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NÚMERO CERO/ EXCELSIOR

Morena comienza a conocer las dificultades de cumplir la promesa de ejercer distinto el poder cuando se gana el gobierno, como ofreció para derrotar a la vieja clase política y diferenciarse de ella. De resolver sin divisiones los conflictos inconvenientes como en el Senado; de superar oposición o contrariedades en la renovación de su dirigencia sin recaer en viejas prácticas o en la tribalización interna. Los retos que a otros partidos impidieron ejecutar el gobierno y entender algo bien y pronto: ya no la manera de conseguirlo, sino el riesgo de conservarlo a partir de su primera cita con las urnas en 2021.

El PAN se cansó de decir antes del triunfo de Fox en el 2000 que el reto era ganar el poder sin perder el partido. El PRI nunca logró resolver la “sana distancia o cercanía” con el presidente como su jefe político máximo. Y el Ejecutivo de López Obrador confía en que su triunfo electoral haya sido suficiente para “cambiar las mentalidades” y con eso ahuyentar conductas que han acompañado al poder como el “oportunismo” o el “trepador” sin límites para alcanzar un cargo público o la reyerta entre tribus, como sucedió al PRD.

La salida de Martí Batres de la presidencia del Senado y sus acusaciones sobre viejas prácticas, como los “cañonazos” de dinero para justificar los votos de la derrota, son un balde de “agua fría” a esa visión optimista de creer en las urnas como “fuego purificador” para regenerar la vida política. No parece ni tan rápido, ni tan sencillo. Recuerda aquella idea ingenua del panismo de que su primer gobierno podría con la corrupción por un DNA moral distinto al priista. Esa confianza simplifica la complejidad del problema porque si la conducta política es un asunto de formación y ética personal, también es de reglas que limiten prácticas extendidas en todos los partidos de ver el servicio público como negocio personal.

La afirmación de que a Morena le hace falta regular su vida interna es una verdad de perogrullo cuando apenas es un movimiento electoral diverso y desarticulado. La corrección recae en sus liderazgos, y fundamentalmente, en el papel de guía espiritual y ética que quiere jugar el presidente López Obrador para intervenir en los conflictos como especie de custodia de la fe. Ése es su mensaje frente a la jugada de Ricardo Monreal para consolidar su espacio de poder en el Senado al advertir que “el político tradicional, el que está pensando cómo colarse, no ayuda en nada y no tiene futuro, porque el pueblo de México ya es otro”. Pero lo cierto es que la evolución de Morena pasa por institucionalizarse más allá de fallos morales.

El Presidente ha dejado correr la selección y el acomodo en los órganos colegiados de representación como en el Senado y la Cámara de Diputados, donde se avecina un conflicto por la tentativa de Morena de retener la presidencia los 3 años. También deja saber que no intervendrá en la renovación de la dirigencia. Pero se ubica como una especie de guardián de la doctrina o referente ético como prerrogativa para fijar los límites de la lucha por el poder, por ejemplo, al llamar a no repetir las viejas prácticas del acarreo y compra de voto en el Consejo Nacional. La discrecionalidad que puede adquirir el liderazgo personal, sin embargo, no ayuda a conjurar riesgos de división hacia las elecciones intermedias de 2021.

Una primera lección de la disputa en el Senado es que Morena deberá resolver el tipo de relación con el Presidente si quiere institucionalizarse y evitar la confusión entre partido y gobierno que trabaron a sus antecesores. Por lo pronto, un paso para salir de esa escaramuza es el acuerdo de la convocatoria para renovar a su dirigencia con padrón verificado por el INE y auditoría externa. Habría sido un desastre que un fracaso se sumara al escándalo en el Senado. Sin embargo, para muchos morenistas el episodio prendió “luces ámbar” sobre la repetición de viejas prácticas como la tribalización que llevó al PRD casi a su extinción, y sobre todo, la forma de relacionarse con el Presidente que originó la escisión en el PAN y castró al PRI.