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Durante su visita a la Ciudad de Turín, en el norte de Italia, el papa Francisco dijo que el maltrato hacia los inmigrantes que escapan de la guerra y la injusticia «hace llorar all ver el espectáculo de estos días en que seres humanos son tratados como mercancía».

 

En la misa ante 60 mil personas, el Santo Padre señaló que el sudario debería estimular a la gente a reflexionar no sólo sobre Jesús, sino también sobre «la cara de cada una de las personas que sufren y que son injustamente perseguidas».

 

Luego de rear ante el «Santo Sudario», al que se refirió como un «ícono del amor» de la Virgen por su hijo Jesús; añadió que, a su juicio, refleja «el rostro de cada persona que sufre y que es injustamente perseguida».

En su discurso ante miles de trabajadores y desempleados, defendió el derecho al empleo y pidió a sus oyentes que, aún en tiempos difíciles, ayuden a la población de la ciudad que vive en absoluta pobreza. Al tiempo que pidió «estamos llamados a decir ‘no’ a la idolatría del dinero, que nos impulsa a entrar a cualquier coste en el número de los pocos que, a pesar de la crisis, se enriquecen sin tener en cuenta a muchos que se empobrecen, a veces hasta el hambre”, reivindicó.

 

Y prosiguió: “Estamos llamados a decir ‘no’ a la corrupción, tan difundida que parece una actitud, un comportamiento normal. Pero no con palabras, sino con hechos. ‘No’ a los acuerdos mafiosos, a las estafas, a los sobornos y este tipo de cosas”.

 

Ante esta situación, “que es global y compleja”, Bergoglio señaló que “no solo se puede esperar la recuperación” sino que “el trabajo es fundamental y es necesario que toda la sociedad, todos sus componentes, colaboren para que haya un trabajo para todos y sea digno del hombre y de la mujer”.

 

Pero esto, bajo su punto de vista, “implica un modelo económico que no sea organizado en función del capital y de la producción sino del bien común”.

 

También abordó el tema de los derechos de las mujeres, que “deben ser protegidos con fuerza porque ellas, que también portan el mayor peso en el cuidado de la casa, de los hijos y de los ancianos, son aún discriminadas en el trabajo…

 

«Las familias tienen la necesidad de sentir la caricia materna de la Iglesia para proseguir en la vida conyugal, en la educación de los hijos, en el cuidado de los ancianos y también en la transmisión de la fe a las generaciones jóvenes», subrayó.