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EL HANTAVIRUS QUE DIO LA VUELTA AL MUNDO. TRES MUERTOS, UNA CEPA ACOTADA Y SIN RIESGO DE PANDEMIA

Un crucero con destino a las islas Canarias, en España, acumula tres fallecidos por hantavirus. El MV Hondius, un barco de exploración polar de bandera neerlandesa, partió de Ushuaia, Argentina, con 147 personas a bordo. La cepa detectada es la única que puede transmitirse entre humanos, pero sólo en contacto estrecho. Las autoridades investigan si el contagio fue por polvo contaminado con excrementos de roedores o por cadena persona a persona. Pese a comentarios estúpidos en las redes sociales, no hay alerta mundial, ya que el virus no se mueve por el aire ni por superficies.

El crucero de expedición MV Hondius partió de Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina, el 1 de abril de 2026 con destino a las Islas Canarias. A bordo viajaban 147 personas entre pasajeros y tripulantes, incluyendo 14 españoles. Al segundo día de travesía aparecieron los primeros síntomas respiratorios, pero para cuando la Organización Mundial de la Salud recibió la notificación oficial el 2 de mayo, tres personas habían muerto, un pasajero británico de 69 años había sido evacuado a Johannesburgo —permanece en una Unidad de Cuidados Intensivos—, y dos tripulantes con cuadros agudos requerían atención médica. El barco, fondeó frente a Cabo Verde después de que las autoridades locales denegaran el desembarco, y ahora se dirige al puerto de Granadilla de Abona en Tenerife.

El MV Hondius no es un crucero convencional; es el primero de su clase en el mundo, un buque de exploración certificado para navegar entre hielos. Fue construido en 2019 y viaja con bandera de los Países Bajos. Su viaje actual era un traslado desde Ushuaia, puerta de entrada a la Patagonia argentina, hasta las Islas Canarias.

La palabra “hantavirus” apareció en los titulares y desencadenó comparaciones inmediatas con el COVID-19. El doctor Alberto Sanagustín, médico de atención primaria en Ibiza, muy activo en las redes sociales, publicó un vídeo para desmontar el alarmismo sin caer en la minimización. Su advertencia inicial fue precisa: “Hantavirus es una palabra que asusta mucho, y más si no la explicamos bien”. La explicación que sigue a continuación resume lo que se sabe hasta hoy, lo que aún se investiga y por qué el riesgo para la población general es bajo, aunque no nulo para dos perfiles concretos.

Hantavirus, por qué esta cepa es distinta

El hantavirus no es un patógeno único, sino un grupo de virus con comportamientos clínicos distintos. Algunas variantes atacan el riñón ­—las que circulan por Europa y Asia, con una letalidad del 5 al 15 por ciento—, otras van al pulmón, como las de América del Norte, y otras pueden afectar al corazón. La cepa que ha aparecido en el crucero es el virus de los Andes (Orthohantavirus andesense), que habita en los bosques subantárticos de Argentina y Chile y tiene como huésped natural al ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus, un roedor de cola larga). Esta variante presenta dos características que la diferencian del resto: en brotes documentados mata aproximadamente a la mitad de los infectados, y es el único hantavirus en el que se ha demostrado la transmisión de persona a persona.

Que el virus de los Andes pueda saltar entre humanos es un dato verificado —puntualiza Sanagustín—, pero requiere una lectura cuidadosa. Los casos documentados de transmisión interhumana se han producido siempre en contextos de contacto extremadamente estrecho: parejas que comparten cama, cuidadores que manipulan fluidos de un paciente crítico o cohabitantes en espacios reducidos durante largos periodos. No existe ningún registro de contagio por cruzarse con un infectado en un pasillo, compartir un ascensor o coincidir en una sala de espera. El doctor Sanagustín lo formula con exactitud: “Que pueda ocurrir esta transmisión de persona a persona no significa que esta transmisión ocurra con facilidad” —expone.

El mecanismo ordinario del hantavirus, incluido el virus de los Andes, sigue siendo el salto desde el roedor al humano. La infección se produce al inhalar aerosoles generados a partir de heces, orina o saliva de roedores infectados. Las condiciones de riesgo son muy concretas, como son los espacios cerrados y mal ventilados —entre ellas cabañas abandonadas, cobertizos, bodegas y almacenes—, presencia de excrementos secos y una acción que levante polvo. La conducta de mayor riesgo, repetida por el doctor Sanagustín y por todas las guías sanitarias de la región, es barrer en seco. Esa acción pulveriza las partículas contaminadas y las vuelve respirables.

El virus no se transmite por tocar una barandilla, ni por el aire de un centro comercial, ni por compartir el transporte público. Tampoco se contagia por estar al lado de una persona infectada en una terraza o en una oficina. Su mundo natural, como dice Sanagustín, es otro: los roedores de campo, las zonas rurales, el polvo levantado por una escoba en un espacio que llevaba meses cerrado. La persona que enferma casi siempre ha inhalado ese polvo contaminado, sin necesidad de que el ratón la muerda o la toque. Por eso la OMS insiste en que no hay riesgo de una pandemia global: el virus no tiene los mecanismos de transmisión masiva del SARS-CoV-2.

El periodo de incubación del virus puede extenderse hasta ocho semanas. Este dato es crucial para el diagnóstico, porque una persona que estuvo en la Patagonia hace un mes y medio puede desarrollar los síntomas ahora. Los primeros signos son indistinguibles de una gripe común: fiebre, fatiga, dolores musculares, escalofríos; la diferencia aparece cuando la dificultad respiratoria progresa rápidamente, en ocasiones en menos de 48 horas, hasta convertirse en una insuficiencia pulmonar aguda que requiere cuidados intensivos. No existe un antiviral específico contra el hantavirus; el tratamiento es de soporte: oxígeno, vigilancia estrecha y respirador si el pulmón colapsa.

Origen de su propagación, una fuente ambiental o una cadena entre humanos

El brote del crucero MV Hondius plantea una pregunta todavía sin tener respuesta. El Ministerio de Sanidad español señaló que las evidencias apuntan a que el contagio ocurrió dentro del propio barco, pero esa afirmación admite dos interpretaciones muy distintas. La primera es una exposición ambiental común, en el sentido de que algún compartimento del barco alberga restos de roedores infectados, que lo mismo pudo localizarse en un cargamento, en una zona de almacenaje o incluso en el equipaje de algún pasajero, y varias personas respiraron el mismo polvo contaminado. La segunda es una transmisión entre personas, suponiendo que el virus saltó de un enfermo grave a sus cuidadores o cohabitantes en el espacio reducido del crucero.

La diferencia entre ambas hipótesis lo cambia todo. Si es una fuente ambiental común, el brote se cierra cuando se identifica y descontamina ese foco. No hay riesgo de que la cadena se prolongue más allá de los expuestos directamente. Pero si, por el contrario, se confirma la transmisión interhumana dentro del barco, habría que revisar los protocolos de cuarentena y seguimiento de contactos, aunque sin equipararlo al comportamiento del COVID-19, ya que la transmisión persona a persona del virus de los Andes sigue siendo mucho menos eficiente que la de un coronavirus respiratorio; no obstante, en cualquier escenario, no es el inicio de una nueva pandemia.

Las autoridades sanitarias están realizando la secuenciación genética del virus aislado de los distintos afectados. El doctor Sanagustín lo compara con leer la matrícula del patógeno. Explica que todos los casos comparten una matrícula idéntica, como lo es su origen común o fuente ambiental. Si aparecen mutaciones acumuladas que dibujan un árbol de transmisión, habrá que aceptar que el virus saltó entre personas dentro del barco. Los resultados se conocerán en los próximos días y hasta entonces, lo más honesto es decir que la transmisión persona a persona no está descartada, pero tampoco demostrada.

La Organización Mundial de la Salud mantiene su evaluación de riesgo global como bajo. El director general Tedros Adhanom Ghebreyesus declaró que este brote no se parece a las primeras etapas de la pandemia de COVID-19. La razón es estructural, porque el SARS-CoV-2 se transmitía por aerosoles en interiores con una alta tasa reproductiva que permitía brotes masivos en cualquier entorno. El virus de los Andes necesita, incluso en su variante más transmisible, una conjunción de factores —roedor infectado, espacio cerrado, polvo contaminado e inhalación—, que no se da en la vida urbana cotidiana.

El doctor Sanagustín resume esta idea en su vídeo con una frase que funciona como resumen ejecutivo: “No es un virus que viaje en el metro o esté en las oficinas”; el mensaje no es tranquilizador sólo por tratar de ser complacientes, sino porque se sostiene en la epidemiología del virus. Para que una persona se infecte en Madrid, Ciudad de México o Bogotá tendrían que darse las mismas condiciones que en una cabaña abandonada de la Patagonia, es decir, un espacio cerrado, excrementos secos de un roedor portador y una limpieza en seco. Esa cadena de sucesos no ocurre en el día a día de una ciudad

Dos perfiles con riesgo real; para el resto, alerta vigilada

Dos grupos sí deben prestar atención a este texto. El primero son los viajeros a zonas rurales del sur de Argentina y Chile: la Patagonia—la región más austral de América del Sur, compartida por ambos países—, los valles andinos y la cordillera sur, la cadena montañosa que marca la frontera entre Argentina y Chile desde la provincia de Neuquén hasta Tierra del Fuego. También hay riesgo en provincias como Chubut —centro-sur de la Patagonia argentina, limita al oeste con Chile—, Río Negro, al norte de Chubut, también fronteriza con Chile, y Neuquén, al norte de Río Negro, fronteriza con Chile. Otras provincias argentinas como Entre Ríos, situada al noreste del país y limita con Uruguay, y Jujuy, en el extremo noroeste, en los límites con Bolivia y Chile, han registrado casos esporádicos, pero no son la zona endémica principal del virus de los Andes.

Las recomendaciones son tres y conviene memorizarlas. No entrar en cabañas de veraneo abandonadas, cobertizos o almacenes, sin antes ventilar desde fuera al menos 30 minutos. Si la entrada es inevitable, se deberá ventilar primero, y bajo ninguna circunstancia barrer en seco los excrementos de roedores.

La limpieza segura de un espacio que pudo haber albergado roedores requiere un procedimiento concreto. Humedecer el suelo y las superficies con una solución de cloro al 10 por ciento, una parte de cloro por nueve partes de agua, dejar actuar al menos cinco minutos y usar guantes y mascarilla N95. Después limpiar y desechar los residuos en una bolsa plástica que se deberá cerrar herméticamente. El error más común, barrer en seco, es exactamente lo que hay que evitar porque lanza al aire las partículas que nadie quiere respirar.

El segundo grupo de riesgo son las personas que estuvieron en esas zonas en las últimas ocho semanas y ahora presentan fiebre alta seguida de dificultad respiratoria progresiva. El doctor Sanagustín insiste en un punto que puede salvar vidas: no basta con decir “tengo síntomas gripales”. El médico necesita saber el dato de exposición y decir explícitamente “estuve en una zona rural de la Patagonia donde hay hantavirus” lo cual cambia la orientación del diagnóstico. De otro modo, el cuadro se confunde con una neumonía común o un proceso gripal común, y se pierde un tiempo valioso para instaurar el soporte respiratorio adecuado.

Argentina acumulaba hasta la semana epidemiológica de mayo de 2026 un total de 32 casos notificados de hantavirus, distribuidos entre Buenos Aires, Salta, Chubut, Río Negro, Entre Ríos y Jujuy. La tasa de letalidad en algunos brotes locales supera el 30 por ciento. Estas cifras no indican una epidemia descontrolada, sino la persistencia de un problema focalizado que resurge en años de floración masiva de la caña colihue, un bambú nativo, cuyo fruto multiplica la población de roedores. Más ratones significan más excreciones en el ambiente; más partículas contaminadas en el polvo y más riesgo para quienes entran en espacios cerrados sin ventilar.

La expansión urbana sobre el hábitat del ratón colilargo agrava el problema. Se construyen viviendas, cabañas de veraneo y almacenes en zonas que antes eran bosque y se eliminan los depredadores naturales como los zorros y las aves rapaces; entonces los roedores buscan refugio en cobertizos, leñeras y estructuras humanas. La frontera entre el mundo del virus y el mundo cotidiano se difumina no porque el virus mute hacia formas más contagiosas, sino porque los humanos invaden su territorio y luego barren en seco.

El caso del MV Hondius es atípico porque el contagio ocurrió en alta mar, lejos del hábitat natural del virus. La hipótesis más plausible, según las autoridades sanitarias consultadas, es que algún pasajero o tripulante llevaba ropa, calzado o equipo contaminado con excreciones de roedor en el puerto de embarque. También es posible que el barco cargara suministros o alimentos en un puerto donde había presencia del ratón colilargo, y que esos suministros introdujeran el virus a bordo. La investigación epidemiológica en curso deberá determinar el punto exacto de entrada.

El doctor Sanagustín cierra su vídeo con una idea que funciona como cierre para este texto. El miedo sin información paraliza; la información sin acción es ruido. Cuando se entiende cómo funciona el virus —qué condiciones requiere, dónde se contagia, cómo se evita—, el miedo se convierte en criterio, y el criterio es lo que permite actuar bien si alguna vez la exposición toca de cerca. No se trata de minimizar la tragedia de las tres personas fallecidas ni de ignorar la angustia de los 150 ocupantes del barco, sino de situar cada cosa en su lugar.

La mayoría de las personas que lean mi texto, deben saber que el riesgo real hoy es indistinguible, casi de cero. Y añado que —como yo, que nunca he estado en la Patagonia, ni han dormido en una cabaña abandonada o han barrido excrementos de ratón en seco, ni tampoco viajan en el MV Hondius—, el hantavirus no se va a colar por la ventana de su casa ni se lo van a encontrar en el supermercado. Aclaro que la tranquilidad no es un consuelo vacío, sino la conclusión lógica de los hechos expuestos; no hay ninguna señal de que esto vaya a convertirse en una pandemia similar a la del COVID-19.

Sin embargo, para los viajeros a la Patagonia y los habitantes de zonas rurales de Argentina y Chile, en cambio, el riesgo es concreto y evitable. Deben ventilar antes de entrar, no barrer en seco y usar cloro y guantes, y sobre todo, informar al médico si aparece fiebre y dificultad respiratoria después de una posible exposición. Son gestos simples, no costosos y respaldados por décadas de epidemiología del hantavirus. No requieren medidas extremas tipo del cine de catástrofes sanitarias, sólo atención.

El MV Hondius atracará en Tenerife en los próximos días y los 14 españoles a bordo serán evaluados amplia y exhaustivamente. Los resultados de la secuenciación genética se publicarán y si la transmisión fue únicamente ambiental, el brote se cerrará con el desembarco y la descontaminación de la nave. Si se confirmase una cadena de transmisión entre personas, las autoridades sanitarias ajustarán los protocolos de cuarentena y seguimiento de contactos, pero sin cambiar la evaluación de riesgo para la población general.

El mundo no está ante un nuevo COVID, sino ante un brote localizado de un virus conocido, con reglas y medidas conocidas. Eso no lo hace menos grave para las que ya fueron sus víctimas, pero al menos lo hace manejable. La lección final: no hay que hacer caso a comentarios estúpidos y alarmistas de las redes sociales.