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La política es, en muchos casos, como un juego de trompos donde bailan varios que chocan entre sí y se golpean fuertemente; se raspan, se astillan, se quiebran las puntas, saltan chispas de madera y algunos salen hasta raspados pero impunes.

Y así está el baile político en estos días donde los “jugadores pequeños” se rebelan y se confrontan con los “grandes” para no ser sacados del juego.


¿A quiénes nos referimos? A dos jugadores, dos “franquicias políticas” o “partidos satélite” que han crecido y mantenido su registro electoral a través de alianzas con el PRI, el PRD, Convergencia, el PAN y finalmente con Morena.


Se trata del Partido del Trabajo (PT) y del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) que son controlados por familias y han prosperado y sobrevivido a la sombra de partidos dominantes.


El PT, desde que se fundó en 1990, ha tenido como su principal y eterno dirigente a Alberto Anaya Gutiérrez, conocido como “El Profe”. Uno de sus principales apoyos ha sido su esposa María Guadalupe Rodríguez Martínez, acusada de encabezar una red que desvió 100 millones de pesos destinados a la operación de 17 Centros de Desarrollo Infantil (Cendis) en Nuevo León.


Integrado en su origen con organizaciones políticas de izquierda, el PT ha sostenido alianzas con otras fuerzas en el ámbito nacional y estatal como el PRD, PRI, Convergencia y partidos locales.


Uno de sus objetivos ha sido sobrevivir, conservar el registro y tener prerrogativas millonarias aunque se tenga que aliar con la derecha o la izquierda.


¿Y qué decir del PVEM? Se fundó en 1986 por Jorge González Torres y sigue bajo el control de su hijo Jorge Emilio González Martínez, el llamado “Niño Verde”, aunque haya tenido otros dirigentes.


Los Verdes fueron aliados del PAN en 2000 para la victoria de Vicente Fox; en 2006 apoyaron a Roberto Madrazo, candidato presidencial del PRI y en 2012 hicieron suya la candidatura del priista Enrique Peña Nieto.


Para 2018 fueron con otro candidato del PRI: José Antonio Meade, quien perdió la elección presidencial ante Andrés Manuel López Obrador. Entonces el “partido del Tucán” tuvo su mayor descalabro y buscó otra alianza que le redituó la mayor rentabilidad política en toda su historia.


Llamado el “Rey del Oportunismo”, el Verde se sentó a la mesa de Morena con el consentimiento de AMLO –no más faltaba- y apoyó la candidatura presidencial de Claudia Sheinbaum Pardo en 2024.


Con ello aumentó su presencia política en el escenario nacional con casi 5 millones de votos. Tiene dos gubernaturas: Chiapas y San Luis Potosí (que busca mantener así sea a través del nepotismo). Además representa la tercera fuerza en la Cámara de Diputados.


Se convirtió, junto con el PT, en un aliado estratégico de Morena, de la alianza “Sigamos Haciendo Historia” o del conocido “Bloque de la Cuarta Transformación” que hoy asoma grietas, encontronazos y rupturas por la Reforma Electoral.


¿En manos de quién?


La presidenta Sheinbaum anunció que el martes presentará públicamente su propuesta de Reforma Electoral cuya confección encargó a una Comisión Presidencial integrada por morenistas y funcionarios de su gobierno encabezados por Pablo Gómez quien, de entrada, descalificó propuestas y cuestionó la autonomía (o lo que queda) del Instituto Nacional Electoral (INE).


En la propuesta oficial se ha planteado reducir los plurinominales o cambiar la fórmula para su elección; “adelgazar” al INE con la reducción de presupuesto en áreas clave para la organización de elecciones y disminuir las prerrogativas económicas a los partidos.


Desde que inició la discusión pública, opositores al régimen calificaron la propuesta oficial como “Ley Maduro” o “Ley de la Vida Perpetua” al advertir que eliminar plurinominales y reducir presupuesto busca la extinción de los partidos opositores.


Pero la reacción más dura y condicionada ha venido de los aliados políticos de Morena.


Liderazgos del PT y el Verde advierten que no votarán a favor de la iniciativa presidencial. Que no hay nada amarrado porque la Reforma pone en riesgo su existencia.


Han sostenido confrontaciones verbales con liderazgos de Monera sobre todo al trascender que, en ese partido, hay quienes plantean no seguir compartiendo el poder con sus aliados.


Pero, como se dice coloquialmente, “los enanos la crecieron a la 4T”. Se le subieron a “las barbas” y depende de estos dos “partidos satélite” la aprobación de la Reforma Electoral, porque sin sus votos Morena no alcanza la mayoría calificada en el Congreso de la Unión para las modificaciones constitucionales que se requieren.


En un intento por acorralar a sus propios aliados, se ha dado la instrucción de que la iniciativa, así como llegue de Palacio Nacional, se apruebe por diputados y senadores de Morena.


Pero ¿en manos de quién está la Reforma Electoral para mejorar la democracia en México?


Ya veremos si el PT y PVEM ceden, la aprueban y a cambio de qué. Ya veremos si las pirinolas caen en Toma Todo o se quedan sin nada.

castroclemente@gmail.com
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