![]()
¿En qué cara cayó la pirinola para que el fracking dejara de ser pecado mortal; para que el gobierno actual se distancie de “Abrazos no balazos”y para descongelar las relaciones con España?
En los pasillos de Palacio Nacional y en corrillos políticos se comenta que la presidenta Sheinbaum ya entendió que muchos dogmas sirven más como consigna electoral que como política pública real. Gobernar implica lidiar con la realidad, no con slogans. El verdadero soberano no es el que grita “México no se vende”, sino el que logra que las luces no se apaguen y que la gasolina no cueste un riñón.
Si es cierto el trascendido de que “ya le caló” la influencia excesiva de su antecesor y sus cercanos, Sheinbaum ha comenzado a desmontar, sin estridencias, varios de los tabúes sagrados del obradorismo. Ya se distanció del penosamente célebre “Abrazos no balazos” sin declararlo muerto. No se derogó, pero se fue archivando en la práctica.
Ahora desmonta, sin anunciarlo como ruptura, dos de los dogmas más demonizados del sexenio pasado el fracking (rebautizado como “explotación sustentable de yacimientos no convencionales” con “nuevas tecnologías de bajo impacto”) y las relaciones con España.
Sheinbaum lo hace con lenguaje técnico, envuelto en el discurso de soberanía y “continuidad 4T”. Pero en los hechos va sustituyendo el dogma por la realidad mediante un pragmatismo de contrabando: entra por la puerta trasera del discurso obradorista y avanza en voz baja mientras el discurso cuida las formas del pasado.
En política exterior el deshielo también es evidente. La relación con España enturbiada por la exigencia de disculpas históricas a la Corona, comienza a descongelarse.
La próxima visita de Sheinbaum a Barcelona el 18 de abril para la cumbre de líderes progresistas ya es leída por la prensa española como un acelerador del deshielo.
La pregunta que queda en el aire es si Sheinbaum se atreve a cambiar de pista sin pedir permiso expreso al pasado. Porque una cosa es ajustar el rumbo con cuidado y otra muy distinta es reconocer que el tablero ya cambió.
Ahí está su gran oportunidad: dejar de administrar las contradicciones heredadas del ex presidente Andrés Manuel López Obrador y convertir ese pragmatismo de contrabando en un proyecto con nombre propio.
El riesgo no es que el trompo se caiga. El riesgo es que siga girando eternamente en el mismo lugar.
¿Limpieza o purga?
La presidenta Sheinbaum abrió la puerta a la revocación de mandato para jueces, magistrados y ministros. Actualmente pueden ser sancionados o removidos por el Tribunal de Disciplina Judicial en casos graves.
“El pueblo manda”, dice la mandataria. Si le toman la palabra, por fin se podría limpiar el Poder Judicial de improvisados, activistas ideológicos y tinterillos de barandilla que se colaron a través de la elección del acordeón.
Pero cuidado con el trompo. Porque la misma herramienta que promete barrer “fanáticos del obradorismo” y deudores de favores, también puede servir para meter más de lo mismo.
¿O creen que Morena va a dejar que lleguen a la Corte y al TEPJF verdaderos juristas independientes, en lugar de leales que interpreten la Constitución como más les conviene?
Preservar a la especie humana
La misión Artemis II y el regreso de la cápsula Orion Integrity no fue una salida más al espacio. Fue el primer vuelo tripulado más allá de la órbita baja de la Tierra en más de medio siglo.
Durante casi diez días, los astronautas probaron en carne viva los efectos reales de la radiación, la distancia y la soledad en el espacio profundo. No se trató solo de plantar banderas o tomar selfies lunares. Fue un paso concreto hacia la preservación de la especie humana como civilización multiplanetaria.
Mientras la Tierra sigue vulnerable a riesgos que no controlamos -asteroides, pandemias, guerras o colapsos climáticos-, la Luna se convierte en el campo de entrenamiento perfecto para dar el salto mayor: apuntar a Marte y sembrar vida donde solo hay polvo y silencio.
X: @castroclemente castroclemente@gmail.com
Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y responsabilidad absoluta de los autores
