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El informe envido por la secretaria de Hacienda al Congreso de la Unión es reveladora en cuanto lo que sucede al interior del país y nos adelanta que la economía mexicana prácticamente se mantiene estancada durante lo que va de este año.
Si consideramos que el 2025 cerró con una dinámica un poco sorprendente, los primeros meses de este año serán de decepción.
De acuerdo con lo informado las importaciones de bienes de consumo no petroleros y de bienes de capital, que son la mejor aproximación a la demanda interna, crecían casi al 6 por ciento el último trimestre del año pasado. En enero no llegaron al 4 por ciento, y en febrero prácticamente no crecieron. Esto explica la caída en recaudación en IVA y en impuesto a importaciones.
Si comparamos el 2025 con este año, en los primeros dos meses del año anterior se presentó un incremento de recaudación del IVA de 20 por ciento y el impuesto a importaciones de casi 50 por ciento, para este año se reportan una caída de 9 y 7 por ciento respectivamente.
Esto muestra que hubo una menor actividad económica la cual pega en la recaudación no sólo en los impuestos mencionados, sino también en el impuesto sobre la renta, cuyo crecimiento fue reducido en los primeros dos meses del año, a lo que se sumó una caída en los ingresos petroleros.
Todo esto por supuesto se refleja en un menor crecimiento de los ingresos totales que impactan en el gasto público que para este inició de año reporta una caída de casi 40 por ciento contra los primeros dos meses de 2025.
Pero aun cuando los acontecimientos externos, como la guerra en Irán puede incrementar un poco los ingresos petroleros, por el mayor precio del crudo, pero reducirá la recaudación del impuesto especial a combustibles, porque el gobierno federal ha decidido que no habrá incrementos en precios de gasolina y diésel. Esto en el corto plazo también será un impacto probablemente negativo, debido a que consumimos más combustibles que el petróleo que producimos. Esto obligará a un mayor recorte en inversión, provocando una caída en la economía, que llevará a menor recaudación.
Si a esto sumamos que se ha destruido la confianza en la inversión privada en nuestro país, la situación de las finanzas públicas no están halagadora. Por tanto y si se mantiene este ritmo el deterioro de la infraestructura seguirá incrementándose y podemos seguir perdiendo oportunidades captar mayor inversión privada.
Lo difícil será revertir esta situación si no se aplican políticas públicas que permitan atraer esas inversiones, que se mantienen expectantes ante las decisiones del Ejecutivo y del Legislativo, sobre todo, en lo que respecta al Estado de derecho, la inseguridad y la corrupción, que son factores hasta ahora no muy positivos para el país.
Hace falta voluntad política para ir desterrando esos males y si se logra hacer, el camino del país podría variar hacia rumbos positivos.
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