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Hay un trompo que no gira en el núcleo de la Reforma Electoral que se cocina. No existe, por ahora, una propuesta integral, clara y de gran alcance que logre el objetivo de “cero narco en las elecciones”.
Corren ríos de tinta sobre el tema de los plurinominales, los dineros a los partidos, la (no) autonomía del INE y las grietas en la alianza de Morena y sus satélites el PT y el PVEM.
¿Y el narco Apá? Pues nadie, ni el oficialismo ni la oposición con presencia en el Congreso de la Unión han llevado a la mesa un proyecto sólido para frenar la influencia y penetración de los cárteles del narcotráfico en los procesos electorales.
Sólo generalidades, planteamientos aislados, pero nada que forje, ante las circunstancias actuales, un entramado legal que anule y reponga los resultados de una elección cuando existan evidencias de que la delincuencia influyó en los resultados de unos comicios.
Los defensores y promotores de la propuesta oficial que impulsa el gobierno de Claudia Sheinbaum podrían argumentar que sí hay planteamientos para reforzar el financiamiento electoral con la finalidad de evitar el ingreso del dinero ilícito.
Desde la oposición, la presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán, podría defender su “Decálogo para la Reforma Electoral” en el que propone la pérdida de registro de los partidos que reciban dinero del narco.
Sin embargo, todas las propuestas genéricas que se conocen no dejan de ser planteamientos indirectos.
No abordan la raíz del problema como el control territorial y la violencia en el ámbito municipal y estatal del crimen organizado.
Sí, todos dicen: “urge blindar los comicios”, pero no hay, insisto, una propuesta tajante de ley, ni se habla de protocolos de seguridad o colaboración con fuerzas federales para proteger comicios y candidatos.
¿Y qué se dice de la protección y vinculación de políticos y gobernantes con grupos criminales? Sólo acusaciones mutuas.
¿Cómo sobrevivir?
Desde el oficialismo se prioriza la austeridad, eliminación de plurinominales y centralización de órganos electorales, pero ojo con estas pirinolas. Llevar a los partidos al austericidio los obligará, si la fiscalización falla, a buscar otras fuentes de financiamiento para sobrevivir.
Debilitar presupuestalmente al INE y desparecer los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLEs) también abrirá la puerta para que grupos criminales intervengan en todo el proceso electoral en las regiones donde tienen una alta presencia e influencia.
Luis Carlos Ugalde, ex presidente del (ex) Instituto Federal Electoral, advierte que “una reforma electoral que no aborde la penetración del crimen organizado en las elecciones es una reforma vacía y superficial”.
Todos, dice en un mensaje difundido en su cuenta de X, hablan de los pluris y “nadie pone el tema en la mesa ¿por qué?”.
Desafío para la democracia
El narco en las elecciones es un rompetrompos de grandes dimensiones que se ha convertido en uno de los más grandes desafíos para la democracia en México.
Los cárteles no sólo ponen y quitan candidatos por la vía de la intimación, la violencia y el asesinato. Controlan y gobiernan en varias regiones del país.
Según cifras de organizaciones civiles, consultoras de riesgo político y registros periodísticos, se estima que entre 2018 y 2024 fueron asesinados entre 100 y 150 aspirantes, precandidatos y candidatos a un cargo de elección popular.
Los registros indican que el proceso electoral de 2024 ha sido el más violento de la historia del país.
Aunque varían las cifras del oficialismo con las que aportan organizaciones como Integralia, Data Cívica, Causa en Común, Etellekt o Laboratorio Electoral, los número reflejan que los asesinatos se concentran en el ámbito municipal y estatal, donde el crimen busca control directo de alcaldías, policía local, obras y recursos.
Y todos pierden. Los asesinatos no sólo afectan a los partidos opositores. También a Morena y sus aliados.
Crece presión de EU
Especialistas advierten que ya existe un patrón de violencia político-criminal creciente para “controlar territorios, imponer candidaturas o eliminar oposición local”.
Por ello, si la iniciativa de Reforma Electoral que se presente formalmente en el Congreso de la Unión no le entra en serio al tema habrá una omisión de consecuencias fatales.
Sobre todo en un entorno donde la presión a México por parte de Estados Unidos sigue subiendo de tono con la exigencia de “resultados tangibles” en el combate a los cárteles de la droga y la entrega de narco-políticos.
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