Sin duda que resuelto el problema de los recursos para invertir en infraestructura y hacer frente a los compromisos que tiene el gobierno federal y los estatales es el mejor punto de partida para reactivar el crecimiento económico del país.
Pero, hace falta otro punto que aún no se resuelve, porque sigue invisible en el gobierno federal y este es la erosión de la institucionalidad en el país, que debilita el Estado de Derecho y mantiene la incertidumbre de los inversionistas, nacionales y extranjero.
Con la aprobación del paquete de ingresos en la cámara de diputados, se expresa alegría y confianza para que México pueda empezar a crecer por encima de, el 2.5 por ciento, promedio que mantenía el país en los últimos años del llamado neoliberalismo.
Ahora no alcanzamos a rebasar el 1.5 por ciento y esto no ha mantenido en un estancamiento, que, aderezado con la incertidumbre jurídica y social, pinta el panorama de México cada vez más obscuro.
Se afirma, por parte de los legisladores de Morena y partidos aliados, que con la captación de ingresos que se obtengan, que se estoma alrededor de 10,6 billones de pesos, México tendrá los recursos para hacer frente a todas las necesidades y estimular el motor de crecimiento económico.
Lo único que falta es tener esos recursos en las arcas de Hacienda. De no hacerlo, el crecimiento económico será simplemente buenos deseos.
Es por ello que este gobierno debe mirar al interior del país y reconocer la erosión que se ha hecho de muchas instituciones que permitían ofrecer seguridad y certidumbre a todos los pobladores del país y a los extranjeros que aportaban sus capitales en México.
La sustitución y desaparición de algunos organismos autónomos, que eran el contrapeso para el gobierno, abrió las puertas, nuevamente, a la opacidad, y ahora solo deberemos conformarnos con los resultados, cifras y estadísticas que no ofrezca el gobierno federal.
También deberemos acostumbrarnos a observar cómo el gobierno gasta mucho y en muchas ocasiones no es inversión productiva.
Pasamos en el sexenio anterior por un gasto excesivo y despilfarrador para construir los caprichos de una persona a pagar ahora por estos caprichos, y esta deuda por lo menos estará presente en las próximas tres o cuatro décadas, lo que pone un foco amarillo de atención a las autoridades.
Ahora la rendición de cuentas paso a hacer un discurso que solo culpa al pasado y no ofrece soluciones, que descalifica y aumenta la división y no busca la unidad.
Estamos en un país donde es más importante proteger a los suyos que mostrar que se combate a la corrupción. Que es más efectivo negar investigaciones que realizarlas o pedir pruebas para iniciar las mismas.
Estos factores no apoyan al crecimiento económico sino al contrario porque mientras que el gobierno no mire que deben fortalecerse las instituciones, a favor de la población y el bien común del país, seguiremos esperando “un milagro” para alcanzar crecimientos económicos por encima del 4 por ciento, que seguirán siendo insuficientes, pero al menos disminuirían los problemas.
El gobierno federal debe entender que la prosperidad empieza con la aplicar las leyes sin distinción, con la con la creación de certidumbre y sobre todo crear el ambiente para atraer capitales crear obras que, si impacten en el corto, mediano y largo plazo al desarrollo económico y social del país, pero también con el andamiaje que permita el desarrollo total de una democracia a favor de la población y no solo del partido político en turno en el poder Ejecutivo.
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