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Pues, aunque se resista la presidente de creer las múltiples advertencias recibidas de diversos funcionarios de la administración del presidente Trump, el destino la va a alcanzar.

Sabemos que los recientes gobiernos de los Estados Unidos han sido cautos de realizar acciones en contra de funcionarios del gobierno de México, para evitar una desestabilización en nuestro país que les cree un gran conflicto a ellos, como una migración masiva que no puedan controlar, y, más ahora, una pérdida de producción de productos intermedios que las manufactureras del país vecino usan como insumos para su producción, y aún, artículos terminados de los que nuestro país es más competitivo que otros países del mundo, como los productos de línea blanca que por su gran volumen físico no es costeable producirlos en otros países o producirlos en Estados Unidos es muy caro.

Pero esa cautela que han mostrado los gobiernos de Estados Unidos parece que ha llegado a su fin. Considero que es debido a varios factores; el primero deriva de la política de Trump de dominar de una manera más profunda al hemisferio occidental (todo el Continente Americano), para tener una mayor hegemonía en él y así resguardar sus intereses de seguridad y crecimiento económico. El segundo, estimo que deriva de la vulnerabilidad que ha mostrado el Partido Republicano ante las próximas elecciones que serán determinantes para quitarle gran poder al presidente Trump o para afianzarlo en él; o en un caso extremo, para que sea destituido de su cargo por los múltiples problemas judiciales y su actuación como presidente, por lo que su gobierno desea hacer acciones contundentes en Cuba y México, como las que ha hecho en Venezuela y así evitar una gran caída del Partido Republicano en las próximas elecciones.

Las recientes señales de los funcionarios estadounidenses cada vez son más claras. El gobierno de Estados Unidos ha endurecido en las últimas semanas su discurso y sus acciones contra funcionarios mexicanos son presuntamente vinculados con el crimen organizado, en una ofensiva que combina advertencias públicas, procesos judiciales y presión diplomática.

Una de las señales más claras provino de la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas (ONDCP). Su directora, Sara Carter, advirtió que podrían emitirse órdenes de aprehensión contra integrantes del gobierno mexicano que mantengan nexos con los cárteles. Según sus declaraciones, Washington actuará contra quienes “se han vendido” a organizaciones criminales o faciliten sus operaciones. [elmonitoredomex.com]

La funcionaria dejó claro que la estrategia no se limita a capos del narcotráfico: también apunta a estructuras de protección política. En ese sentido, indicó que las investigaciones buscan identificar, procesar e incluso lograr la detención y extradición de funcionarios involucrados. [intoleranc…diario.com].

Lo anterior manda una clara señal de que los Estados Unidos estarían aun determinado en perseguir a funcionarios mexicanos que se nieguen a entregar a presuntos delincuentes mexicanos.

Si la presidente Shainbaum continúa metiendo la cabeza en el suelo como avestruz, ignorando las claras señales que se han estado enviando por parte del gobierno de Estados Unidos, pueden venirse grandes acciones directas e indirectas para llevarse a las personas implicadas, ya sin respetar los protocolos del Tratado de Extradición signado por México y Estados Unidos.

La presidente pudiere cooperar siguiendo todos los protocolos del Tratado de Extradición, pero se ha negado a hacerlo, ello nos llega a sospechar de que ella misma tiene miedo de quedar involucrada.

Respecto a la revisión del T-MEC se ha dicho mucho de las presiones que nuestros vecinos pueden hacer. En este tema yo soy más cauto en mis opiniones, porque la relación simbiótica que México tiene con los Estados Unidos, en materia comercial y de inversiones es mucho más crucial para ambos países de lo que uno y otro dice. Para empezar, el presidente Trump no puede autorizar la cancelación del Tratado sin autorización de su congreso, aunque, conforme al Tratado, cualquiera de los países miembros lo puede cancelar unilateralmente, pero las facultades del presidente de los Estados Unidos quedan sujetas en este aspecto a la aprobación del Congreso (puede haber discusión sobre este tema, pero la importancia de la materia e implicaciones económicas profundas harían esto sumamente controvertido y sujeto a la intervención judicial).

El caso es que para Trump usar el T-MEC como arma de negociación en materia de seguridad la veo muy complicada para los intereses de Estados Unidos.