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  • PERSISTE EL MITO DE SU PARTICIPACIÓN EN LA PLAZA DE LAS TRES CULTURAS, EL CUAL FORMA PARTE DE LAS LEYENDAS URBANAS A LAS QUE ALGUNOS SON TAN AFECTOS
  • * HAN TRATADO DE ARROJARLO AL BASURERO DE LA HISTORIA, POR HABER ROTO UNA VENTANA DEL EDIFICIO QUE AYUDÓ A CONSTRUIR

La muerte del expresidente Luis Echeverría, el pasado viernes 8 de julio, por su propia naturaleza ha adquirido relevancia nacional. La opinión pública –debido al desconocimiento y maniqueísmo generado por los irreductibles sectarios de siempre, expertos en la creación de leyendas urbanas–, le ha condenado ad perpetuam y el saldo que hoy parece inapelable sobre su administración, es negativo.

Ciertamente, la suya fue una gestión de claroscuros –como acertadamente refiere el periodista Rafael Cardona–, pero es innegable que Echeverría contribuyó a edificar la estructura de este gran país que, a ultranza, algunos se empeñan en socavar.

De manera disparatada se le culpabiliza, en su papel como secretario de Gobernación, de los eventos del 68 en Tlatelolco –responsabilidad asumida entera y virilmente por Gustavo Díaz Ordaz, su antecesor–, aunque su inflexión probablemente lo haya llevado a ordenar la participación de paramilitares durante la protesta estudiantil de 1971 en Santo Tomás, que ocasionó la muerte de unas 17 personas, cientos de heridos graves y decenas de detenidos, como lo consignan informes fidedignos. Este hecho ocasionó la renuncia del entonces regente capitalino, Alfonso Martínez Domínguez, quien años después sería reivindicado y electo gobernador de Nuevo León.

Con Echeverría, la producción de petróleo, electricidad y acero se duplicó, pero uno de sus grandes errores en materia económica fue su empecinamiento a negarse implantar un control de cambios, lo cual provocó la devaluación del peso a menos de la mitad que había mantenido desde 1954. Cerró su administración con un 27 por ciento de índice inflacionario y una exorbitante deuda externa, además de acusaciones de haber propiciado la salida de Julio Scherer del diario Excélsior.

Acusado de genocidio, Luis Echeverría estuvo sometido a juicio más de tres años en prisión domiciliaria, hasta que, en marzo de 2009, fue exonerado por el Poder Judicial de la Federación y la Suprema Corte de Justicia.

Porfirio Muñoz Ledo, uno de sus más cercanos colaboradores, al remembrarlo, aseguró que era un hombre con una capacidad de trabajo absolutamente impresionante.

En Echeverría destacan su imaginación política, su mexicanismo y el haber promovido el más alto salario de los trabajadores en toda nuestra historia –dijo– y agregó que a él le tocó cerrar una época de la historia de México llamada nacionalismo revolucionario y el fin de la Guerra Fría, una época represiva de la vida del país, a una nueva ubicación en el mundo internacional distinta a la que teníamos.

“Se hablará, se discutirá y se darán los ángulos de la actuación de Echeverría, un Presidente gozne, al que le toca un cambio definitivo en la vida del país; de un mundo cerrado a un mundo abierto que se desempeñó en ocasiones con brillantez, aunque le recordarán siempre cosas de su pasado” –aseguró Muñoz Ledo.

HAN TRATADO DE ARROJARLO AL BASURERO DE LA HISTORIA, POR HABER ROTO UNA VENTANA DEL EDIFICIO QUE AYUDÓ A CONSTRUIR

La vox populi se olvida que fue durante su administración cuando se pusieron las bases que detonaron los actuales polos de desarrollo turístico del país, hoy generadores de millones en divisas; la creación del Infonavit, el Instituto Mexicano de Comercio Exterior, la Procuraduría del Consumidor y la creación de innumerables centros tecnológicos nacionales, el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), el rescate del Río Colorado; la carretera transpeninsular en Baja California, el Conacyt, el fortalecimiento del Inmecafé, el Colegio de Bachilleres, la edificación de la Presa Chicoasén –la más importante generadora de electricidad en el país–, y Puerto Madero, hoy Puerto Chiapas.

Asimismo, impulsó el reparto de 16 millones de hectáreas y promovió la promulgación de la Ley Orgánica del DF, que permitió seccionarlo en 16 delegaciones, hoy transformadas en alcaldías de la Ciudad de México.

También instó la aprobación en la ONU de la Carta de los Derechos y Deberes Económicos de los Estados, la creación de la Universidad Autónoma Metropolitana y las universidades autónomas de Tlaxcala, Chiapas, Ciudad Juárez, el moderno Colegio Militar y el fortalecimiento del Instituto Mexicano para la Infancia y la Familia, con el apoyo de su esposa María Esther Zuno.

Entre otras de las grandes obras de este Presidente, que llegó a centenario, se cuenta la iniciación del proyecto Laguna Verde –la única central nuclear de generación eléctrica de México– y el reconocimiento internacional de las 200 millas de mar territorial, de extraordinarios alcances para la soberanía y la economía nacional.

Durante su gestión apoyó la lucha presidida por el general Omar Torrijos, Jefe de Gobierno de Panamá, para recobrar la plena soberanía del Canal, la cual cristalizó en 7 de septiembre de 1977 cuando con el Presidente estadunidense Jimmy Carter, firmaron el tratado mediante el cual, el 31 de diciembre de 1999, se les devolvió a los panameños el control completo de la vía interoceánica asociada al 6 por ciento del comercio mundial.

También fue fundamental su apoyo a la República española en el exilio; su participación para la integración latinoamericana, mediante el Sistema Económico Latinoamericano (SELA), que contó con el decidido apoyo del gobierno venezolano de Carlos Andrés Pérez y superlativamente –luego de romper relaciones diplomáticas con Chile, por el golpe del general Augusto Pinochet contra Salvador Allende–, su respaldo a los exiliados chilenos, que desde noviembre de 1974 escaparon de la dictadura.

Sin embargo, tal parece que algunas de las notables obras de su gobierno no cuentan y en el imaginario popular, sólo queda el mito de la participación de Echeverría en la Plaza de las Tres Culturas, el cual forma parte de las leyendas urbanas a las que algunos son tan afectos. Uno es el relato fantástico y otra la verdad legal.

Juan Velásquez, quien fue su abogado, señaló acertadamente que la intervención del exmandatario en torno a los hechos ocurridos en Tlatelolco, no es más que una leyenda –que como todas las leyendas–, no habrá manera de remontar.

Y vaya que es una paradoja: Echeverría, con sus errores y aciertos contribuyó también a crear la estructura de este gran edificio que es México, y de forma descarnada, sus opositores y críticos –y los expertos en creación de leyendas urbanas–, han tratado de arrojarlo al basurero de la historia, por haber roto una ventana.

GRANOS DE CAFÉ

Habrá que ver cuál es el rumbo que seguirá la denuncia presentada ante la Fiscalía General de la República (FGR), promovida por Ignacio Mier Velazco, coordinador de Morena en la Cámara de Diputados y oriundo de Puebla, la entidad que actualmente gobierna Miguel Barbosa. La acusación –dijo–, es resultado de la filtración que tanto el gobernador, como el fiscal poblano Gilberto Higuera, hicieron en su contra, señalándolo por diversos delitos como evasión fiscal, lavado de dinero y operaciones con recursos de procedencia ilícita.

Por lo pronto, mediante un video que circula en medios electrónicos y redes sociales, el legislador anunció que acudió a la instancia fiscal para demandar a Santiago Nieto, extitular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF); a Miguel Barbosa, gobernador de Puebla; a Gilberto Higuera, fiscal general de esa entidad y al senador Alejandro Armenta, por supuesto tráfico de influencias y “por revelar secretos” que afectan al Movimiento de Regeneración Nacional y a personas que le son contrarios a sus intereses económicos, políticos y personales, en detrimento del partido del Presidente. …Envíe sus comentarios al correo gentesur@hotmail.com