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NÚMERO CERO/ EXCELSIOR
¿Sheinbaum sabía de la detonación que preparaba Scherer? nunca se sabrá, pero no puede permanecer apartada para evitar involucrarse en hechos que manchan a su partido y al gobierno por el costo de la impunidad y la división. Y que no son el único riesgo de fractura, también está la rebelión de aliados en defensa de heredar cargos populares o despidos que levantan revuelo de acusaciones de traición al obradorismo como Marx Arriaga.
Morena se ha sostenido por sus dos liderazgos populares fuertes en la Presidencia y una sólida unidad ideológica, además de reparto de cuotas de poder entre grupos, pero no es un monolito como enseña la guerra de lodo interna; así como el desafío del Verde con la candidatura en SLP o Saúl Monreal de suceder a su hermano en Zacatecas.
“Ves la tormenta y no te hincas”, ha dicho Ricardo Monreal sobre las ambiciones de su hermano. Junto con otras reivindicaciones personales y ajustes de cuentas expresan el debilitamiento de lealtades internas y dan paso a la fragmentación por cálculos electorales que se imponen sobre acuerdos con sus socios del PT y el Verde como factores decisivos en la reforma electoral.
La concentración de poder ha sido un imán para mantener unido el mosaico de posiciones ideológicas, personalismos y lealtades de grupos heterogéneos en Morena. Pero también acelera el desgaste del ejercicio del gobierno soportado en un movimiento con poca institucionalidad y cerrado, refractario a la crítica y polarizado a su interior; cuyas divisiones pueden disimularse ante sublevaciones o ataques directos entre correligionarios que se acusan como enemigos.
La Presidenta ha podido campear los temporales con su mando fuerte y formas no disruptivas ni confrontativas, incluso acomodaticias al gusto ajeno en iniciativas contra el nepotismo que socavan sus aliados o de ver a la impunidad pasearse sobre los lomos del combate contra la inseguridad y huachicol cuando sus ramificaciones políticas pueden resquebrajar la unidad interna. Pero sus esfuerzos han sido insuficientes para evitar que crezca el enfrentamiento y conduzca hacia un mayor desorden, incluso a pesar de consolidar su liderazgo y de desprenderse de herencias insostenibles.
Los escándalos le han servido para dejar de lado piezas improductivas como el fiscal Gertz, que arriesgan su estrategia y hasta la relación con EU en seguridad, y apartado figuras incómodas a pesar de la cercanía de Adán Augusto con López Obrador. Sheinbaum no tiene el liderazgo indiscutido de éste para disciplinar e imponer el orden en Morena, pero converge con su antecesor en la defensa del proyecto, aun si crecen tensiones y desacuerdos entre ellos.
Pero la crisis que genera la confrontación y división tiene un significado más profundo. Que se hunde en el discurso y avance de la ultraderecha sobre los gobiernos de izquierda en la región con ataques directos que Trump propina a México; y tienen eco en sectores opositores que se cuelgan de sus críticas para empujar lo que no alcanza la oposición interna.
A la Presidenta no le conviene que crezca la fragmentación en Morena, pero es menos claro cómo restaurar el orden, y menos si permanece como desde afuera para ganar espacio y tiempo, quizá hasta la elección intermedia, aunque sin ignorar el problema. Porque los escándalos de corrupción terminarán por afectar a su gobierno y abrir mayores flancos ante la belicosidad de la lucha ideológica internacional. © 2025 Imagen – Excélsior. Todos los derechos reservados. El contenido de este sitio y de la edición impresa está protegido por la Ley Federal del Derecho de Autor. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización previa y por escrito. El material de terceros conserva sus propios derechos.
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