Ayer miércoles, Estados Unidos mostró cual es el tamaño de su interés en el T-MEC ante la ausencia de Jamieson Greer, líder de la USTR y quien reporta a Donald Trump y mandar en su lugar a Jeffrey Goettman, representante comercial adjunto de Estados Unidos.
Esto debe poner a las autoridades mexicanas pensar sobre que deben hacer para tener una mayor convocatoria y establecer las negociaciones con quienes si toman decisiones y no esperar a que esta decisión llegue después de tres o cuatro semanas.
También deben pensar que probablemente el T-MEC sea ya establecido de manera bilateral por Estados Unidos con México y Canadá, para tratar de seguir implementando la nueva estructura comercial de Donald Trump y regresar a sus grandes empresas a su territorio para de ahí nuevamente mostrar una fortaleza regional.
Y es que el mandatario norteamericano se dio cuenta que el T-MEC favorecía más a las otras naciones y su industria empezaba a mostrar signos de debilidad. Así lo demuestran las cifras del Departamento de Comercio de esa nación que informó que las exportaciones mexicanas crecieron al doble en solo un año y esto se mostró en su balanza comercial.
Donald Trump optó por imponer aranceles a los productos que entran en su mercado para tratar de protegerlo y fortalecerlo y el resultado es la nueva política comercial que impuso a todo el mundo y que está mostrando resultados favorables para su nación.
En este sentido México fue la nación más favorecida con el nivel de arancel más bajo, sin embargo, se estableció que este tratado comercial deberá ser revisado cada año. Lo que provoca un grado de incertidumbre entre los inversionistas y provoca a su vez una menor expectativa de crecimiento económico de nuestro país.
Esto da como resultado que los cálculos de crecimiento económico para México este año estará entre el 0.3 y 1.1 por ciento. Mientras que se calcula que la inversión empresarial tendrá una caída cercana al 11 por ciento al finalizar el año.
Por supuesto que esto enciende los focos amarillos del gobierno federal mexicano y con un manejo adecuado de las estadísticas manifestó que en nuestro país el nivel de inversión extranjera privada se mantenía alto. Pero no destacó que esto es reinversión. Es decir, es dinero que ya estaba aquí. Pero el dinero hacia nuevos proyectos sigue congelado. El comercio en exportaciones sigue creciendo, pero la inversión productiva no.
Es por ello que se estima que la caída de inversión seguirá a lo largo de este año derivado del nuevo esquema anual de revisión del T-MEC. Esto hace poco viable establecer inversiones a mediano y largo plazo.
Lo que no entienden las autoridades mexicanas es que el objetivo de Donald Trump es China y no México, por lo que espera que nuestro país siga aplicando aranceles elevados a los productos chinos que entran a México y con ello recuperar el mercado comercial que ha perdido en algunos sectores como lo es el automotriz y el electrónico.
Por ello es importante reconocer que nuestro principal socio comercial es Estados Unidos y si queremos seguir exportando en niveles altos es necesario reducir el porcentaje de partes de origen chino de nuestros productos. Como ya lo establece el Plan México.
Debemos señalar que el T-MEC no está en riesgo, lo que sí es la capacidad de México para atraer inversiones de otras naciones que piden un respeto al Estado de derecho y reglas claras de inversión.
México deberá aprender a vivir con la incertidumbre que genera una revisión anual, pero también tendrá que ir cambiando las condiciones para ofrecer mayor certidumbre dentro del país a las inversiones extranjeras.
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