«Verdad, respeto al Estado y sus instituciones, y pluralidad», así inició Kenia López Rabadán, su informe de labores como presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, donde destacó más de 3 mil 600 intervenciones parlamentarias, la aprobación de 150 dictámenes, 541 acciones de comunicación con medios, entre ellas 116 conferencias, 168 entrevistas, 257 comunicados; al tiempo que subrayó que durante su presidencia no cerró el micrófono a ningún orador y que buscó que la confrontación política se mantuviera dentro del cauce institucional.
Ante la presencia de los tres Poderes de la Unión, al presidente de la Junta de Coordinación Política, Ricardo Monreal Ávila, y a los coordinadores parlamentarios del recinto de San Lázaro, la panista agradeció el acompañamiento que le dieron.
«Orgullo, por haber ocupado la responsabilidad más grande de mi vida parlamentaria. Y humildad, porque soy consciente de la relevancia y la magnitud del encargo. Presidir la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados durante este Segundo Año legislativo significó asumir la responsabilidad de conducir una Cámara plural y paritaria en un momento histórico de enorme intensidad política y legislativa. Cuando tomé protesta, me comprometí a devolver el protagonismo a la palabra y a la verdad para que el Pleno garantizara su naturaleza como espacio de encuentro. Agradecida por haber tenido el honor de ocupar la titularidad de uno de los Poderes del Estado mexicano y de haberlo logrado con el apoyo de los legisladores que son mis pares…
«Cuanto tomé protesta, ante la polarización tan compleja que se vive en las calles, en las redes sociales y en el debate público en general, tenía la necesidad de garantizar un espacio de debate institucional y mi convicción ética me obligó a buscar que ese espacio fuera esta Cámara de Diputados. Tres principios me guiaron en cada decisión y en cada acción desde la presidencia. Primero, hablar siempre con la verdad. Pese a todo y contra todo, decir la verdad. Segundo, respetar al Estado y sus instituciones. Tercero, dar voz a la pluralidad y la diversidad de pensamiento», externo.
López Rabadán aprovecho su informe para reivindicar el diálogo con los otros Poderes, con el cuerpo diplomático, con universidades, jóvenes, mujeres, productores, jubilados, empresarios y organizaciones sociales, pero también lanzó una definición de fondo: el poder no puede estar por encima de la ley y ninguna mayoría debe confundir legitimidad con facultad para hacer cualquier cosa.
«El Estado necesita que respetemos sus instituciones porque el país necesita que éstas les sirvan a los mexicanos. La pluralidad reconoce el valor en la diversidad y busca que la libertad de todos se respete siempre. Sólo con el respeto al otro, a lo otro, a su pensamiento y acción podremos tener una patria en donde nadie esté por encima de la ley y en donde nadie sea reprimido por sus convicciones. Eso es justicia y debemos anhelarla siempre. México nos exige ponernos de acuerdo, escucharnos y actuar con institucionalidad. Los dolores y las injusticias no podrán tener solución si existen los abusos y la indiferencia», destacó.
El próximo 31 de agosto concluirá formalmente el encargo, y cierra con una defensa abierta de la institucionalidad y con la reivindicación de que la oposición también puede ejercer el poder con responsabilidad.
Previo a este mensaje los coordinadores parlamentarios fijaron posición sobre el trabajo realizado durante este año, por la panista. Ivonne Ortega, de Movimiento Ciudadano, reconoció públicamente a López Rabadán más allá de las diferencias partidistas.
“La democracia necesita diferencias, tú y yo no coincidimos en muchas cosas, pero hoy no tenemos que pertenecer al mismo partido para reconocer que no hace falta solo llegar, sino saber qué hacer cuando se llega al poder; y que ningún espacio de poder se convierta en protección para nadie”, señaló.
En su oportunidad, Ricardo Monreal Ávila, líder parlamentario de morena, indició «le expreso a Kenia mi respeto, mi reconocimiento y nos vamos a enfrentar y encontrar ideológicamente, pero nunca seré tu enemigo, de nadie, soy simplemente un adversario político temporal y espero que todos nos veamos así. Con estos actos demostramos que la pluralidad no tiene por qué conducir a la división; que el debate no necesariamente lleva a la ruptura, y que las diferencias, cuando se procesan institucionalmente, pueden convertirse en una fortaleza de la democracia», apuntó.