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Pese a que los datos de una recuperación económica sigan siendo favorables, la realidad es que esta recuperación es macroeconómica, y no cae directamente a la economía familiar.

Veamos el porqué, se ha señalado en los últimos días que nuestra economía podría alcanzar niveles de un crecimiento de entre 6.5 y 7 por ciento al finalizar este 2021, pero esto será a partir de que algunos de los sectores productivos alcanzaran estas cifras, mientras que la otra parte, será menor al 2 por ciento, por lo que un promedio dejaría el crecimiento final en 5 por ciento, cifra lejana al 8.2 por ciento de la caída que presento nuestra economía en el 2020.

Lo que implicaría que en el 2022 y 2023 de alcanzar un crecimiento del 3 por ciento estarían aun abajo de los promedios del 2 por ciento que teníamos antes del 2018, y la verdadera recuperación será hasta el 2024, que implica todo un sexenio perdido.

Es decir, para nivelar nuestra economía y pensar en crecimientos reales, no de recuperación, estaríamos hablando ya hasta el 2025

Pero además deberemos observar otro índice que marcaría un signo de recuperación o no de nuestra economía, la inflación, que significa el incremento del costo promedio de todos los productos que la gente consume.

Este indicador resulta del desequilibrio existente entre la producción y la demanda, es decir deriva de la forma en la cual los mercados de mercancía se presentan. En los últimos meses se ha visto una actividad de incremento en precios como los alimentos que han registrado 12 meses el más claro es el del maíz que ha subido el 89.9 por ciento, este producto es base principal de la alimentación de los seres humanos, para consumo o para dárselo a los animales de granja, por lo que el costo del precio de los productos derivados, tartilla, pan y la carne de animales se ve incrementado.

También en términos de cadenas productivas se han presentado incremento de precios de materias primas o insumos vitales. Como son los energéticos, algunos otros son el desabasto de chips o semiconductores que ha afectado varias industrias a lo largo de este 2021, en particular la industria automotriz.

En el caso particular de México esto ha afectado de manera importante a la economía familiar, el incremento que se ha presentado en la gasolina y diésel y en las tarifas eléctricas golpean de manera importante la economía de la gente, si a esto le añadimos el incremento del costo de la tortilla, el huevo y algunos otros productos de la canasta básica observamos que mucha gente en el país ha caído en niveles de pobreza alimentaria, porque no tiene los ingreso suficientes para siquiera completar el costo de esta canasta básica.

Este es un tema que las amas de casa hablan constantemente, la falta de dinero para complementar el gasto, pero no es tomado en cuenta por el gobierno federal que solamente hace notar los números macroeconómicos y no los que a la gente en verdad importan.

Entonces la inflación resulta ser el verdadero indicador de que sucede en una economía nacional, si el ingreso que recibe un trabajador no es suficiente para comprar lo indispensable para vivir y mantener una calidad de vida, entonces todo lo demás no sirve para nada.

La canasta básica registra incrementos muy superiores al índice general de precios. El mes en el que se encendieron las alarmas fue abril, cuando los bienes de la canasta básica subieron 10.1 por ciento, mientras que la inflación fue de 6 por ciento.

Es por ello que insisto en manifestar que el alza de precios, inflación, empobrece más a los grupos de menores ingresos y esto es la verdadera señal de cómo va la economía nacional.

Debemos entender que la inflación no es exclusiva de México, sino esto es a nivel mundial y mientras que no se realicen, por cada nación la aplicación de programas o políticas públicas a favor de una infraestructura productiva con innovación y desarrollo tecnológico, países como México seguirán siendo rehenes de las presiones inflacionarias internacionales y nacionales.