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Abramos con un dato:

La imagen es universal del día cuando Jesús Murillo Karam presentó una especie de informe final sobre el crimen de normalistas con su verdad histórica.

Acto seguido, se despidió:

-Ya me cansé.

Era verdad.

De ahí se fue al hospital, un hospital privado porque es fifí y además dispone de seguro de gastos médicos mayores, y le declararon infartado.

O con pre infarto, porque el peritaje médico habló de atención oportuna y luego pudo regresar a sus oficinas alternas, no en Paseo de la Reforma, por poco tiempo.

Sólo para renunciar.

Se fue a su casa -en cuyo exterior fue detenido- y desde entonces, narran cercanos suyos, comenzó a recibir amenazas y una persecución implacable.

Contra él se fueron muchos: los familiares de las víctimas y vividores contratados por el Gobierno a iniciativa suya, sean argentinos o GIEI y la larga fauna costosa al erario para satisfacción de los leones políticos.

CUATRO AÑOS DE PRESIONES

Al relevo gubernamental de 2018 siguió un aumento de presión.

El Gobierno de López Obrador, con Alejandro Encinas de sabueso, lo buscó insistentemente y desde un principio él prometió colaborar.

Reforzó su equipo de abogados, se hizo del voluminoso expediente, entregaba cuanto le solicitaban los enviados del fiscal Alejandro Gertz Manero y Encinas.

Pese a todo, esperaba el golpe, la detención.

Es indiciado y deberá enfrentar los cargos de un proceso con móvil muy bien conocido en estos tiempos sexenales:

-Es la política -dijo él.

Cree estar preparado para su defensa y estaremos en posibilidad de corroborarlo el miércoles, en la audiencia de desahogo de pruebas.

Nadie apuesta por su libertad y mucho menos por su exoneración porque vivimos tiempos de caza electoral, pero tal vez sea la única posibilidad de saber la verdad sobre la noche de Iguala.

Si él tiene pruebas contundentes, podría demostrar su verdad histórica y derrumbar con hechos un discurso hecho para destruir opositores y ganar adeptos.

Pero de sus datos, y sobre todo sus documentos como debe corresponder a todo proceso, también dependerá la credibilidad de un Gobierno dado al escándalo y deficitario en resultados.

Sería grave haberlo detenido sólo por su frase de verdad histórica.

LA VERDAD DE ÁNGEL AGUIRRE

1.- A propósito de la verdad histórica, el exgobernador guerrerense Ángel Aguirre Rivero también tiene mucho por aportar.

-Voy a publicar un libro donde daré mucha información, pistas definitivas sobre dónde pueden estar los cadáveres de los normalistas -me dijo hace cinco años.

-¿Qué datos? ¿Dónde? -Insistí.

-Tienen que buscar fuera de Guerrero, tal vez en Morelos -me contestó.

Nunca publicó el libro y ayer culpó a la administración de Enrique Peña de manipular la investigación del crimen masivo de alumnos de Ayotzinapa.

Y 2.- Ya se van, pero dos gobernadores se disponen a dejar el poder con buenos números en combate a la pobreza.

Alejandro Murat y Carlos Joaquín cierran su ejercicio con cifras a la baja según el Coneval, organismo dado a medir los avances sociales.

Son, por añadidura, mandatarios de dos estados históricamente rezagados en desarrollo y justicia, Oaxaca y Quintana Roo.