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Se dice que no hay más ciego que el que no quiere ver y lamentablemente en México existen muchas personas que caen perfectamente en esto, aun cuando la percepción real es que a muchos mexicanos no les alcanzan los ingresos para cubrir sus necesidades básicas de alimentación y el pago de servicios, siguen pensando que estamos en un momento de relevancia.

La popularidad de Andrés Manuel López Obrador, en el aspecto político, no necesariamente significa que México tenga los niveles más altos en el mejoramiento de la calidad de vida de todos los mexicanos, porque aún tenemos problemas como altos niveles de corrupción y sobre todo niveles altos de violencia.

Es cierto que las administraciones anteriores dejaron algunos espacios totalmente hechos trizas, algo que el actual titular del poder Ejecutivo sabia, pero también señalaba cuales serían las soluciones para poder alcanzar crecimientos económicos del 6 por ciento.

Pese a ello México no ha logrado, en estos cuatro años, alcanzar crecimientos que permitan señalar que la desigualdad económica se ha reducido, al contrario, el número de pobres se ha incrementado y la falta de creación de riqueza, a partir de la creación de empleos, no se ha recuperado después de la pandemia del 2019 que afecto duramente en 2020, por lo que muchos de los ciudadanos ha migrado al comercio informal para obtener esos ingresos que complementen los gastos de la economía familiar.

Si nos concentramos en el aspecto de la seguridad nos daremos cuenta que está totalmente rebasada y el país mantiene altos índices de feminicidos, desapariciones forzosas y delitos dolosos además del aumento del “cobro de piso” en muchas poblaciones del país. Elementos que ahuyentan las inversiones y por ende el cierre de empresas y bajo economía condenando a mucha gente a la pobreza.

Si a esto sumamos que el respeto al Estado de Derecho también es violentado por el mismo gobierno federal, quien desconoce contratos y a través de decretos deja sin protección a inversionistas que aplicaron recursos para expandir y crear más empresas en el país.

También deberemos destacar que las políticas públicas encaminadas a fortalecer los sectores productivos en México brillan por su ausencia, y solo se aplican recursos para los proyectos de la llamada 4T, que mantiene bastante opacidad en el uso y cantidad de recursos.

Pese a ello, la resilencia de algunos empresarios ha mantenido al sector con vida, algo que ha evitado un ambiente totalmente adverso en el mercado laboral.

El sector exportador es quizás el que tiene números positivos, principalmente empujado por la recuperación del mercado estadounidense el país que aun muchos mexicanos siguen calificándolo como imperialista.

Si hablamos en la autosuficiencia alimentaria, México sigue aún muy lejos de ello, principalmente por los enormes recortes presupuestales que se han mantenido en rubro agropecuario, estos provocan que la producción de alimentos no sean suficientes y por ello seguimos importando granos, cuando antaño éramos productores de ellos, desperdiciamos tierras a favor del cultivo de frutos tropicales para crear unidades habitacionales, dejando con ello la oportunidad de poder exportar el excedente de estos frutos.

Administrar un país no es cuestión de política, popularidad o ideologías, sino de hacer que las riquezas del país, se conviertan en beneficios para todos con sistemas de salud que cubran a toda la población, educativo que se más haya de solo impartir una ideología y se busque la competitividad laboral, con mayores conocimientos científicos y tecnológicos.

Ahora que empieza la discusión del Paquete Económico 2023, es importante que los legisladores federales tomen en cuenta estas necesidades persistentes y dejen a un lado su ideología política y veneración a una persona, para pensar en el desarrollo y crecimiento económico del país para mejorar la calidad de vida de todos los mexicanos.