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NÚMERO CERO/ EXCELSIOR

El ruido por el tronido de estructuras políticas se cuela en la vida sindical con inestabilidad y transformaciones impredecibles. La mayor central obrera del país, la CTM, pasa por momentos críticos para su supervivencia en la sucesión en su dirigencia, aunque hace tiempo ya no es lo que era. La línea sucesoria inalterada de su fundación, en 1936, cobijó una gerontocracia de caciques sindicales que permanecía en el cargo hasta su muerte. Ahora, en tiempos de cambios tecnológicos profundos y rupturas políticas, se abre la posibilidad de una renovación generacional que sacuda su funcionamiento burocrático y esclerotizado; pero también con riesgo de fractura o de que, otra vez, sea la cúpula la que negocia una planilla de unidad… es decir, muerte por inanición.

¿Puede haber democracia sindical sin empezar por su dirigencia? La duda no es retórica, por el contrario, ayuda a explicar porqué desde la reforma laboral de 2019 más de 120 mil contratos colectivos yacen abandonados y muy pocos legitimados por el voto de los trabajadores, como ofrecía la democratización sindical. El retiro voluntario e inédito de Carlos Aceves lanza a la CTM por primera vez a una lucha por la dirigencia en una confrontación interna con repercusiones para la estabilidad económica y el futuro sindical. Una prueba mayor para un modelo sindical anacrónico que siempre operó bajo la línea de un jefe máximo en el PRI o en el gobierno. Pero que conserva la fuerza de representar 50% de los contratos colectivos de más de 5 millones de trabajadores sindicalizados en el país, aunque apenas correspondan a 22% del total de asalariados. El proceso es relevante para los nuevos esquemas laborales que trajo el T-MEC y el desafío de la IA en la transformación laboral. La nueva dirigencia está obligada a la renovación para recuperar la confianza de los trabajadores o aceptar una muerte lenta, como las iglesias cuando se quedan sin feligreses. La sindicalización está estancada y más de 70% de los contratos de empleo formal son de confianza, contrario a las expectativas de la reforma.

Los augurios de primavera laboral palidecen con la caída de 11% del personal ocupado en la economía formal desde 2018, mientras crecen las remuneraciones. ¿Qué plantean los sindicatos ante la mayor informalidad? Poco, ya antes fueron irrelevantes en la defensa del poder adquisitivo o la pelea por el salario mínimo alineados a los gobiernos neoliberales.

Pero el mayor riesgo es la fragmentación por las impericia y falta de experiencia entre los candidatos para llegar a acuerdos que no bajen de las cúpulas. Ese escenario sería mala noticia para el gobierno de Claudia Sheinbaum porque quedaría sin interlocutor fuerte en el mundo del trabajo y débil en ese apartado de la negociación del T-MEC.

Los vientos de renovación hallan al sindicalismo tradicional vulnerable por el desajuste de sus estructuras con nuevas reglas de la democracia sindical. Apenas en 2024 rompió con las ataduras que mantuvo durante 89 años con el PRI ante el derrumbe del partido y desacuerdos con los cambios estatutarios de Alito Moreno para reelegirse en la dirigencia; lo que liberó a la CTM para impulsar candidaturas con otros.

De hecho, el aspirante más visible, Tereso Medina, secretario general de la Federación de Coahuila, ha contado con una trinca que incluye el respaldo abierto del gobernador priista Manolo Jiménez y empresarios del norte. Su discurso, igual que el de otro aspirante fuerte, Fernando Salgado, actual secretario general y el más cercano a Aceves, promete un nuevo tipo de liderazgo y saldar la deuda de la independencia de los partidos y transparencia sindical. Ambos han hecho su carrera en las estructuras cetemistas, razón por la cual su primer desafío será probar su compromiso con respeto al voto libre, directo y secreto; aunque el proceso ya cruza por acusaciones de manipulación electoral, injerencia de empresarios y hasta la intervención de la hija de Aceves.