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elcristalazo.com

En junio de 2024, rodeado de sus intelectuales de caricatura en “El Chamuco TV”, Andrés López se comprometió a salir de su entonces cercano retiro selvático sólo para ayudar a México si hubiera una invasión o si doña Claudia (una giganta, dijo), se lo pidiera.

“¿Dejaría su retiro?”

–“No, si me pide que yo ayude en algo, ayudo; ahora sí que la patria es primero

–¿Si ella le pidiera que no se retire?”

–“No, no, no, no, no, ella sabe muy bien que yo tengo esa decisión tomada”.

Hoy, a muy pocos días de la declaración presidencial de igualdad entre ella y el ex presidente (somos lo mismo, el mismo proyecto dijo CSP casualmente en Tabasco), el señor de Palenque ofrece en una carta algo muy similar a lo dicho el pasado lunes por la presidenta: Trump es inocente de toda intención en contra nuestra.

Pobre ingenuo, lo engañan, casi como los malos priistas hicieron con Ignacio Ovalle para cometer juntos el fraude mayúsculo de Segalmex. Así mismo.

Después del ignífugo discurso del domingo según el cual la patria esta al peligro de intervenciones electorales y de otro tipo, sometida a presiones insólitas del robotizado extranjero, a través del acoso judicial sin pruebas contra buenos mexicanos, el lunes CSP disculpó al presidente Trump (no se vaya a molestar) y responsabilizó del clima hostil a la “ultraderecha” americana sin detallar quiénes la conforman, cuántos operan en favor de tan siniestra ideología ni cómo se puede probar la inocencia trumpiana en esos afanes de expansión y dominio.

Ahora, alentado por la molicie y el ocio, acompañado por doña ociosidad quien suele ser mala consejera, el señor de Palenque sale con un rollo indigno: por el bien de todos que vuelva el Trump de antes.

¿El de antes? ¿El domador de la cancillería?¿El constructor del muro contra migrantes? ¿El racista para quien los mexicanos somos violadores, ladrones y traficantes?

O quizá prefiera al caudillo de la rebelión contra el Capitolio, la convocatoria al golpe de Estado y la ruptura del orden constitucional estadunidense en la victoria electoral de Joe Biden.

Posiblemente el ex presidente añore al Trump delincuente declarado culpable en los tribunales americanos por una treintena de faltas graves o al cliente de Stormy Daniels quien desvió los fondos republicanos para pagar un silencio de puta sobornada sin siquiera lograrlo.

Lo único real ahora son las propias palabras del entonces presidente de México. Frases nacidas de su sumisión e inferioridad.

¿Cuáles? Estas:

–“Usted no ha pretendido tratarnos como colonia, sino que, por el contrario, ha honrado nuestra condición de nación independiente. Por eso estoy aquí, para expresar al pueblo de Estados Unidos que su presidente se ha comportado hacia nosotros con gentileza y respeto…

“(18.8.20) Previamente a una cena que el presidente Trump celebró en honor a Andrés Manuel López Obrador y su comitiva, en un mensaje conjunto en el Cross Hall de la Casa Blanca, el Ejecutivo de México (El Universal) insistió en que fallaron los pronósticos de aquellos que pensaron que se pelearía con Donald Trump, porque son “amigos” y lo seguirán siendo.

“…Somos países, somos pueblos vecinos, hermanos que queremos mantener buenas relaciones, en lo económico, comercial, social, cultural y ese es el propósito de esta visita que, como lo dimos a conocer a mediodía, es el comienzo de una etapa nueva”.

Obviamente el alborozo pueblerino de sentirse cerca del primer mundo, por primera vez en su vida, nubló en aquella ocasión el juicio del ex presidente.

Ahora quizá su vista se empañe por el interminable empeño de permanecer en la escena, de sentirse o saberse indispensable, mal cuya gravedad casi siempre afecta la conducta de los políticos abrumados por la nostalgia.

Ya no es suficiente la insistencia cotidiana a través de llamadas y mensajeros.

Ahora, en menos de tres días, aparece para respaldar a su junior o intervenir en medio de una crisis en las relaciones con Estados Unidos, nada más para agregar un nuevo componente al disturbio sin reparar en el origen de los conflictos: su política y sus designaciones, porque para nadie es un secreto el origen de los gobernadores señalados por los Estados Unidos ya sea directamente o a través de sus siempre dóciles medios de información.

Todos (Rocha Moya (Mayo); Américo Villarreal, Alfonso Durazo) provienen de su establo. Y hay más en Guerrero, Michoacán, Chiapas, Oaxaca…

En julio de 2024, todavía en el Palacio Nacional, Andrés López le envió otra carta a Trump.

“…quiero aclararle con sinceridad y respeto dos asuntos que usted abordó en la reciente Convención del Partido Republicano.

“El primero es su opinión sobre que los migrantes son “invasores” y “¿maleantes?”, y que, de ganar la Presidencia, cerraría desde los primeros días de su mandato la frontera con México. Entiendo que usted está en campaña y que no es -como algunos piensan- un obcecado; por eso mismo considero importante señalarle que es tan intensa y extendida la integración económica entre nuestras naciones que tomar una medida de esa índole sería equivalente a convocar a una rebelión en ambos lados de la frontera por los daños que causaría a los pueblos, a la industria y al comercio…”

Lo anterior es un monumento al bla, bla, bla…

Antes de la carta ya México había puesto una barrera de militares en el camino de los migrantes para evitar su llegada a Estados Unidos. A esa movilización de 10 mil efectivos –antes de ser expulsado del paraíso cuatroteista (entre otras cosas por esa crítica)– Porfirio Muñoz Ledo la había denunciado como “un oscuro favor” hacia ese país.

Ahora, con la muleta desde el callejón, haciendo política sin riesgo ni responsabilidad o representatividad formal (convertido en un referente por su propio deseo), el señor Andrés diagnostica:

“… algunos funcionarios de Estados Unidos “están tramando debilitar a Morena y fortalecer a la oposición de derecha” con el objetivo de “disponer de un gobierno entreguista, corrupto, mafioso y cruel y, por lo mismo, vulnerable, subordinado y fiel a sus designios intervencionistas (¿ya salimos del CCH?).

“Además, confían en que podrán engañar de nuevo a muchos ciudadanos estadunidenses con la táctica propagandística hitleriana de repetir y repetir mentiras, con miras a las próximas elecciones de noviembre, para seguir culpando a México de todos y cada uno de sus males”.

Pero por si fuera poco lo siguiente revela un notable deterioro mental:

“…atribuyo el sorprendente cambio de Trump a sus falsos amigos y consejeros internos y del exterior que lo han estado embarcando en viles y siniestras aventuras.

“Por lo mismo, no descarto –y deseo– que el presidente Trump rectifique; ojalá que vuelva a gobernar como antes, con entusiasmo, de manera personal, no delegando lo fundamental, confiando en su juicio práctico y en su instinto certero, y que mande al carajo a las rémoras que lo rodean y azuzan, trátese de quien se trate, sean paleros, manipuladores, caciquillos, vividores, ladrones, polizontes, tinterillos, especuladores, filibusteros, potentados, trepadores o malvados…”

Sólo le faltaron las tepocatas y las víboras prietas.

“… Aunque reitero (dice en otro párrafo de su no solicitada misiva), nada de ello es novedoso y la prepotencia siempre suele ser predecible, sobre todo en épocas de decadencia».

Esta última línea resulta reveladora.

¿A cual decadencia se refiere? ¿A la del gobierno de Trump, al sistema capitalista; a la de Occidente –como decía Spengler– o a la nuestra?

Parece más otro acto fallido. No ofrece un diagnóstico serio. Es quizá un equívoco remate para un papasal mal peor concebido y de rústico estilo.

Mientras, en el mundo real, los elegidos comen filetes cubiertos con hojas de oro en los tiempos estelares de la Cuarta Transformación.