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A una semana de que ocurrió la mayor tragedia en la historia del Metro de la Ciudad de México, hasta el momento, no hay ningún cese de funcionarios, renuncias y mucho menos, algún responsable detenido por el accidente en la Línea 12 que se ha cobrado la vida de 26 personas y ha dejado a más de 70 con lesiones, algunas de ellas graves que los tienen debatiéndose entre la vida y la muerte, mientras que otras más, quedaron con alguna limitación física de por vida.
La insensibilidad y la resistencia de las autoridades de la capital del país para remover o pedir la renuncia de Florencia Serranía, directora del Metro, ha causado indignación entre la clase política nacional y la población, la cual se volcó en las redes sociales para exigir justicia y castigo a los culpables.
A manera de justificación para no quitarla del cargo, la Jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, ha dicho que debe hacerse una investigación y un peritaje que determinen lo que ocurrió, antes de señalar a posibles culpables.
Sin embargo, pareciera que Sheinbaum Pardo no ha tomado en cuenta que no solo se trata de la peor tragedia en la historia del Sistema de Transporte Colectivo -el más importante del país-, sino que además, desde la llegada de Serranía Soto al Metro, se han presentado los peores accidentes en el transporte que diariamente transporta a 4.6 millones de personas. La protección ha sido total, sin importar el sangriento saldo.
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