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En la 4T se volvió marca registrada cambiar la narrativa, usar eufemismos, no llamar a las cosas por su nombre y buscar siempre un lenguaje que minimice o desvíe la atención.

Pero cambiar la narrativa no solo minimiza, encubre y cuando el trompo del malabarismo verbal se detiene, la punta está clavada en la misma tierra de siempre: crisis, accidentes, fallos, ineficiencia, corrupción, tragedias y promesas que se quedaron en el aire.


Se equivocan quienes creen que la transformación es solo cambiarle de nombre a las cosas.


Desde el oficialismo morenista prefieren que la peonza no gire hacia la verdad cruda. La hacen girar con eufemismos para que baile bonito aunque el piso esté lleno de escombros.

Vean el caso de la inundación, incendio y muerte en la Refinería Olmeca de Dos Bocas, obra insigne del obradorato.


Cuando hay una tragedia que quema hasta el cielo, el discurso oficial se despliega con una narrativa apresurada para decir que el “incidente” ocurrió en el exterior de la refinería.


Como si el fuego hubiera decidido respetar los límites del terreno y que el mejor lugar era la barda perimetral para chamuscar el paisaje y que cinco personas perdieran la vida.


En contraste, el trompo de la Fiscalía General de la República gira en torno a investigar un incendio al interior de Dos Bocas y cuáles fueron las causas que lo originaron.


Así es. El discurso oficial recurre a una narrativa aceitosa para escurrir el bulto y mantener su relato de “todo va bien” o “es culpa del pasado”.


En vez de «desastre», «tragedia» o «fracaso», se usan términos neutros, técnicos o victimizantes.


Un caso: la tragedia del Tren Interoceánico que dejó como saldo 14 personas muertas.


Se apuntó al “factor humano”, el “exceso de velocidad”, pero no a las fallas en un proyecto millonario que tuvo como “asesor honorario” a un hijo del ex presidente López Obrador.


Y cuando se registró el descarrilamiento del Tren Maya, en Izamal, el argumento oficial fue que se trató de un “percance de vía”. Como si se tratara de un simple rayón de coche y no de vagones descarrilados.


¿Se acuerda de Abrazos no balazos? Ha sido una de las narrativas con más impacto desde que la 4T llegó a la Presidencia de la República, pero con un gran fracaso en materia de seguridad.


La presidenta Sheinbaum insiste en que su gobierno no se ha alejado de esa “estrategia”. Que no hay guerra contra el narco como ocurrió con Calderón (el villano favorito) y que las masacres ya se terminaron. Esa es su narrativa.


Pero el golpe de realidad se impone en materia de seguridad ante cualquier línea discursiva. El costo humano fue brutal durante la captura y muerte de Nemesio Oseguera “El Mencho”. Más de 60 muertos (28 de Guardia Nacional y fuerzas especiales).


Hace unos días 11 integrantes de “Los Mayos” fueron abatidos en el Salado, Sinaloa, por fuerzas federales (Marina y Ejército). Los militares ya no se dejan humillar ni quitar sus armas por delincuentes. Responden ante «ataques cobardes del crimen organizado», argumenta el oficialismo.


Y cuando los números no cuadran en materia de seguridad, la pirinola del régimen morenista cae en «campaña de desprestigio» o «ataque de los adversarios».


Sello de identidad


Le decía: el lenguaje tramposo no solo minimiza, encubre como ha ocurrido con del “huachicol fiscal”.


Acusar “corrupción” y “mafia farmacéutica” solo esconde el desabasto de medicamentos en clínicas y hospitales del sector salud.


Se justifica la construcción de la Refinería de Dos Bocas (que hoy es un contaminante del Río Seco) bajo el argumento de “soberanía energética”; de los trenes por el “desarrollo regional del sureste” y se usa reiteradamente el “no somos iguales” para marcar una diferencia entre la 4T y administraciones anteriores del PAN y del PRI.


El uso de los eufemismos hasta para dramatizar no es exclusivo de la 4T. Todos los gobiernos y movimientos políticos lo hacen en mayor o menor medida para mantener su imagen ante la población.


Pero en la cuarta transformación se volvió, como apuntamos líneas arriba, una marca registrada, un sello de identidad discursivo.


Si algo sale mal: accidente grave, fracaso en seguridad o economía que no despega, se desvía la culpa hacia el pasado, a los opositores, a las “herencias malditas” y a los medios de comunicación para preserva el «proyecto de transformación», mientras se “diluye la crisis” en las conferencias mañaneras.


Al inicio del sexenio obradorista la narrativa del gobierno y su partido tuvieron éxito en redes sociales.


¿Recuerda estas frases?: «no es falso, pero se exagera», “tengo otros datos», «no hay más violencia, hay más homicidios», «me canso ganso», «la venganza no es mi fuerte», «los voy a acusar con sus mamás», «fuchi, guácala», «es una etapa transitoria» y… muchos más trompos que siguen girando en el discurso oficial.


Pero fueron perdiendo la narrativa con todo y que han creado un escudo narrativo colectivo con voceros, medios afines, propagandistas, “jilgueros”, “bocas de ganso”, granjas de bots en plataformas digitales y “paleros” incrustados en las mañaneras para poner el balón a tiro de gol.


En ese sentido, con todo y que los trompos y las pirinolas de la 4T giran y giran bonitos y coloridos, el pueblo bueno ya no aplaude el malabarismo verbal, y cuidado, el que se quedará sin nada es el que creyó en ese juego de narrativas aceitosas.

castroclemente@gmail.com
@castroclemente en X