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En los próximos días y meses, el poder legislativo, principalmente los diputados federales, discutirán, posiblemente modificaran y aprobaran el Paquete Económico para el 2022, principalmente en el rubro que corresponde al presupuesto de egresos que está encaminado a saber el destino de los recursos públicos para generar la riqueza suficiente que permita a México mantener un crecimiento por encima del 4 por ciento.
Hasta el momento todo indica que el rumbo del sexenio seguirá siendo el mismo, basado en una política de austeridad y ahorro, es decir la economía mexicana se seguirá moviendo con la inercia de la economía mundial, principalmente de la de Estados Unidos.
Esto en caso de que los legisladores no modifiquen el presupuesto de egresos que envió el gobierno federal a través de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).
Lo anterior lo apuntamos porque es el mismo López Obrador que ha señalado reiteradamente que ya cumplió prácticamente la totalidad de los compromisos prometidos, por lo que la ruta económica, política y social tiene ya su rumbo definido, nada de cambios, porque vamos bien
Entonces seguiremos observando que el mayor gasto del presupuesto estará encaminado a terminar las obras monumentales que tiene este gobierno federal, el Tren Maya, la refinería Dos Bocas y el aeropuerto Felipe Ángeles, lo que dejara afuera otras obras o proyectos de infraestructura, que podrían opacar a estas obras.
A parte de las mega obras, se estarán incrementando los recursos destinados a los programas sociales, que servirían de mucho para poder enfrentar los comicios del 2024 con tranquilad, sabiendo que el otorgar migajas a la población recibirá a cambio el beneficio del voto para el candidato de Morena y sus aliados a la presidencia de la República.
A esto se agregará con la apuesta que ha invertido López obrador de rescatar a Petróleos Mexicanos (PEMEX) y de paso “recuperar” el sector energético en general que había “perdido” México en manos de los neoliberales.
Solo restan tres años, para culminar este sexenio que y posiblemente el sector privado en nuestro país, no buscará anunciar grandes inversiones porque saben que de hacerlo, al día siguiente o en cuestión de horas, López Obrador podría cambiar las reglas, regulaciones y organismos reguladores, amén de los contratos que se puedan establecer para evitar que las intenciones perversas de la iniciativa privada de incrementar sus ganancias perjudiquen y hagan “ambiciosa” a la clase media del país, menguada en los ultimaos tres años.
En lo que respecta al plano político, las circunstancias son similares, solo se abocará a lo que crea que es pertinente, excluyendo otras ideas.
Entonces, los legisladores de oposición y la oposición en general deberán de analizar de manera importante sus decisiones, con el objetivo de evitar seguir siendo descalificados cada mañana, donde no tienen derecho de réplica y donde se analizan las cosas desde un solo sentido, el que le conviene al titular del poder Ejecutivo.
México ha caído en un juego donde lo más importante es lo que le interesa a una persona dejando de lado los intereses de todos, por lo que esperemos que este sexenio culmine sin más sobresaltos, políticos, económicos o sociales y empecemos a analizar si es conveniente o no un nuevo cambio de rumbo a partir del 2024.
