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elcristalazo.com

Eran días de euforia y ambición.1991.

El gobierno de Carlos Salinas de Gortari se gestionaba en el entonces Distrito Federal a través de la tenacidad de Manuel Camacho quien albergaba la misión temprana de suceder a su amigo en el Poder Ejecutivo. A todo iba.

No había logrado la Secretaría de Gobernación, pero a cambio gobernaba la ciudad de México a través de un departamento administrativo cuyo presupuesto superaba al de cualquier otra entidad republicana.

Dispuesto a abarcarlo todo, aunque en nada apretara demasiado (ni en lo suyo) y desde entonces celoso del promisorio panorama de Luis Donaldo Colosio, Camacho halló en el mundo cultural una veta fructífera para su presencia constante en los medios y su promoción política. Una ventana más. Y con la ayuda de Alejandra Moreno y Mónica Lozano (entre otras personas), emprendió labores de rescate de diversas manifestaciones artísticas y hasta deportivas o taurinas, cuando todavía la tauromaquia tenía un lugar propio.

En ese tiempo, Camacho destrabó los conflictos del Teatro Blanquita (para gozo y festejo de Carlos Monsivais y Margo Su); el Frontón México y el coso de la Ciudad de los Deportes. También fue rescatada la decrépita vecindad donde había vivido Ramón López Velarde, cuya muerte a los 33 años, segó la vida del más fervoroso de los erotómanos del remordimiento en la poesía mexicana.

Y fuimos a la inauguración y todo olía a madera nueva en los pisos y supimos de la constitución de un patronato y una institución de Asistencia Privada dirigida desde sus comienzos por la gentilísima María del Carmen Férez.

Años antes, en los lluviosos días de la adolescencia protegida en la biblioteca paterna, David Huerta y yo habíamos conjugado un verbo nuestro y alegre: vamos a “lopezvelardear”. Y con los versos zacatecanos, con tintineo de plata y textura de enagua arrebatada, descifrábamos las claves ocultas de la poesía en un juego primerizo, hermenéutico y feliz.

“Antes de que deserten mis hormigas, Amada, déjalas caminar camino de tu boca a que apuren los viáticos del sanguinario fruto que desde sarracenos oasis me provoca. “Antes de que tus labios mueran, para mi luto, dámelos en el crítico umbral del cementerio como perfume y pan y tósigo y cauterio”.

Ni modo, sexualidad oral, en todos sentidos.

Años más tarde, ya en la mutua vejez, David Huerta (qepd) me llevó casi a la fuerza a presentar ahí un libro mío escrito durante la pandemia. Con sillas colocadas en el patio interior, un par de micrófonos y muchos amigos y amigas, hablamos de periodismo, de viajes, de nostalgias. Raymundo Riva Palacio y Humberto Mussachio nos acompañaron y presentaron los textos. Fue una noche memorable y hubo vino y abrazos y firmas en los libros olorosos a papel fresco.

Pero hoy la “Casa del Poeta”, incapaz por pobreza y abandono, de seguir adelante con su labor de custodia de las colecciones de Novo y Efraín Huerta y su paciencia de promotora de la obra y el aprendizaje de la poesía, y la presentación de obras juveniles y refugio y resguardo y pozo tranquilo en el furor de las calles y avenidas de la abigarrada colonia Roma, se ha venido abajo.

No ha perdido ni un ladrillo (todavía), pero su naturaleza ha sido desvirtuada por el esnobismo político y cabaretero de las activistas enquistadas en ese difuso campo donde Morena mal comprende la cultura.

Como nada vale su obra, se engrandece en la maniobra.

La secretaria de Cultura, la señora Mor, le ha hincado el cabaretero colmillo a la casa y la quiere transformar en algo así como la sucursal del teatro de La Capilla donde ya muerto Salvador Novo sólo quedó de él la imitación sin gracia de sus preferencias. De la diferencia a la intrascendencia. De la diversidad a la perversidad. Herencia la Chucha y otras.

“Teatro Cabaret Reinas Chulas (ni lo uno ni lo otro). A.C., se creó en el 2005. Su constitución respondió a un intento de aportar el cabaret como una herramienta lúdica que pudiera servir (o no) a distintas causas sociales.

“Su misión fue “propiciar el desarrollo de una cultura crítica y reflexiva por medio del cabaret, entre los actores y actrices cabareteras, lxs espectadorxs (sic, sxc) del cabaret y distintas organizaciones no gubernamentales y/o asociaciones civiles con la finalidad de lograr que este género teatral pudiera servir (o no) como un medio de comunicación, información y de educación en distintos ámbitos y espacios, y no únicamente como un medio de divertimento dentro de un foro teatral”.

La piedad obliga a no tomar en serio todo ese rollo, el cual sin embargo ha servido para otros aparentemente más serios: los morenos quienes han llevado a todo el rebaño a las posiciones más altas de la administración de la cultura gubernamental. No de LA cultura. De la cima al Fondo.

Sin embargo, se ha creado una organización para defender la casa y preservar su sentido original (desde mi punto de vista con dudosos resultados finales).

A fin de cuentas, para los carnavales del chulerío, chulesco, chulapón, quedan muchos otros espacios siempre y cuando el gobierno de la ciudad no los destine a la exposiciones de axolotes cultos y axolotas sabihondas.

Pedirle a doña Clara Brugada comprensión de algunas expresiones culturales lejos de Teotongo, resulta arduo. Y de Ana Francis López Bayghen Patiño (Francis Mor, como es su nombre de bataclán), ni hablar.

El Comité en Defensa de la Casa del Poeta Ramón López Velarde ante el panorama de convertir la casa en una especie de Café Concert (como el “Cabaretito” de Vasconcelos), planteó su inconformidad a la jefa de Gobierno Clara Brugada y a la secretaria de Cultura capitalina, en medio de protestas y pancartas…

“El comité destacó (Excélsior) que la reestructuración propuesta, el pasado 9 de junio, al recinto dedicado a la poesía desde hace más de tres décadas “contraviene el objetivo para el cual fue creado, vulnerando su identidad y su función institucional”; por lo que exigieron que se mantenga la vocación original de la Casa del Poeta Ramón López Velarde y su nombre, por lo que deberá retirarse “el nuevo programa” de “manifestaciones artísticas ajenas a la poesía, como el cabaret”.

“Solicitan además la protección del patrimonio bibliográfico y documental, pues la casa alberga las bibliotecas Salvador Novo, Efraín Huerta, el Tercer Fondo Editorial y un archivo audiovisual”.

Todo eso suena lógico y sensato. Pero nadie les va a hacer caso. Café concert por cabaret. Vaya cambio.

El atropello y el capricho sectario son signos de esta administración Y si hubiera duda de ello, pues ahí está –en otro ámbito–, la encubierta prohibición de la fiesta mexicana de toros, la cual –por cierto–, este año cumple 500 años. En plena agonía.

Por la puerta ahora amenazada de la Casa de la avenida Álvaro Obregón salió Ramón López Velarde a encontrarse con la muerte. Abandonó la casa para encaminar a un amigo y la pulmonía lo encañonó.

Guillermo Sheridan, sobre la depravación inmobiliaria que nos ocupa ahora, ha citado:

“…Recuerdo lo que escribió un gran admirador de López Velarde, Pablo Neruda, en sus memorias:

“…Es claro que los enemigos de la poesía siempre pretendieron asestarle una pedrada en un ojo o un golpe de garrote en la nuca. Lo hicieron en diversas formas, como mariscales individuales enemigos de la luz, o regimientos burocráticos que con paso de ganso marcharon en contra de los poetas. Lograron la desesperación de algunos, la decepción de otros, las tristes rectificaciones de los menos, pero la poesía siguió brotando.”

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