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Últimamente, estimo, que el presidente ha estado dando muestras de debilidad al estar actuando de forma atropellada en la toma de decisiones que no le abonan a él ni en su popularidad ni a su movimiento político en aras de alcanzar la victoria de su partido, Movimiento Regeneración Nacional, para las elecciones del 2024.

Primero, hemos visto que, atropelladamente, ha querido promover el proceso de Revocación de Mandato, sin darse cuenta de que no es un proceso de ratificación de mandato, sino todo lo contrario. Es un esquema que, aunque originalmente fue diseñado para que el presidente fuera actor político protagónico en las pasadas elecciones del 6 de junio, la oposición volteó el sentido de la propuesta, para hacerla como castigo por la “pérdida de confianza” del pueblo a su presidente, como lo dicta la Constitución vigente, haciéndose al año siguiente de las elecciones federales.

Esa reforma fue aprobada con ese cambio sustancial a instancias y con la presión de la oposición, ya que implicaba una reforma constitucional y MORENA y sus aliados no han tenido en el Senado los votos suficientes para hacer reformas constitucionales.

Ahora el presidente ha querido cambiar de nueva cuenta el sentido de la reforma constitucional dándole un giro a la pregunta que se le hace a los ciudadanos sobre la revocación del mandato, para convertirla a ratificación de mandato, cuando ésta reforma a la ley orgánica estaría hecha para regular los detalles de la revocación de mandato, pero que, como ley secundaria, no puede ir más allá de lo que dicta la constitución, por lo que estaría destinada al fracaso por su inconstitucionalidad.
El presidente por eso ha promovido utilizar a la actual legislatura, en donde tiene más fuerza, sobre todo en la Cámara de Diputados, para poder, con su mayoría simple, hacer cambios a las leyes secundarias, con menosprecio a los dictados constitucionales.

Con su mayoría mecánica con la que cuenta MORENA en las comisiones de la Comisión Permanente, de forma atropellada aprobaron la aberración descrita, cambiándole el sentido a la pregunta para la revocación del mandato del presidente.

Bueno, ya sabemos el resultado de esta intentona que descarriló al no poderse citar al Congreso para hacer un período extraordinario, que requiere para su convocatoria, una mayoría calificada de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, mayoría con la que MORENA no cuenta.

Hay otras pifias que ha cometido el presidente, la más burda de todas fue su viaje a Bariguariato, sobre todo, después de que las elecciones en los Estados del Pacífico han dejado una estela de sospecha por la supuesta intervención en ella del crimen organizado.

El presidente ya ha acudido en tres ocasiones a esa pequeña población de Sinaloa, cuna del Cartel de Sinaloa. En la última visita, con pretexto de la veda informativa resultante de la Consulta Popular sobre los “agentes políticos del pasado”, convenientemente, no permitió prensa ni reportajes de su visita.

Además de la carta responsiva de los padres de familia cuyos hijos entrarán a clases presenciales, emitida por la SEP que ahora, por mandato presidencial, dejó de existir y nunca existió.

Y, el más reciente desliz del presidente, es la persecución ridícula de Ricardo Anaya, utilizando a su as acusador, Lozoya Austin, y burdamente haciendo cambiar declaraciones de este personaje en un expediente de la FGR.

Así veremos más y más a nuestro presidente dando traspiés, mismos que la oposición debe aprovechar como oportunidad de ir minando su popularidad y credibilidad.

Lo que le falta a la oposición para continuar aprovechando esta gran oportunidad, es hacer una propuesta congruente de plan de gobierno, que esté principalmente basado en el respeto del Estado de Derecho para darle certidumbre a los mexicanos que no se les va a molestar en sus libertades para que emprendan sus actividades, y a la inversión extranjera garantizarles que las reglas del juego no estarán al capricho de un solo hombre sino de las decisiones que se tomen por las instituciones del Estado que estén basadas en la Constitución y en los Tratados Internacionales en donde México es parte.