza, no desde la sumisión, ni desde el berrinche nacionalista.

—El PRI tiene un problema generacional. Para muchos jóvenes, el partido es sinónimo del viejo régimen, de corrupción impune. ¿Cómo piensa renovar esa imagen y conectar con las nuevas generaciones?
—Nosotros cometimos errores, pero aprendemos y rectificamos. Primero, siendo honestos: sí, hubo errores y hubo corruptos en nuestros gobiernos. No los justificamos. Pero el PRI también es el partido que creó las universidades públicas, el Conacyt, las becas. La renovación no es sólo de imagen, es de fondo. Estamos impulsando a jóvenes en candidaturas, en la dirigencia. Pero ojo: no queremos jóvenes que sean sólo para la foto; queremos jóvenes preparados, con carácter, que no le tengan miedo a estos narcopolíticos. Les mostramos que el PRI es el partido que construyó el país que ellos heredaron, y que somos la única opción con la experiencia y la estructura para devolverles un futuro de oportunidades. Morena les ofrece puro relato y los tiene en la incertidumbre total.
—Hablando de jóvenes, el tema de la violencia los afecta particularmente. ¿Cómo se rompe el círculo de la falta de oportunidades, la drogadicción y el reclutamiento por el crimen organizado?
—Hicieron el pacto con el crimen organizado, y eso no lo digo yo, pues ahí está toda la opinión pública nacional, internacional. Se necesita una política de Estado integral. No basta con programas sociales clientelares. Se necesita educación de verdad, con escuelas dignas y maestros evaluados. Oportunidades laborales reales, atrayendo inversión que genere empleos formales y bien pagados. Y, de manera paralela, una estrategia de seguridad inteligente que desarticule financiera y logísticamente a los carteles, no sólo que capture a los peones. Hay que rescatar los espacios públicos, los parques, los centros deportivos. Nosotros lo hicimos en Campeche: invertimos en deporte, cultura, becas. La seguridad no es sólo balas, es prevención social. Morena desmanteló los programas de prevención y solo ofrece militares en las calles y dinero a cambio de votos. Es un fracaso.

—¿Y la izquierda? ¿Queda espacio para una izquierda socialdemócrata, progresista pero no autoritaria, en México? El PRI podría recuperar algún espacio de ese espectro, porque Morena ya se apropió de esa bandera.
—Morena no es izquierda; es un populismo corrupto y autoritario. La verdadera izquierda, la que lucha por los derechos sociales, la igualdad, el medio ambiente, ha sido secuestrada y expulsada de ese partido. Mira a los viejos luchadores sociales, a los intelectuales: muchos están callados o perseguidos. El PRI, en cambio, es un partido plural, de centro. Nosotros hemos impulsado los grandes derechos sociales. Hoy, la verdadera lucha progresista es defender la democracia, el Estado de Derecho y las libertades frente a este monstruo. Ese es el gran campo de batalla ideológico de nuestro tiempo: democracia versus autoritarismo. Y ahí, el PRI está del lado correcto de la historia.
—El cambio climático es una urgencia. ¿Qué política ambiental propone el PRI, más allá de criticar el Tren Maya?
—El Tren Maya es una obra fastuosa que en 7 años ha costado más de 500 mil millones de pesos y 14 muertos. Se requiere una política seria, no de simulación. Morena es ecocida: deforesta, pasa trenes sobre cenotes, relaja normas ambientales y apuesta a los combustibles fósiles. Nosotros impulsaríamos las energías renovables, una transición ordenada. Fortaleceríamos la SEMARNAT y la PROFEPA, hoy convertidas en oficinas de trámites para justificar desastres. Hay que cumplir los acuerdos internacionales, atraer inversión verde, proteger nuestras áreas naturales con hechos, no con discursos. El desarrollo no puede ser a costa del futuro. El «progreso» de Morena es un retroceso ambiental de décadas.

—La corrupción fue un talón de Aquiles priista. Si volvieran, ¿qué mecanismos concretos implementarían para combatirla que sean creíbles?
—Sí, se aprovecharon del PRI una bola de cínicos y corruptos, esa es la realidad. Impulsaríamos una transparencia radical y de consecuencias reales. Fortaleceríamos de verdad a los órganos autónomos de fiscalización, no como ahora que los nombran a dedo. Implementaríamos compras gubernamentales electrónicas con veeduría ciudadana. Protegeríamos y ampliaríamos los mecanismos de denuncia de servidores públicos. Y lo principal: daríamos ejemplo desde arriba. Si alguien en un gobierno del PRI se corrompe, que se vaya directamente a la cárcel, sin fuero protector. No podemos permitir que la corrupción nos vuelva a herir. La gente nos perdonó una vez, no nos perdonará dos.
—¿Cuál es el principal riesgo que ve para México en los próximos dos años, antes de las elecciones del 2027?
—La narco dictadura terrorista comunista, que es lo que ya estamos viviendo. El riesgo mayor es que este régimen, viendo que pierde apoyo, radicalice su autoritarismo; que use la fuerza pública para reprimir protestas, que encarcele a más opositores con pruebas fabricadas y acabe de desmantelar el INE para controlar las elecciones del 27. Ya lo vimos con el rector de la Universidad de Campeche: lo detienen, lo acusan de cosas absurdas y luego lo sueltan. Es un claro mensaje de terror. El riesgo es que la violencia política se dispare. Por eso necesitamos una oposición unida, valiente y con presencia internacional, para que cualquier escalada tenga un costo altísimo para ellos.

—En el PRI, por lo menos, para competir necesitan a un candidato o candidata presidencial con gancho, atractivo electoralmente ¿El PRI ya está en ese proceso de selección? ¿Qué perfil debe tener su candidato?
—Necesitamos gente que sepa, que conozca y que tome determinaciones. El proceso es orgánico y democrático. Primero se fortalece al partido, se gana en los estados, se construye una base sólida. El perfil no es el de un concursante de popularidad. Debe ser alguien con experiencia de gobierno, con carácter para enfrentar a estos narcopolíticos, con conocimiento profundo del país y con una solidez ética a prueba de balas. Alguien que gane la elección y que sepa gobernar desde el primer día. No buscamos un salvador, buscamos un servidor público capacitado. Ya llegará el momento de que la militancia y los ciudadanos lo definan.
—Una pregunta personal en medio de esta guerra política. Dijo que para inspiración o reflexión mencionó que lee a Robert Greene…
—Me gusta Robert Greene. Las 48 Leyes del Poder es un libro sobre la realidad del juego político, crudo pero útil. Pero ya te dije que lo importante no es solo lo que lees, sino lo que haces con ese conocimiento. Yo soy un hombre de acción. Mi inspiración viene de la calle, de la gente que me dice «no se raje», de mi familia. Los libros te dan marco, pero la convicción sale de aquí adentro.
—Cuando mira hacia atrás, a su carrera desde síndico en Campeche hasta este momento, ¿cuál es su mayor satisfacción y su mayor arrepentimiento?
—Mi mayor satisfacción es, sin duda, mi familia. En lo público, haber servido a mi estado como gobernador y haberlo dejado como el más seguro del país. Y ahora, tener la oportunidad de dirigir al partido que amo en la batalla más importante de su historia reciente. Arrepentimiento… (pausa)… quizás no haber sido más duro con algunos que se decían priistas y sólo buscaban su beneficio y con ello permitir que la soberbia nos alejara de la gente en el pasado. Pero no vivo de arrepentimientos. Aprendo y sigo adelante. La lucha es hoy.
—Para concluir ¿qué le diría a los priistas que dudan y sobre todo a los ciudadanos que ya no sólo no creen en los partidos, sino que ya no creen en nadie?
—Te reitero que el PRI es el pueblo hecho partido; nosotros construimos este país, aunque no les guste a muchos. A los priistas les digo que este es nuestro partido y digo “nuestro”, porque lo construyeron nuestros abuelos y padres y deben saber que no se lo vamos a entregar a esa bola de cobardes que se beneficiaron y huyeron. Tenemos historia, tenemos razón y tenemos futuro y los conmino a trabajar con orgullo.
A los ciudadanos que ya no creen en nadie, los entiendo, porque no les ha fallado sólo el PRI, sino que les han fallado todos. Pero por favor les pido que no confundan al mensajero con el mensaje. Morena no es la solución, sino que es el problema multiplicado por mil. Denle una mirada al PRI de hoy, no al de los estereotipos y vean nuestra propuesta, nuestra gente. Necesitamos un voto de esperanza, no de castigo. Juntos, si así lo deciden, podemos rescatar a México, y eso te lo puedo garantizar.

Alejandro Moreno se despide, listo para cumplir su siguiente compromiso partidista en provincia. Viaja ligero de equipaje, sólo con una pequeña mochila estudiantil y en compañía de tres o cuatro de sus más cercanos colaboradores, integrantes del CEN. La entrevista, de casi dos horas, deja la sensación de haber conversado con un estratega político muy controvertido, pero plenamente convencido de que la supervivencia democrática de México pasa, inexorablemente, por el PRI.
Sus respuestas —una mezcla de nostalgia por la obra priista, denuncia feroz al adversario y promesas de redención—, definen los términos en los que el tricolor librará las batallas por venir. Pero el tiempo dirá si esa narrativa encuentra realmente eco en un país harto de la corrupción, la violencia, la simulación, la inseguridad, la incertidumbre económica y la polarización.
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