COMPARTIR

Loading

NÚMERO CERO/ EXCLELSIOR

Las reacciones recientes de la Presidenta dejan claro que el momento ya no es sólo evitar otro choque con EU, sino el de asumir un escenario de fracturas expuestas y definiciones estratégicas. Claudia Sheinbaum parece haber llegado a la conclusión de que el T-MEC no sobrevivirá en las condiciones actuales. Por más que México ceda en distintos frentes, carece del peso necesario para contrarrestar la nueva lógica de seguridad económica de la política comercial de Washington.

La paciencia y serenidad con que intentó administrar las exigencias de Trump parecen haberse agotado en el Monumento a la Revolución. El endurecimiento del discurso y el paso hacia una confrontación directa con EU, no obstante, entraña riesgos. Puede terminar de atrapar a Sheinbaum en las narrativas de la guerra contra las drogas de Trump y debilitar más la posición negociadora de México. La utilización de expedientes y acusaciones disponibles en archivos judiciales estadunidenses para sostener la idea del “narcogobierno” adquiere fuerza en la percepción pública, sobre todo ante la reticencia de las instituciones mexicanas de investigar el caso Rocha Moya, pese a las obligaciones derivadas del propio tratado de extradición bilateral. En ese contexto, el discurso soberanista contra el intervencionismo de Washington pierde credibilidad por percibirse como coartada para proteger a políticos de Morena señalados de presuntos vínculos con organizaciones criminales.

Ésa es la verdadera moneda de cambio del momentum de la relación bilateral. Por un lado, Trump utiliza el poder de expedientes judiciales como instrumento de presión sobre las élites gobernantes mexicanas. Por otro, el gobierno de Sheinbaum es incapaz de impedir que Washington imponga su nueva visión sobre el futuro acuerdo comercial, como ha reconocido el secretario Ebrard. Incluso persisten dudas sobre las intenciones reales de Trump de preservarlo.

La incertidumbre se refleja también en los tiempos de la negociación. El calendario ya se extendió más allá de la fecha prevista para alcanzar un entendimiento y EU mantiene en reserva su posición respecto al periodo de renovación. México y Canadá han comunicado formalmente su intención de extenderlo por otros 16 años e insisten en los beneficios que ha generado para las tres economías, aunque también aceptan la posibilidad de abrir negociaciones paralelas sobre aranceles. Washington, en cambio, ha optado por la discreción, aunque debió ya de informar al Congreso sobre su disposición de conservarlo y los plazos. Desde hace tiempo, además, Trump ha defendido revisiones anuales para ir evaluando el déficit comercial como tema clave de seguridad nacional.

La subordinación del T-MEC a esa lógica de seguridad económica implica mantener aranceles, endurecer las reglas de origen para incrementar el contenido estadunidense de los productos, asegurar materias primas para sus cadenas de suministro estratégicas, incentivar la relocalización de empresas hacia su país y reforzar barreras frente a Asia. Para México, representaría un mal acuerdo, aunque el consenso defiende que sería peor cancelarlo. La renegociación ocurre, además, en un contexto político muy complejo. Tanto Sheinbaum como Trump enfrentan escenarios electorales difíciles en sus países y tienen parte de su capital político comprometido en el resultado. Sheinbaum ha recurrido a la retórica nacionalista y las estrategias electorales del obradorismo para fortalecer su posición interna. Sin embargo, corre el riesgo de que la oposición capitalice un eventual fracaso de la negociación mediante el discurso de que el gobierno protege a políticos vinculados al narcotráfico. Por ahora, la narrativa impulsada por Trump, respaldada por sectores opositores internos, gana terreno en la opinión pública.

A Trump tampoco conviene finiquitar el acuerdo. El control económico y estratégico del hemisferio occidental ocupa un lugar central en su concepción de la seguridad nacional  de EU. Pero la escalada de tensiones entre ambos gobiernos, que ha llevado la relación a niveles inéditos de tirantez en la historia reciente, podría desencadenar consecuencias imprevisibles y difíciles de revertir para ambos países.