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elcristalazo.com

El acoso del neo sistema contra los medios de comunicación, especialmente los denominados tradicionales; es decir ajenos a la galaxia de las redes sociales y las plataformas digitales, aunque después estas reproduzcan sus contenidos, los analicen y los guarden en la hemeroteca, ha sido sistemático y gradual desde antes del advenimiento de la Cuarta Transformación. Es un elemento central de su estrategia.

Forma parte de una necesidad de control mediático larvada desde los inicios del fundador del movimiento quien. En un doble juego de rechazo y beneficio, formó otra de las muchas imágenes falsas de la “oscura noche” neoliberal: la cerrazón comunicacional del universo mediático bajo control del gobierno, bautizada para fines de propaganda y mitin callejero como “cerco informativo”.

Para comprender la evolución de este mecanismo de control ahora más visible gracias a la sofisticación (viene de sofisma) de la censura, vale la pena recordar algunos episodios. 2012. Candidato.

“…Andrés Manuel López Obrador llamó a que “cada mujer, cada hombre” se convierta en un medio de comunicación para evitar que se repita la historia de hace seis años, cuando según el candidato presidencial de la izquierda un “cerco informativo” se impuso para evitar el “cambio verdadero…

“Tenemos que romper el cerco informativo, tenemos que enfrentar a toda la política mediática, a toda la manipulación que se lleva a cabo en los medios de comunicación que tienen como anestesiados a muchos mexicanos. Tenemos que sacudir a muchos, zarandearlos, para que despierten, que ya no pueden seguir apoyando a sus verdugos”. Por segunda vez perdió las elecciones. Hoy con programas socioelectorales, apoyan a otros amos.

Sin embargo la comunicación siguió siendo una de las líneas fundamentales de la obra política de Morena.

Ya en la presidencia se inició la poda presupuestal contra los medios no afines y la munificencia hacia los aliados. No hace falta mencionar los nombres. Calumnias por arrobas para unos, carretadas de dinero para otros, hasta llegar una circunstancia nunca antes vista: el santo oficio en el Palacio Nacional para exhibir con “Sanbenito” las fallas o mentiras de los medios.

Y todo a cargo de una mujer sin alfabeto ni experiencia a quien ahora la Consejera Jurídica del Poder Ejecutivo quien divuga una lista de enemigos públicos ha sustituido, mientras su compañero todo lo repite como vocero de Morena en la Cámara de Diputados frente a cualquier micrófono disponible.

La desigual pelea no ha terminado. Va a terminar cuando los progresivos avances concluyan y la conversación pública quede absolutamente dominada por el oficialismo. Y ni así porque alguien volverá –como antaño–, a los medios clandestinos en la conciencia ciudadana.

El gobierno rechaza la crítica y califica como mentira toda discrepancia. La persigue, la exhibe como trofeo de caza y reconoce el capricho en el gasto publicitario. Las únicas falsedades no combatidas son las suyas.

Los tiempos del no pago para que me pegues son hoy dogma de doctrina pero eso no es lo peor. Lo grave es la censura directa, no la indirecta. De los periodistas muertos, hostilizados o atacados a tiros, mejor ni hablamos ahora.

Artículo 19 analiza el mecanismo sin reglas del gasto público en publicidad, difusión, propaganda o como se le quiera llamar:

“… Este fenómeno afecta directamente la libertad de prensa y el derecho a la información. La falta de regulación y la concentración del gasto en pocas empresas, tanto a nivel federal como estatal, permite a los gobiernos ejercer un control indirecto sobre los medios, condicionar su línea editorial y premiar la cobertura favorable. Al mismo tiempo, la discrecionalidad con la que se amplían los presupuestos, particularmente a nivel estatal, deja en evidencia que los gobiernos parecen priorizar su imagen pública sobre la información con fines de orientación social”.

Pero así como se cacareó el cerco informativo y al llegar al poder se rompió con quienes se atrevieron a saltarlo desde los medios tradicionales (Gómez Leyva, Rocha, Riva Palacio, Canal 13 y otros, como ejemplos), la prosecusión del control de la información y la opinión adoptó y forzó otro término: la infodemia.

“…La infodemia, sí, que también daña muchísimo, cuando menos confunde, por lo menos hace dudar (AMLO) bajo aquella máxima de que una mentira que se convierte… que se repite muchas veces puede convertirse en verdad (ahora como recurso propio).

“…Y el bombardeo de los medios. Ahora ya no tanto, esto es parte del cambio. Es que antes era impresionante. Todavía hasta hace 15 años… para los jóvenes y para los que hablan que las cosas no han cambiado; sí, muchísimo, mucho. Antes era un control absoluto de los medios de información y había mayor concentración de los medios de información, y en especial predominaba la televisión… imagínense, si el 80 por ciento se informa por un medio monopolizado, controlado, casi por entero por el Estado, hacían lo que querían; ahora no y

 en segundo ya están las redes sociales, que han venido creciendo, bastante… y en tercer sitio, la radio; que se estancó, pero que sigue siendo escuchada, sobre todo en el medio urbano…

“…Pero por eso es muy importante el que se hable sobre la información, la calidad, la veracidad de la información; se aclare, y esta sección tiene ese propósito… Nosotros lo padecimos en la oposición, se cerraban y silencio, nadie abría. Y cuando hablaban de nosotros era para golpear y campañas fuertísimas; ahora no, ya no hay cerco informativo, todos pueden manifestarse con libertad…”

Sin embargo esa aclamada libertad (pura hipocresía) ha dado lugar a cuatro grandes restricciones. La última con declaradas penas de prisión.

Una, los contenidos generados en el extranjero y prohibidos aquí por razones de “soberanía”.

Dos, la utilización de los “Derechos de las Audiencias” para sofocar a la Radio y la TV; tres, las limitaciones desde el Instituto Nacional Electoral manipulado por Morena, y ahora las leyes restrictivas con pretexto de la ley de Propiedad Industrial contra el aprovechamiento crítico de las herramientas digitales, conocidas como “Antimemes”. Censura pura y dura.

Esa conducta resulta ofensiva pero el abuso de poder ofende más cuando se gestiona desde la hipocresía de una imaginaria conducta democrática, plural y respetuosa.

La 4-T actúa como los perseguidos de la Inglaterra victoriana cuando los homosexuales callaban y vivían “el amor que no se atreve a confesar su nombre”.

La 4-T tampoco osa pronunciar el suyo: autoritarismo.