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ELCRISTALAZO.COM

La estructura casi virreinal del poder político en los estados de la centralista República Federal (¿?), excepto en las entidades gobernadas por alguna de las débiles oposiciones (PAN, MC) genera un fenómeno distante en el ejercicio de las funciones locales: los gobiernos para formar un bloque de apoyo presidencial por dos razones: por el origen y porque de la gracia del centro dependen sus ingresos. Las participaciones federales son su alimento y su combustible. Unos (los salientes) están ahí por decisión del cacique o de CSP (los entrantes).

En ese sentido su prioridad consiste en congraciarse paso a paso con la señora presidenta (con A) y en segundo plano, a veces muy lejano, atender a los ciudadanos de su localidad.

Los conflictos y asuntos de la cotidianeidad en la erróneamente llamada provincia mexicana (tienen gobiernos supuestamente autónomos y soberanos), son a un tiempo atención ciudadana y calificación presidencial. Una bola política de valores donde las acciones (hechos y valores, como sinónimos), suben y bajan de acuerdo con la conveniencia de Morena.

Por ejemplo, Sinaloa.

Aun sin tomar en cuenta los señalamientos de narco gobierno en Culiacán nadie podría calificar de buena a la administración de Rubén Rocha Moya hoy extendida con la señora Graciela Domínguez. La crisis sinaloense detonada por las acusaciones –aún vigentes– del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, no se resolvió de ninguna manera en favor de los ciudadanos; se solucionó –parcialmente– con la remoción de Rocha (tan inocente como para ser desplazado, pero no juzgado); su prolongada protección y su albergue seguro bajo el manto de la virgen morena.

El reino protege a su virrey. Los servicios prestados así lo ameritan, aunque se le remueva del cargo. Ya se prepara su sucesión con otra mujer de la misma academia política, el mismo partido e idénticos riesgos. Todos sabemos de la potencia del cartel del Pacífico y su enorme influencia (todavía) en las decisiones políticas.

Una de las grandes paradojas en este sentido –y perdón por la digresión– es la política carcelaria. El conflicto sangriento de los últimos días en una cárcel sinaloense ya tiene dos principios de solución.

Primero, acusar a “Los chapitos” de haber generado la violencia y, segundo; construir seis nuevas cárceles en el país. Todas juntas vencerían al multifamiliar de Bukele.

Omar García Harfush –esa imbatible personalidad mitad Batman; mitad Pedro Infante– con orgullo de policía profesional ha presumido sobre la detención de 70 mil malhechores durante sus pocos años al frente de la seguridad nacional. Pero también ha confesado la impotencia del gobierno en la debida custodia de los reos peligrosos. Si son importantes, mejor se les empaqueta por el DHL de la ineptitud a los Estados Unidos (a Rocha no, porque no hay pruebas, nomás elementos para destituirlo) y a cambio se recibe a diez o veinte presos de menor peligrosidad.

Les mandamos cien pesos pesados y nos devuelven cien mosquitas o pesos paja. Muy desigual el trato.

En fin.

Pero de vuelta a los virreyes.

También los hay ajenos al reino (oxímoron) como se ve con Pablo Lemus, quien va por la vida de torpeza en torpeza. Primero con sus contradicciones tras conocerse los macabros hechos del Rancho Izaguirre y ahora con la crisis de la capital jalisciense cuya solución a la escasez de agua se quiere lograr con mangueras de alta presión contra quienes protestan contra el mal servicio, la suciedad y la contaminación.

Lemus nació en Jalisco en 1969.

Un año antes en la ciudad de México la Secretaría de la Defensa Nacional (al mando de otro jalisciense, Marcelino García Barragán) disolvió a tiros una manifestación estudiantil. Desde entonces el peor pecado (independientemente del abuso represivo) es actuar contra quienes marchan en las calles. Un manifestante es lo más parecido en el indostánico pensamiento nacional a una vaca sagrada.

Ya es un dogma y una bandera infaltable de todas las intervenciones públicas de los políticos especialmente de quienes hoy –como la señora presidenta, (con A) — se dicen hijos del 68.

Hasta Zedillo corrió a su jefe de policía porque disolvió una marcha magisterial rumbo a Los Pinos; lo echó por cuidarlo.

Por eso Lemus cuya torpeza es enciclopédica, ha cometido dos errores simultáneamente.

Primero no cuidar la contención de una multitud y después obsequiarle un discurso gratuito y reprobatorio al gobierno federal cuya mañanera atiza desde el Palacio Nacional la llamarada en su contra no solo por humanismo sino también por conveniencia electorera.

En los demás campos, MC carece de consistencia opositora. En ese terreno no tiene mangueras presurizadas de alta potencia.

“…el gobernador de Jalisco tiene que informar sobre este tema, porque fue una decisión que ellos tomaron y tienen que informar las autoridades de Jalisco por qué tomaron esta decisión; y las personas detenidas, y al mismo tiempo, que den los nombres de todas las personas detenidas.

“…Nosotros no estamos de acuerdo con la represión.

Incluso cuando ponemos las vallas aquí en Palacio Nacional, que algunos nos critican, pero cuando hay grupos que utilizan artefactos, martillos y otros mecanismos para dañar, ya sea edificios patrimoniales o incluso que puedan dañar a personas, pues nosotros, en vez de un enfrentamiento con la Policía, preferimos poner estas vallas que eviten un enfrentamiento.

“Cuando fui jefa de Gobierno vivimos con la Policía de la Ciudad lamentablemente que aventaron fuego a policías que quedaron gravemente heridas. Entonces, mejor poner una valla, cuando sabemos que hay estos grupos (negros provocadores, supongo), que un enfrentamiento directo.

“No estamos de acuerdo tampoco con el uso de la violencia en las manifestaciones. Nosotros creemos y siempre hemos creído en las manifestaciones pacíficas… no debe haber represión y debe abrirse el diálogo y tampoco debe haber manifestaciones violentas…”

Ying y Yang. Lo blanco y lo negro. Lo bueno y lo malo.

Pero hay otros virreyes cuyos actos son comprendidos de otra forma. Más benevolencia, menos rigor, más tolerancia. Es el caso de Roció Nahle, la virreina veracruzana a quien se le priva de crítica en cualquier circunstancia, ya sean sus finanzas, sus pifias, sus desplantes o sus majaderías contra ciudadanos.

Así lo cuenta Julio Astillero:

“…Una madre que exigía medicamentos para pacientes con cáncer terminó entre empujones y reclamos durante una visita de la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, al Hospital de Alta Especialidad. El enfrentamiento quedó grabado en video.

“El incidente ocurrió el miércoles 7 de octubre, cuando Cora de Jesús Rodríguez, madre de una niña con cáncer e integrante de un colectivo de familiares de pacientes oncológicos, intentó acercarse a la gobernadora Rocío Nahle para denunciar el desabasto de medicamentos. En las imágenes difundidas en redes sociales se observa cómo una integrante del equipo de seguridad de la mandataria empuja y sujeta a la mujer mientras intenta impedir que se acerque.

“No me empujes, me estás lastimando”, reclamó la madre, quien insistía en hablar directamente con Nahle para exigir soluciones ante la falta de tratamientos.

La situación se volvió todavía más tensa cuando la gobernadora le respondió:

–“Usted no es madre de familia”, a lo que Cora contestó entre lágrimas:

–“Claro que sí, tengo dos hijos”.

Pues sí, llegaron todas, menos la señora Dora vejada por la gobernadora.

Y así van por la vida, Marina del Pilar, Américo Villarreal, Evelyn Salgado, Salomón Jara…