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Pues sí, como Martina la mancornadora incapaz de exponer al dueño del reloj y del caballo, Morena se encamina a sus 16 años y en el valsecito de su deslucido festejo por los 15, muchas preguntas se quedan sin respuesta aceptable, ¿de quién es ese balasto, de quién será el huachicol…? Hace quince años en el doble aprovechamiento de la inolvidable y provechosa fecha del dos de octubre (cuya mención inflama los corazones de la izquierda) y el acrónimo de profunda evocación guadalupana, nació Morena, cuyo amasijo conceptual mezcla el neo evangelismo macuspano de los panes y las pensiones entre el Che Guevara y Jesús de Nazareth, hasta para nombrar el hijo menor del patriarca perpetuo, quien resulta el inmutable, indiscutible, indisputable centro de ese universo expansivo a toda costa. Hoy sigue siendo sobre de Dios en la tierra (como el Sha de Persia) gracias a la confesada devoción del Palacio Nacional. Hoy quizá como nunca antes son ciertas las palabras del fundador de Morena en una asamblea de 2014: “…En nuestro país existe una república aparente, simulada, falsa, hay Poderes Constitucionales, pero en los hechos un grupo ha confiscado todos los Poderes…” En aquellos años sin acordeones judiciales ni falsificadas mayorías parlamentarias. Para llegar a aquel estadio, ya se sabe, López había logrado el poder dentro del Partido de la Revolución Democrática hasta la eliminación de Cuauhtémoc Cárdenas hasta reducirlo a la invisible e inservible condición de “líder moral” (insuficiente para la acción política). Luego el sabotaje perredista y después la escrituración a su nombre del Movimiento interminable. Pero hoy la fiesta no tiene ni siquiera un pastel de Chocolate Rocío. Como chambelán desde la selva, López lanza a la circulación en coincidencia con la fecha, un libro voluminoso e innecesario con el nombre del pueblo en el cual da directrices hasta ahora desatendidas o atendidas a medias especialmente con las candidaturas a gobiernos estatales. Morena ha pasado en quince años de ser “La esperanza de México” a la vergüenza de México. Al menos por cuanto hace a algunos de sus militantes. Una cosa es la enunciada nobleza de sus “principios” (casi siempre traicionados) y otra muy distinta el incumplimiento de su larguísimo decálogo de cien puntos, los cuales son un extracto o un refrito (las más de las veces), de las frases oportunas de un político con verborrea (lo he dicho muchas veces), cuya ideología es la fraseología. La gran diferencia entre sus antecedentes priistas y su acción administrativa es la proliferación de los “programas sociales” cuya prolijidad los convierte en imbatibles recursos electorales. Si el PRI se robaba las urnas, Morena ha sobornado a los electores. Menos estridencia y más gratitud acumulada. Eso es todo. Pero la fórmula comienza a presentar fallas. En sus primeros quince años de vida, Morena da señales de artritis presupuestal. Ya le crujen las rodillas, se le inflama el epiplón; necesita chiqueadores en las sienes y un tecito de pelos de elote para el dolor de riñón. Su peor síntoma ha permitido la triplicación del “NI”. Si los “nini” no tenían NI estudios NI empleo; ahora ya no tienen NI estudios, NI empleo, NI pensión de aprendices. Tampoco tienen NI p’al chesco. Uno de sus programas insignia se ha vuelto insignificante. Veamos. El ya dicho programa por cuyo ensalmo monetario se rescataría a muchos adolescentes de las garras del crimen organizado y sus reclutadores y cuyo nombre es de alta sonoridad: “jóvenes construyendo el futuro”, ahora se queda en el pasado. Como se sabe, el plan comenzó en 2019 “con el objetivo de incorporar a ese grupo de edad a un programa que tendría una duración de 12 meses con una transferencia de nueve mil 582 pesos por año, más Seguro Social. “Estaba focalizado en los municipios y colonias con alta incidencia delictiva y pobreza, dentro de una lógica de prevención social. No hay evidencia de que ese objetivo haya funcionado, quizás en parte porque requería de una lucha contra los criminales, a lo cual López Obrador siempre se negó y les permitió operar libremente, pero sí tuvo avances en su integración en el mercado laboral. La Secretaría del Trabajo estima que siete de cada 10 de los jóvenes que participaron encontraron empleo (formal), una ocupación productiva (informal) o regresaron a estudiar”, dice un analista. Pero hoy todo ese beneficio, del cual no hay evidencia de utilidad permanente, se ha venido abajo. Si se quiere temporalmente, como explica la versión presidencial, pero es un síntoma de insuficiencia presupuestal, así se le quiera disfrazar como la conveniencia dicte. “…Ya no va a haber, de aquí a, a diciembre, ya no, o sea, ya hay suficientes jóvenes en el programa y de aquí a diciembre ya no va a haber nuevas inscripciones (noai, noai, decía Héctor Suárez). “Inicia (se inicia) nuevamente en enero, pero no es que se suspenda el programa, sino que ya, digamos, se cumplió prácticamente con la meta y ya vamos a iniciar las inscripciones en enero”. ¡Ah!, ta güeno. La explicación presidencial es conmovedora: es que ya hay muchos jóvenes. Bendito sea el altísimo. Pero la fiesta sin vals, ni crinolina, ni una escalinata con vapores de hielo seco y flores artificiales, ha sido tristona. El Auditorio Nacional repleto de fervorosos militantes y el negrito en el arroz (atroz), la mosca en el pastel: Andy, el Andy de todas las jaquecas palencanas, el junior sin brillo ni personalidad. El generador de murmuración y acusaciones. Andrecito Huachicol le llaman algunos malquerientes. | “No hubo para él espacio en el presídium –dice una crónica–, donde sentaron a personajes cercanos a López Obrador como César Yáñez, Bernardo Bátiz, Bertha Luján (mamá de la consejera jurídica y calificadora de medios, Luisa María Alcalde) y Consuelo Sánchez, entre otros. “…De los 22 Gobernadores morenistas faltaron siete, entre ellos la tlaxcalteca Lorena Cuéllar y el nayarita Miguel Ángel Navarro, quienes no salieron favorecidos en la definición de candidatos a sucederlos”. Marina del Pilar, sin visa y sin pena logró imponer a Julieta. “La dirigente nacional morenista Ariadna Montiel quiso darle a la cabecera su toque “del bienestar”, por lo que llevó a varios beneficiarios de programas sociales, quienes se mezclaron con Mandatarios estatales, fundadores y dirigentes…El regaño de la lideresa fue indirecto, frente a los próximos meses que se tornan difíciles por la repartición de candidaturas…. “…Para cuando Montiel hacia un repaso de los momentos claves del morenismo, medio Auditorio ya se había salido…”, dice una crónica periodística. Pero mientras el esquirolaje merma la potencia de Morena con una forma extraña de alianza, los resentidos y desplazados miran hacia el Partido del Trabajo. Eso no sucedía hace quince años. Hoy Morena sucumbe a los chantajes hasta en sus propias filas, como sucedió con Andrea Chávez quien enfurruñada por perder Chihuahua en una encuesta (dicen), se quedó con Ciudad Juárez sin encuesta. Eso se llama congruencia. Y así sucede con la Tía Tatis, como le llaman a la furibunda Clouthier o con Félix Salgado Macedonio quien nomás no se resigna a perder la reelección, aunque sea el primer caso de continuidad inversa: colocó (con respaldo de López) a su hija Evelyn Cesia en el gobierno estatal de Guerrero y ahora la quiere suceder. En otros casos el varón le hereda el cargo a una señora, como tantas veces hemos visto. Como Lula y Dilma, no piense mal. “Yo me amparo en el artículo 35 y 39 constitucionales (dijo el toro). La Constitución es superior a cualquier partido y sus estatutos. O la Presidenta llama a respetar la Constitución o a no respetarla”, ha dicho el senador, decidido a desafiar el impedimento morenista del nepotismo. Y otro tanto quiere hacer Raúl Morón en Michoacán. Mientras tanto la alegría por la quinceañera se expresa de muchas formas. Para ellos la más significativa (así sea de dientes para afuera), es el confesado orgullo de quien se ha definido como una militante en pausa, la señora presidenta (con A) de los Estados Unidos Mexicanos, Claudia Sheinbaum quien dice ufana y alegre (quizá también de la dentadura al exterior): “…Me siento muy orgullosa de pertenecer a este movimiento. Desde el Gobierno llevamos a cabo los principios y la visión del humanismo mexicano… Yo lo que pienso es que los gobernantes que provenimos del movimiento tenemos principios. El más importante o los más importantes: no mentir, no robar y no traicionar al pueblo”. Así, entre problemas presupuestales, terrorismo fiscal, confusiones jurídicas, riñas con el vecino del norte, alta presencia del narcotráfico, violencia, despariciones, descredito internacional; gobernadores señalados por nexos con el crimen organizado y turbios negocios familiares, Morena tapa el sol con quince dedos. Uno por año. –0–
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