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elcristalazo.com

Posiblemente en ningún otro campo sea más hilarante y a veces grotesco el desconocimiento mundano de nuestro señor presidente López Obrador como en las relaciones internacionales.

Su plan de Paz y su tonada reiterativa de la fraternidad universal, cuya simpleza no pasa más allá del enunciado feliz, mueven a muchos dirigentes del mundo real a levantar las cejas con pena ajena o a fingir una sonrisa de condescendencia ante un líder del profundo subdesarrollo latinoamericano, cuya emoción se desborda cuando quiere ingresar por la puerta de atrás a la sala donde se toman las decisiones de los grandes, en medio de contradicciones más grandes todavía.

Por ejemplo, ¿cómo es posible determinar desde un posición de autoridad jamás otorgada por nadie, como no sea por sí mismo, un plan mundial de paz basado en una tregua de cinco años (¿por qué no diez o tres?) en la cual les adjudica, por su sola voluntad, un trabajo pacificador al Papa Francisco, quien es el Jefe del Estado Vaticano y una encomienda al secretario general de las Naciones Unidas, mientras fustiga a esta agrupación planetaria con aquello de su pasividad, su adormecimiento y su condición decorativa?

Pues si la ONU es tan decorativa como nuestro embajador en ella, no tendría caso entonces, dictarle instrucciones al señor Guterrez, para activar un plan de tregua y paz, inventado por los internacionalistas de la 4T, y algún psiquiatra mal avenido con la realidad.

No reíamos tanto desde la oferta foxiana de unificar a las Coreas. Y ya de los desatinos colosales de Luis Echeverría en Medio Oriente, ni hablar.

Pero donde las cosas de plano se salieron de madre fue en el asunto de Ucrania. Esta fue la propuesta:

“…La misión pacificadora debe de buscar de inmediato (AMLO), el cese de hostilidades en Ucrania y el inicio de pláticas directas con el presidente (Volodímir) Zelenski, de Ucrania, y con el presidente (Vladímir) Putin, de Rusia… se trata de buscar con urgencia un acuerdo para detener la guerra en Ucrania y lograr hacia adelante una tregua de cuando menos cinco años en favor de la paz entre todas las naciones, para dedicar todo ese tiempo a enfrentar a los grandes y graves problemas económicos y sociales que aquejan y atormentan a los pueblos del mundo”.

Y esta fue la respuesta de los interesados, de quienes viven y sufren una tierra en la cual nuestro presidente jamás ha puesto un pie. Así hablan quienes saben de la guerra:

Myjailo Podolyak, asesor del presidente Zelensky, escribió textualmente:

“…Los pacificadores (peacemakers) que usan la guerra como tema para sus propias relaciones públicas solo causan sorpresa. López Obrador, ¿su plan es mantener a millones bajo ocupación, aumentar el número de entierros masivos y dar tiempo a Rusia para renovar las reservas antes de la próxima ofensiva? Entonces su plan es un plan ruso…”

Podolyak ha puesto el dedo en la llaga: cuando los demagogos no logran buenos gobiernos en sus países, les entra la ventolera de gobernar el mundo, o al menos aconsejar a diestra y siniestra.

Aquí no se resuelve la pérdida parcial de control del territorio a manos de la delincuencia ni se garantiza la seguridad en las carreteras, pero se quiere sacar al Papa de su muelle retiro en Castel Gandolfo para ocuparlo en los delirios de un “peacemaker”, como si Su Santidad estuviera atento y pronto a las encomiendas surgidas desde el Palacio Nacional de los Estados Unidos Mexicanos.

¡Cuánta soberbia!

Pero el colmo fue esta respuesta cuya furia se desbocará esta mañana cuando terminen con los precios de la gasolina:

“…Repito el discurso de la propuesta para lograr la paz alterada por la guerra de Rusia y Ucrania. Lo hago porque muchos no la conocen y otros la desechan debido a sectarismos o intereses de élite…”

O sea, Ucrania sufre por intereses de élite. Vaya.