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NÚMERO CERO/ EXCELSIOR

El “muro” de contención en que se ha convertido la política migratoria mexicana no tiene el suficiente peso para sostener su propia estabilidad frente a la carga de miles de migrantes. Cada nueva oleada deriva en otra emergencia como la última por la deportación de haitianos de Estados Unidos, a pesar de sus promesas de reforzar la colaboración y dar una respuesta conjunta al fenómeno. Pero esta nueva crisis migratoria pone el dedo en la llaga del daño por ceder a la exigencia de concentrar la gestión de uno de los problemas más acuciantes del hemisferio en acciones coercitivas.

En los últimos días se reunieron en México los miembros de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (Celac) en un encuentro que evidenció sus diferencias y confrontaciones políticas, pero, sobre todo, dejó mucho escepticismo sobre sus posibilidades de sumar una agenda común si soslayan la migración de sus compromisos como el problema más urgente. En eso coincidieron, en omitirlo. Los acuerdos en materia migratoria fueron reiterativos y pobres, a pesar de circular, por ejemplo, terribles imágenes como la expulsión de haitianos de Texas. Su impacto es insuficiente para desplazar la centralidad de los debates sobre Cuba o Venezuela, las críticas de Uruguay y Paraguay a sus gobiernos, o la expectativa de que el foro sirviera para reformar o sustituir a la OEA.

El encuentro es otra oportunidad perdida para dar contenido a la necesidad declarada de articular una respuesta conjunta a la migración, ya sea porque algunos países lograron imponer sus agendas internas, incluso aprovechar el foro para promover intereses políticos locales. Se escucharon demandas de levantar el bloqueo a Cuba y acabar con “malos tratos” de EU a la región, pero ninguna acción específica para construir la “gobernanza migratoria” que cruza por todo el hemisferio y con la que todos están de acuerdo, en el discurso. En declaraciones genéricas reafirmaron la protección de los derechos humanos y no criminalizar la migración irregular, pero con principios retóricos que ni siquiera se tradujeron en un posicionamiento sobre la brutalidad policiaca contra los haitianos.

Los compromisos de la Celac aparcaron el problema en el mismo punto que antes de la reunión. Al día siguiente, estaba solo el canciller Ebrard urgiendo una respuesta regional y fondos de EU al secretario de Estado, Antony Blinken, como ya había hecho el gobierno mexicano semanas atrás en una carta a Biden. Y el presidente López Obrador también se quedó en un reclamo solitario: “basta de discursos, ya hace falta la acción”, ante la promesa incumplida de EU de aportar 4 mmd para sostener el “muro migratorio” con inversión y desarrollo en Centroamérica. Los llamados frente a la migración de la “cumbre” se diluyeron después en la expresión contrastante de cansancio “ya basta de medidas coercitivas” del Presidente sobre el rol que aceptó jugar frente a la migración, mientras cientos de haitianos saturaban las oficinas de la Comar en CDMX con gritos sordos de petición de asilo.

Sin embargo, las omisiones sobre este tema no eximen de responsabilidad a los presidentes de la región, más bien los debilita frente a la política errática y la intransigencia de EU. Las oleadas de migración haitiana se desplazan en busca de refugio sin encontrar otra respuesta que la persecución y la extradición con leyes de asilo desactivadas y oficinas cerradas. Igual ocurre con la migración irregular, que en cada emergencia reclama acciones urgentes que no pueden postergarse hasta “fortalecer” las instituciones de protección internacional de los países en tránsito.

Tampoco esperar a que se resuelvan problemas estructurales de la migración, sin hacerse cargo de la gestión, por ejemplo, con reformas para la desregulación por razones humanitarias. De todas estas medidas podría haberse discutido en la Celac, incluso de articular posiciones para corresponsabilizar a EU en la solución del problema, en efecto, desde una óptica regional. Sin una respuesta a ese nivel el empuje de los migrantes sobre los “muros” terminarán por desbordar cualquier aparato de contención.