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Vicente Quirarte. RIP
Hace unos días, en una grabación para la TV, Francisco Martín Moreno me hablaba sobre la etimología náhuatl de la palabra aguacate: el testículo (ahuácatl), no solo por su forma ovoidal sino por la forma como el fruto pende de la ramazón del árbol tal como el atributo varonil cuelga entre las piernas masculinas, sobre todo cuando avanza la edad. Eso no lo dijo Francisco, lo evocaba con elocuente resignación el gran Renato.
“…Y es que se largan las cejas mientras se pierde la vista. Ya no te pelan las viejas ni logras una conquista… “…Mientras los huevos se alargan mientras se acorta la pinga. Esa largura te embarga, y esa cortedad te chinga…”
Pero independientemente de esas disquisiciones líricas o lingüísticas sobre los tompiates (también palabra náhuatl), el aguacate, como producto agrícola, es fuente de enorme riqueza en varias regiones del país, pero también muestra de la fragilidad de nuestra cara soberanía nacional.
Somos tan soberanos como quieran los aguacates del imperio del norte.
Algunos (si este texto tuviera muchos lectores), se podrían preguntar cuál es la relación del colgante “avocado” con la impoluta soberanía de la patria a la vez –como diría Don Vicente Riva Palacio de aquella monja casada — virgen y mártir.
Pues muy simple la recolección y empacado del aguacate y su posterior exportación para los Estados Unidos (el mercado vale 3 mil 600 millones de dólares) depende del criterio calificador de los inspectores del comprador. Y si un inspector gabacho reprueba la sanidad del producto (o la seguridad de los inspectores), solamente por sus dídimos, pelotas, huevos o cojones, la exportación se hace imposible.
Y entonces –ya sea por razones fitosanitarias o por amenazas contra los intrusos tolerados– los mexicanos caemos en el síndrome del hormiguero tapado; lo cual procedo a explicar con el mayor detalle posible.
Como todos sabemos las hormigas, estos insectos prodigiosos de quienes –dice Maeterlinck—mucho deberíamos aprender, dependen para su existencia de la organización colectiva. Viven en galerías subterráneas y sus colonias tienen un paso de entrada y salida. Casi como el Paso de Cortés, hoy de los pueblos indígenas.
Por ahí suben y bajan. Por ahí llevan el alimento transportado con extraordinaria fortaleza en un incesante ir y venir de toda la vida. Pero cuando algo o alguien tapona o agrede la boca del hormiguero, entonces todas enloquecen y se agitan, pero dejemos esa descripción en la pluma de un premio Nobel, el ya dicho Mauricio Maeterlinck:
“…si (la entomóloga Margarita de Combes) colocaba, encendido, en la cima del hormiguero un cabo de vela de dos a tres centímetros de altura, inmediatamente caían sobre él, furiosamente, las primeras obreras que le veían; cundía la alarma en el nido y no tardaba en reunirse una multitud enloquecida que formaba corro en torno a la zona…”
No se sabe si la comunicación sobre la emergencia se hace en las “mañaneras” del hormiguero o con toques de antena de unas a otras para comunicar tan grave circunstancia, pero en el caso nacional y el aguacatazo frecuente de los americanos y sus mil y una formas de ejercer presión sobre el vecino (el vecino viene siendo nuestro michoacano hormiguero), la acongojada agitación llega de inmediato.
Primero con una suave voz de imaginaria intrascendencia y después con emergentes movilizaciones militares y policiacas de agilidad y competencia no vistas antes del anuncio vil, con lo cual uno se pregunta: si no es tan grave por qué entonces tanta movilización, como ocurrió en el caso cercano, porque cada y cuando ellos cierran la puerta a nosotros se nos suben los aguacates al cogote. Como el agua.
La prensa internacional nos recuerda:
“…La presidenta (con A) ha intentado calmar las aguas recordando que Estados Unidos ha parado las exportaciones desde México “como cinco veces” antes.
“Las últimas fueron en 2022 y 2024. En la primera, uno de los inspectores de la USDA fue amenazado por un grupo criminal, por lo que Washington detuvo el procesamiento del fruto durante ocho días. Después de acordar medidas de seguridad con el Gobierno de México, las actividades en la región aguacatera se reanudaron.
“En esa ocasión el paro coincidió con la celebración del Super Bowl, cuando el consumo de aguacates se dispara en Estados Unidos por la tradición del guacamole que alcanza envíos de hasta 127 mil toneladas desde México. La de hace dos años se derivó de la retención en bloqueos de carretera de dos funcionarios estadounidenses”.
Para evitar estas situaciones cada y cuando se necesita, el supremo gobierno (dotado de infinita sabiduría) despliega una nueva versión del infinito y recurrente Plan Michoacán. Una verdadera gloria.
“…A nueve meses de iniciado el plan, el cuarto en materia de seguridad destinado exclusivamente para Michoacán en 20 años, la estrategia está obligada a fortalecerse. Desde Uruapan operará un Centro Regional de Fusión de Inteligencia y el puesto de mando que coordinará el despliegue. Se establecerán bases de operación en 17 empacadoras y 29 bases en municipios productores, además de vigilancia de la Guardia Nacional en las principales vías de comunicación y acompañamiento a personal de Senasica en puestos de inspección, como lo presentó el General Ricardo Trevilla, titular de la Defensa.
“Esto se suma a los 860 militares que ya estaban destinados a responder a las denuncias de los aguacateros, 820 dedicados a los limoneros y una línea de denuncia anónima anunciada en noviembre”.
Pero ni los planes ni los soldados cambian las cosas. En el fondo se trata de reaccionar ante un estímulo (o amenaza) del exterior.
No se han desplegado todos los planes de seguridad (infructuosos hasta ahora) por conveniencia michoacana o nacional sino porque de ese modo lo imponen los estadunidenses en su incesante intromisión en el país.
Dejarlos entrar no anula las intenciones de su ingreso. La conveniencia (o la exigencia), ha convertido la siempre invocada, defendida, sacralizada, teologizada, soberanía en algo elástico y concesionable. Un ejemplo superior a los aguacates.
En el año 2025, la señora presidenta (con A), nos dijo:
“…los sobrevuelos de drones estadunidenses (para recolección de datos para la CIA, espionaje pues) son parte de la colaboración y cooperación desde hace varios años con el gobierno de Estados Unidos y por eso, “no hay nada ilegal”.
“…lo que hay es una colaboración y una cooperación que tiene muchísimos años… entonces no hay nada ilegal, y es parte de una colaboración y de una coordinación en donde se comparte la información. Siempre en el marco de los cuatro principios esenciales de la colaboración entre Estados Unidos y México en donde un elemento principal es el respeto a nuestra soberanía… ”
Debemos recordar (como mandan los lineamientos en defensa de las audiencias o los lectores), el contexto de esas declaraciones.
Toda la retahíla legalista fue porque el NYT publicó los sobrevuelos de la CIA sobre el territorio mexicano. Así, la jefa del Ejecutivo cuestionó ¿cómo es que salió la nota de los drones estadunidenses en el diario The New York Times? ¿Qué es lo que quieren promover?»
“…Ahora la pregunta es por qué sale en la nota en el New York Times, quién le da esa nota al New York Times, qué quieren promover con la nota y todos los corifeos que se desatan en medios mexicanos o en la oposición, como diciendo es que la presidenta de México es débil, tuvo que ceder frente al espionaje del gobierno de los Estados Unidos, (que) hay violación a la soberanía cuando en realidad es un protocolo de coordinación y colaboración… para nosotros la soberanía no es negociable”.
“Segundo, porque siempre decimos la verdad, nunca escondemos nada. Nosotros tenemos tres principios, no mentir, no robar y no traicionar al pueblo”. Gracias.
Así pues la concesión (de conceder o concesionar) no implica cesión. Se llama colaboración o cooperación.
En ese sentido se debe comprender el alboroto de los últimos días entre el 5 y el ocho de este mes con el cierre aguacatero y la parcial reapartura.
Crónica publicó ayer:
“…la Embajada de Estados Unidos anunció la reanudación parcial de sus actividades en algunas zonas del cinturón aguacatero, después de que México desplegara más de mil 500 elementos del Ejército y la Guardia Nacional para reforzar la seguridad.
“Sin embargo, las autoridades estadounidenses dejaron claro que seguirán evaluando las condiciones antes de restablecer completamente sus operaciones…”
La vela sobre el hormiguero.
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