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Lo que está sucediendo en el mundo, la aparición de una enfermedad que lleva por nombre COVID-19, que nadie sabe a dónde nos va a llevar, nos está permitiendo conocer la dimensión y respuesta de gobiernos y autoridades.

Entre más observo, más se afianza a mi convicción de siempre de que Dios no se equivoca. Si nos pone pruebas difíciles es para que nos demos cuenta de lo que es realmente verdadero.

Sí, son pruebas muy duras que nos ha tocado hoy enfrentar y que habremos de superar con la ayuda de Dios. Cuidarnos es nuestro compromiso con Dios, porque de nuestros cuidados dependerá no solo defender nuestra vida, sino la de otros seres al no propagar el contagio.

Hemos visto la soberbia de algunos mandatarios –como el nuestro- que en lugar de transmitir un mensaje de serenidad incitaba, con sus actitudes ridículas y absurdas, a salir, a disfrutar y hacer todo lo que la propia Organización Mundial de la Salud proponía evitar.

Creemos saber por qué la actuación poco responsable del Presidente ante un problema que ya se veía venir: no había material y equipo en hospitales, como tampoco entrenamiento al personal que atendería a los pacientes infectados.

El material que se iba a requerir para la atención de enfermos en nuestro país fue vendido a China y recientemente –cuando el problema ya estaba en México –comprado al país asiático, a mayor precio,

En un desprecio total a la vida de los demás, a las instituciones que todos los mexicanos construimos –porque no fueron nada más gobiernos anteriores- se ha pretendido evidenciar las carencias existentes. ¿Qué se ha hecho para tenerlas en mejores condiciones? No solo se han “dejado caer”, sino se ha puesto en riesgo la vida del personal de salud que ha arriesgado su vida para salvar la de sus pacientes.

El mensaje en televisión que envía el senador Ricardo Monreal me pareció realmente patético. Nos pide a “no dejar solo al Presidente”. Pone como ejemplo a figuras de talla internacional (Bill Gate, Lady Gaga y más) que han donado millones de dólares para compra de respiradores y lo que se requiera. Seguramente ellos están con su dinero comprando el material o dándolo a instituciones confiables.

En México, tenemos un gobernante que no solo expuso a los ciudadanos, porque “aquí no iba a llegar la pan-de-mia” ¿recuerda el tono burlón en una mañanera?, sino que ha dejado a una clase media indefensa, con un mensaje claro de “arréglense como puedan”.

Para López Obrador primero están sus proyectos, producto de su soberbia y egoísmo.

Les ha cerrado las puertas a los empresarios con pequeñas y medianas empresas que dan trabajo a miles o millones de mexicanos. Mientras en otros países están preocupados y se están ocupando para enfrentar la situación económica que se avecina, en el nuestro se deja desprotegido al trabajador.

Pese a lo que pida el senador Monreal, al Presidente no se le puede ayudar, lo hizo como candidato y lo sigue haciendo como presidente, mostrando un desprecio total por un sector muy importante ya existente, que utilizó para satisfacer su ego en sus programas sociales.

Dispuso de algo importante para dárselo a su clientela electoral con al que siente más compromiso que con enfermos de cáncer, por ejemplo, sigue empeñado en hacer campaña que en gobernar para todos los mexicanos.

El cargo de Presidente de la República es una gran oportunidad para SERVIR sin distinciones. Lamentable para el país que al llegar al poder se les olvida para qué fueron electos y esta no es la excepción. Hoy más que nunca México nos necesita a todos y confió en Dios que saldremos adelante.

La crisis nos deja una gran enseñanza. Repito, Dios no se equivoca, jamás. Nos ha permitido valorar o revalorar lo que realmente tiene importancia. Apreciamos lo bello que es vivir por lo que hay que cuidarnos siempre. Agradecidos por contar con una familia y también por darnos cuenta muy pronto dela clase de individuos que hoy están haciendo política.