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Sin embargo, los sudamericanos rápidamente controlaron las acciones y aprovecharon las impresiones de México, pues desde la salida no había un control del balón como en los juegos anteriores, cosa que el vigente campeón olímpico no dejó pasar.

Por ambas bandas y por el centro de la cancha, los brasileños llegaban y cada acercamiento al área nacional era de peligro, Ochoa tuvo un par de intervenciones que pudieron cambiar el trámite del encuentro.

El arquero y capitán del equipo mexicano se encargó de poner calma en los momentos de más nerviosismo. Un grito o un achique solventaba las carencias defensivas de la zaga tricolor.

JUEGO PARA EL TRI
Segundo tiempo que empezó dinámico, pero de a poco las revoluciones descendieron por el cansancio natural, algo que benefició de alguna manera al Tri, pues pudo retener más tiempo el balón y generar peligro en el área carioca.

Lainez, quien ingresó de cambio, intentó, pero la zaga sudamericana lo frenó como pudo y no terminó por pesar lo que Lozano habría esperado.

Las imprecisiones se hicieron evidentes del lado brasileño, aunque no dejaba de ser peligroso y no dejó de mantener alerta a la zaga mexicana.

Por momentos, el Tri metió a los 11 de Brasil en su campo y acechó el área rival sin mayor preocupación para Santos y compañía.

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