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Por José Santos Navarro….

 

Ser deportista famoso y ganador, actor, cantante, payaso o medallista olímpico, no significa ser buen político, pero, ser político tampoco significa ser profesional de la política. Hay muchos payasos.

En México vivir de la política y del erario público es un deporte donde hay excelentes campeones del arte de comer mierda sin hacer gestos. Abundan carismáticos ejemplares en todos los partidos políticos.

La política es un arte, ¡sí!, pero, pocos, muy pocos son los políticos –mujeres y hombres- que saben hacer este trabajo, pero, están tocados por la corrupción y presos en la miel de la impunidad.

 

¿Cuál sería la diferencia entre el futbolista Cuahtémoc Blanco y muchos de los diputados federales levanta dedos? ¿Qué hace diferente al payaso Lagrimita de otro de cuello blanco qué que hace llorar y sufrir al país?

¿Qué marca la diferencia entre un diputado o senador que viene apadrinado por una televisora, u otro que llega con el respaldo del crimen organizado, cobijado por un partido político o, viene de otros sectores donde también hay dinero sucio?

¿Cuál sería la diferencia entre un auténtico político y un auténtico ciudadano? Sólo el voto, pero, lamentablemente en México el sufragio no marca la diferencia. Siempre ganan los mismos, quizá, porque siempre son los mismos los que compiten, organizan y cuentan.

Por ello hoy, los candidatos independientes, aún con su dosis de risa y grande carga de incredulidad, podrían ser el inicio del final de esa rancia y nefasta costumbre de que en México solo exista una clase política, representada en unas cuantas familias.

Todos somos políticos por naturaleza, pero, no todos los políticos son auténticos ciudadanos. Los partidos políticos antes sólo nidos de víboras, hoy en día son auténticas casas de seguridad donde los políticos tienen secuestrada la democracia.

Es de risa votar por un futbolista, un payaso, una actriz, un cantante, ¡sí!, pero, podría ser de llanto sufragar por un ladrón.

Hoy podría darse el principio del final de esa clase chupeteadora de la riqueza nacional. Con sangre terminó la Independencia y con muerte terminó la Revolución. Con sangre y muerte sigue la historia.

Hoy, podríamos iniciar con risa y optimismo esta nueva etapa donde los payasos del pueblo, desplacen a los manitas sucias de cara pintada de tricolor, azul, negroamarillo y de otros matices no definidos, pero siempre con el mismo tornasol de la corrupción.

 

FOTO TOMADA DE SU FACEBOOK «LAGRIMITA PARA GUADALAJARA»