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Número cero/ EXCELSIOR

El destartalado sistema de partidos de los últimos 20 años chirría por todas partes en el choque con nuevas realidades políticas del país. Es el ruido agudo, continuado y desagradable de los antiguos partidos mayoritarios defendiendo una “edad de oro” que nunca existió más que para sus cúpulas. Las dirigencias del PAN, PRI y PRD ocupan el lugar preferente de una representación icnográfica de un pasado que casi nadie admira, ni pide al tiempo que vuelva.

La paliza en las urnas en 2018 los paralizó contra todo pronóstico de autocrítica, reforma interna y renovación. La defensa de las peores prácticas y formas políticas generó un trastorno como ocurre con la esclerosis múltiple cuando el sistema inmune ataca la mielina que protege las células nerviosas del cerebro y médula espinal. En casi un sexenio no salen del asombro en un frente de izquierda y derecha “antiobradorista”, que Morena supera y borra del espectro político, por un lado, con la política social, y de otro, con la militarización y la ortodoxia macroeconómica. La polarización no permite a nadie ocupar el centro.

El crujido ahora aumenta por la definición del método de la candidatura presidencial sin reglas partidistas ni proyecto político que aísle los cortocircuitos de la lucha por el poder. Sus dirigencias pretenden suplir la mielina en el cuerpo del Va por México con el control del debate interno y la marginación de aspirantes ajenos a las cúpulas, pero la idea se presta a la caricatura lejos de inmunizarlos. En efecto, la esclerosis ralentiza su pensar y su marcha bajo el ritmo de tiempos que marca Morena de la sucesión. Van lento y tarde para resolver su proceso interno y, lo más probable, terminarán replicando el método de encuesta de López Obrador para determinar al candidato más popular y evitar fracturas.

La parálisis, sin embargo, comienza a descuadrar las estructuras de los aliancistas. A la cúpula panista la desbordan escándalos de corrupción y la derecha populista con una outsider de la política como Lilly Téllez, que desde su liderazgo en las encuestas podría imponerse a Santiago Creel. La idea de depurar las listas con miles de firmas para proteger al favorito sólo confirmaría un trastorno autoinmunitario en el partido que lleva la batuta de la sucesión en el bloque opositor, que intoxicará la alianza como ocurrió ya con la exclusión del PRD de las definiciones del Edomex.

El huracán electoral de Morena rompe los equilibrios del sistema de partidos y abre la puerta a un realineamiento con un PAN disminuido y el PRI en vías de extinción, como augura el resultado de la elección en Edomex. En esa dirección se mueve Movimiento Ciudadano con una campaña contra el PRI porque su desaparición dejaría vacío el centro político a una fuerza con vasos comunicantes con el “obradorismo” y aislar al PAN. El sueño de Dante Delgado es ocupar el espacio de la socialdemocracia que ostentó su viejo partido, al que una derrota dejaría muy debilitado hasta para el rescate del PAN y la fuga de operadores a Morena.

Su estrategia no es la de un simple esquirol del bloque opositor, como dice Alejandro Moreno para contestar su campaña “ni un voto al PRI”. El próximo sexenio, en los cálculos del “obradorismo”, una fuerza centrífuga jalará a los partidos tras la polarización y radicalización del gobierno de López Obrador. Desde esa posición del espectro político, MC puede servirle como una izquierda moderada y dialogante con la que pueda pactar si fallara el plan C de alcanzar mayoría absoluta en las urnas, y sin el lastre de la historia de corrupción e imperdonable oposición del PRIAN contra su líder máximo. Morena tiene nexos cercanos con MC a través de Ebrard y Monreal, a los que se ha mencionado como posibles candidatos suyos, aunque eso trastocaría su convergencia.

Las estructuras partidistas chirrían por el realineamiento de fuerzas que se avecina hacia el siguiente sexenio, aunque su profundidad y alcance dependerá del peso electoral que conserven en las aduanas de Coahuila y Edomex y, por supuesto, en la presidencial, a la que ni siquiera hay seguridad de que lleguen unidos. Tiene aún que resolver la candidatura presidencial sin vaina de mielina que sirva como el aislamiento de un cable eléctrico para evitar los cortocircuitos de la rebatinga por el poder.