COMPARTIR

<< La soprano Luz Angélica Uribe y el pianista Héctor Cruz interpretaron música del compositor italiano

Más de 150 espectadores de “Xico. Senado es cultura” se adentraron en el universo musical del compositor italiano Antonio Vivaldi, quien nació en Venecia, en 1678, y es considerado como uno de los más destacados músicos de la época barroca.

La presentación de la noche del viernes, 17 de julio, “Alejo Carpentier. Concierto Barroco” es una propuesta del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), que conjunta la música de Antonio Vivaldi con la célebre novela homónima del escritor cubano Alejo Carpentier y Valmont.

El recital comenzó con “Cum dederit”, de “Il petre rosso», el padre rojo -apodo con el que se conocía a Vivaldi, por su cabellera pelirroja y porque era clérigo-, pieza que se caracteriza por los movimientos musicales emotivos y sensibles.

La soprano Luz Angélica Uribe compartió con el público que el nombre de esta composición significa “Él da el sueño a sus amados” o “Colma a sus dilectos en su sueño”, que pertenece a un texto bíblico.

El repertorio también incluyó “Un certo non so che”, pieza que forma parte de la ópera Arsilda, regina di Ponto, que se estrenó en 1716 en Venecia, el fragmento de esta obra trata de describir la confusión emocional que existe ante los primeros e inexplicables síntomas del enamoramiento.

Con el acompañamiento de Héctor Cruz en el piano, se entonó “Sposa son disprezzata”, que pertenece a la ópera Bajazet, a cargo del personaje de Irene, quien es traicionada por su prometido justo antes de casarse, por lo que se siente despreciada.

“Un raggio di speme”, “Poveri affetti miei” y “In furore” fueron parte de las composiciones que el público de la Antigua Casona de Xicoténcatl pudo disfrutar, y que amplió su panorama de la música y obra de Antonio de Vivaldi.

Luz Angélica tomo la palabra para compartir con los asistentes datos biográficos del italiano, entre ellos, que Vivaldi sufrió de asma, y muchas veces tuvo que abandonar la iglesia cuando oficiaba misa debido a sus frecuentes ataques por la enfermedad.

Además, que en 1737 fue acusado de ser un sacerdote que nunca daba misa, a lo que respondió con una carta dirigida al Obispo Bentivoglio en la que confirmó que su ausencia por 25 años en dicha actividad religiosa se debía a su padecimiento desde la infancia y no por causa de prohibición; destacó que el rey Carlos VI, lo nombró caballero en 1728.