No hemos hecho caso al llamado de la naturaleza; a los mensajes que con cierta frecuencia nos enviaba para detener la mano destructora que amenaza a la flora y a la fauna.
Incendios forestales –algunos provocados con toda la intención- mares, ríos, contaminados con basura que han llevado a la muerte a un buen número de animales, cuya especie se encuentra en peligro de extinción.
La situación que hoy vive nuestro planeta por supuesto que no se dio de la noche a la mañana, han sido décadas que ha tenido que soportar su destrucción. Los espacios verdes han ido desapareciendo por diversas razones. Una de ellas, el crecimiento de las ciudades. No ha importado la destrucción de árboles, lagos, lagunas y manglares como es el caso del estado de Veracruz, para construir zonas habitaciones y centros comerciales.
Tampoco ha importado que autos en mal estado circulen y crezcan en número despidiendo gases que dañan la salud y el ambiente; son los llamados chocolate que ingresaron al país. Todo crecimiento trae consecuencias; por ejemplo, se desperdicia el agua por razones de fugas ocasionadas al existir tuberías viejas y en mal estado en las ciudades.
No hemos querido darnos cuenta de que el vital líquido es un verdadero privilegio para quien lo tiene, cuando hay zonas, países que carecen no solo de agua sino de muchas cosas más.
Las culturas ancestrales sentían un gran respeto por la Madre Tierra. Amaban la naturaleza porque estaban conscientes de que era una bendición todo lo que de ella recibían.
¿Qué sucedió con el ser humano que dejó de practicar la gratitud y el respeto?
Tan dejó de agradecer que olvidó que tenía que cuidar todo lo que ya existía para entregarlo a las siguientes generaciones.
Todo es cuestión de educación; ahí está la clave de todo. Educación con principios donde el respeto es fundamental. Las primeras enseñanzas sin duda están en el hogar.
Triste y lamentable lo que hemos hecho todos con nuestra casa común.
Lo vemos en algo tan simple o al menos así lo pareciera. El uso de las bolsas de plástico. Es obvio que si no fuera negocio no hubiera empresarios dedicados a la fabricación de dicho material. ¿Cuánto tiempo llevan en circulación? ¿Nadie se dio cuenta que llegaría a ser dañina para el medio ambiente?
Retrocedamos en el tiempo para la ubicación en lo que vivimos muchos de nosotros. Cómo fuimos viendo los cambios en la sociedad debido al llamado progreso.
En la mayoría de las ciudades de nuestro México, las amas de casa van al mercado con el propósito de hacer sus compras del día o para varios días, según sus deseos y necesidades. Fruta, verdura y todo lo que se requiere, va a dar a una canasta o la bolsa de un material resistente.
Cierta mercancía era depositada en una especie de conos o cucuruchos de papel periódico o de color café, según el caso. ¡ah! Eso sí, la mayoría de los propietarios de los puestos, siempre estaban de buen humor para atender a la clientela y no podía faltar el pilón. También había muchachitos que ayudaban a las señoras a cargar la canasta mientras hacían sus compras. Por ese servicio recibían una gratificación.
Con el tiempo llegaron los llamados súper mercados y con ellos las bolsas de papel grueso y luego las de plástico. La exageración en el uso del plástico, el no tener la cultura y el cuidado de no tirarlas en cualquier parte hicieron mucho daño. Al tirarlas a la calle fueron a dar al drenaje causando problemas graves. En las playas, los animales mueren por la ingesta. Botellas de plástico en los mares están causando mucho mal.
Hoy queremos solucionar un problema que todos creamos y no sabemos cómo. El problema ecológico está ya aquí y exige soluciones reales. Hay que crear conciencia y educar a la población empezando por los niños.
Con eliminar las bolsas de plástico no está resuelto del todo el problema. Hay que pensar en estrategias que conduzcan a resultados reales. Motivar a la población para que separe la basura e indicarle a dónde llevarla; no todos saben qué y cómo hacerlo. Por eso insisto, educar es lo primero.