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elcristalazo.com

El secreto de todo orador exitoso es el histrionismo. También la preparación del escenario.

Hablar con la encendida verborrea cuya abundosa estridencia nos hace creer en la sinceridad y el compromiso de quien habla. Gestos, gritos, manos al aire, ojos al cielo, índice de fuego en la acentuación gestual de las palabras; emoción a raudales, orgasmos fingidos, todo eso hace posible el enloquecimiento y el convencimiento de las masas cuya condición la aleja de la reflexión y las acerca a la emoción.

Claro, la masa no piensa; siente. No habla, grita. Por eso no hay convocatoria sin movilización. El llamado “acarreo” no es sino la capacidad profesional de un partido para colmar los espacios donde quiere probar la fuerza de sus ideas.

Las plazas colmadas se organizan semanas antes del día de la función. Por eso es insólito cómo el secretario de Organización de Moena, Don Andy (el corrido de Chihuahua). Quiso manejar la fallida asamblea contra Maru Campo llegando a la ciudad un día antes. Así no se puede. Y si iba y venía, tampoco. Ya se comprobó.

A lo largo de mi vida he visto enormes oradores. El mayor de ellos por su mezcla entre estoicismo y dinamita fue Fidel Castro, quien ordenaba colmar la Plaza de la Revolución hasta vociferar durante cinco o seis horas sin un sólo asistente fuera de su lugar.

El orador genial –además–, siempre termina proponiendo una disyuntiva rotunda: Patria o muerte, por ejemplo.

En México no podemos olvidar el caso admirable de Andrés López y sus miles de discursos entre el amor y el Apocalipsis. Por el bien de todos, primero los pobres… al diablo con sus instituciones… si no gano en esta, me voy a la chingada… a ver quién amarra al tigre, decía el dueño del gran gato y la cadena.

Hoy, entre sus muchas carencias, Morena no tiene un (a) orador (a) o comunicador (a) notable porque tampoco tiene entre sus filas a un (a) político (a) con suficiente talento. Todos son imitadores sin imaginación ni personalidad.

El reciente fracaso en Chihuahua (digámosle mejor tropiezo, para ser medianamente comedidos) ha sido atribuido por la debutante Ariadna Montiel al boicot de la gobernadora Maru Campos quien cerró caminos y frenó transportes para dificultar la concentración de los patriotas cuyo pecho detendría las balas del entreguismo vendepatrias.

Aceptemos (sin conceder) la veracidad absoluta de eso como origen del petardo. Démosle a Campos una capacidad de la cual obviamente carece. Si supiera acarrear y movilizar, ya se habría mandado a hacer una gigantesca concentración en favor suyo. Pero no se le ocurre imitar a Luis H. Álvarez (panista) cuando el “fraude patriótico” o a César Duarte cuando sacó a la calle a 200 mil personas en Ciudad Juárez para cantar con Juan Gabriel y demostrar el éxito (y lo tuvo) en la contención de la violencia juarense.

Pero lo más notable en este caso es el verdadero boicot: el interno. Los morenos dejaron sola a su dirigente. Difícilmente la gobernadora Campos habría podido impedir la llegada de los principales cuadros de Morena quienes abandonaron a su nueva presidenta (como lo habrían hecho también con la anterior), a pesar del patriotismo (patrioterismo implícito en la convocatoria de respaldo a la soberanía nacional encarnada (obviamente) en la presidenta Sheinbaum quien no parece tampoco gozar del acompañamiento indeclinable de sus correligionarios y ni siquiera de sus colaboradores. Siempre la dejan sola. Le botan las chambas (Pemex; SHCP, SRE, etc) y se queda con el silbido en la loma.

La falta de compromiso revela también el profundo desdén o la incomprensión hacia el verdadero motivo de la concentración: no era para solicitar la licencia o el juicio de la gobernadora: en el fondo era para apoyar la versión presidencial de la realidad actual dónde chocan dos concepciones: una, la corrupción de Morena desnudada (también) por Estados Unidos con las múltiples solicitudes de extradición de casi todo el gabinete de Rocha Moya (Mayo) y la otra: todo eso, junto con los agentes de la CIA colaboradores accidentalmente muertos en Chihuahua, indica la ambición imperial de intervenir en el territorio mexicano y de paso determinar la gobernanza del país, a través de una ruin campaña de desestabilización a la cual cooperan los malos mexicanos.

Dicho así, los buenos mexicanos serían quienes realizaran acciones favorables al diagnóstico nacionalista y patriótico.

Pero esa tesis es tan feble y superficial como para no afianzarse –con acciones reales y sencillas, como ir al norte a repudiar a la traidora en un acto partidario–, ni siquiera entre quienes deberían estar hombro con hombro y escudo con escudo, en el indeclinable apoyo de la señora presidenta (con A).

Y no fueron. Ni los líderes de las cámaras, ni los gobernadores, ni siquiera los habituales merolicos de Morena.

Ariadna quiso señalar el laberinto con un hilo de oro y se perdió a la mitad del dédalo. No importa si Maru la saboteó o no. Es más notable cómo la abandonaron sus fraternos compañeros supuestamente solidarios en las duras o las maduras mientras Adán Augusto, mentor de la aspirante Andrea Chávez (ella si presente con el agua y el molino) tocaba la marimba en la fiesta de cumpleaños de Yunes.

OTRO PETARDO

Cuando Donald Trump (2019) le apretaba el cuello, el caudillo de la transformación decidió protestar contra los aranceles; dobló las manos, organizó una tardía protesta fronteriza y hasta llevó a un mercader del credo evangélico a respaldar su bíblica protesta. Pero acató la disyuntiva: cerró el paso de los migrantes con la Guardia Nacional y evitó algunas tarifas.

“Al presidente Donald Trump no le levanto el puño cerrado, sino una mano abierta y franca”.

Eran los tiempos del zacatito pa’l conejito.