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NÚMERO CERO/ EXCELSIOR

El aislamiento es de las zonas más peligrosas para potencias medias como México en la deriva imperialista que azota al mundo, donde el discurso soberanista ya no alcanza para detener el avasallamiento de los más poderosos. México tiene una de las principales economías mundiales y ocupa un lugar estratégico en Norteamérica, pero su representación internacional debe responder a esa nueva realidad global. El viaje de Claudia Sheinbaum a España este fin de semana expresa la necesidad de salir del retraimiento y recuperar presencia internacional, que México perdió con los gobiernos de la 4T anclados en el subterfugio de creer que la mejor política exterior es la interior. Las posiciones soberanistas para mantener algún margen de neutralidad en disyuntivas delicadas son cada vez más irrelevantes en la profunda transformación geopolítica que vive el mundo; como constatan las amenazas intervencionistas de Trump a México o la agresión contra Irán.

Como afirmaba su socio en el T-MEC en un potente discurso en el pasado Foro Económico Mundial de Davos, el primer ministro canadiense, Mark Carney: si las potencias medidas no actúan juntas, entonces “no estarán en la mesa, sino en el menú”; en una clara advertencia del lugar que ocupan hoy esos Estados nacionales sin una defensa común —narrativa y de movilización política— ante la ruptura del orden internacional y desaparición de relaciones basadas en el respeto a normas, como la soberanía.

Sheinbaum participará en Barcelona en el foro Global Progressive Mobilisation, cuyo cometido es articular liderazgos políticos de gobiernos de potencias medias que comparten posiciones ideológicas de izquierda y el interés de no ser sometidos por la coerción económica de la hegemonía estadunidense para acceder a sus mercados y pagar sus guerras. A la reunión asisten ocho mandatarios, de España, Pedro Sánchez; de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva; el sudafricano Cyril Ramaphosa y el colombiano Gustavo Petro; el líder del partido de los socialistas europeos, Stefan Löfven, entre otros. 

Si bien los asistentes han expresado un “no a la guerra” que choca con los dictados de Trump, el alcance del foro está en un plazo mayor a la coyuntura desde que diversas iniciativas de este tipo comenzaron a reunirse en 2018 ante el ascenso de la derecha y la ultraderecha en el mundo. Contar con el poder real que no tienen frente a las superpotencias, a pesar de sus capacidades económicas e influencia internacional significativa. Por ello, Sheinbaum explicó su decisión, por la importancia de que se conozca la voz de México; evidentemente, no basta con que la revista Time la incluya por segunda vez en la lista de 100 personas más influyentes del mundo si el país no puede contrariar a Trump ni en la defensa de sus migrantes. Son el “poder de los sin poder” de un orden internacional que no volverá porque, citando otra vez a Carney, eximía a los más fuertes cuando les convenía, aplicaba normas comerciales asimétricas y el derecho internacional con doble vara según la víctima. De esa gran ruptura surgieron los populistas de derecha que, como Trump o el reciente derrotado Viktor Orbán, se alzaron con una victoria cultural sobre los demócratas liberales y los que ellos descalifican de izquierda populista, y hasta radical, como la que trata de levantar cabeza en el foro. Por ahí enfilan las críticas al viaje de Sheinbaum. Se cuestiona su utilidad, cuando antes se criticaba el aislamiento. Pero, sobre todo, la inclinación ideológica como una contradicción respecto a la política exterior si llega a provocar enojo a Trump; y falta de pragmatismo si pone en un brete el T-MEC. Sin reparar en que la visita significa diversificar y reconfigurar alianzas como opción para resistir la presión y proteger la soberanía. Y también la decisión pragmática de avanzar en el deshielo con uno de sus mayores socios comerciales, España, dado que el contexto global obliga a priorizar alianzas con gobiernos afines más allá del diferendo heredado de López Obrador.

Finalmente, el problema no es que compartan intereses, valores y visiones del mundo, sino que no cabe la neutralidad si implican compromisos políticos para actuar en conjunto en el discurso y movilización. El riesgo de la demagogia es convalidar críticas que los señalen como un ámbito de propaganda; lo que está en las antípodas de su urgencia de abrirse un espacio real de poder como potencias medias para adaptarse a los nuevos tiempos con pragmatismo y principios claros.