¡Quietos por ahora, acelerados!
Esta columna es secuencia de la manejada el lunes pasado, titulada Claudia asume el control de las candidaturas.
Es decir, poco afortunados serán quienes acudan al rancho de Palenque o a alguna de las residencias del Ajusco donde se hospeda López Obrador.
Ayer, antes de su segundo informe de Claudia Sheinbaum ante los suyos y para los suyos, los aspirantes morenistas recibieron una instrucción:
Nada de asambleas informativas, nada de actos públicos, nada de conferencias de prensa, nada de promociones en medios informativos, nada de nada por ahora.
Cero apariciones públicas.
Oficialmente la orden les llegó de la cúpula del partido gubernamental, aunque nadie pudo acreditarlo directamente a la presidenta Ariadna Montiel.
Los datos apuntarían a Citlalli Hernández, correa de transmisión del poder tras ser enviada de la Secretaría de Mujeres a la Comisión Nacional de Elecciones morenista.
¿Qué dice tal instrucción?
Por orden superior deben cancelar su agenda para cuanto signifique promoción rumbo a la designación de coordinadores de la supuesta defensa de la transformación, antesala para ser candidatos a las 17 gubernaturas en juego para el año próximo.
¿Hasta cuándo?
Hasta nueva orden.
Y no sean malpensados: no es por violar la ley y los tiempos electorales ni por temor al INE de Guadalupe Taddei o al TEPJF de Gilberto Bátiz, puestos ahí como cancerberos de Morena.
DECISIÓN EN PALACIO
La decisión es integral.
En el pasado hubo movilizaciones como las impulsadas por López Obrador hasta para jugar con la candidatura presidencial a través de las llamadas corcholatas.
Los ingenuos le creyeron -Marcelo Ebrard, Adán Augusto López, Ricardo Monreal y los adláteres Manuel Velasco y el malogrado Noroña- y sucumbieron ante el desenlace previsible: era Claudia Sheinbaum.
Ahora es distinto.
Con base en la decisión anunciada ayer, es previsible: los sondeos serán privados, se procesarán entre Palacio Nacional y Morena y se anunciarán semanas o meses adelante.
No está dicho, pero dé usted por hecho:
Podrían aparecer nombres no mencionados, coordinadores no inscritos y al final abanderados morenistas a gobernadores al gusto presidencial y no de la militancia o a placer de las especulaciones mediáticas.
¡Ah, lo mediático!
De eso se trata, de no generar escándalos en demérito del partido oficial, recelos internos y o divisiones a fin de mantener la unidad exigida ayer en los párrafos finales del discurso presidencial en Palacio Nacional.
LA REBELIÓN PANISTA
La cúpula panista lo ve como una rebelión.
Pero para la militancia es la oportunidad de aliarse con otras fuerzas y entrar en competencia para las elecciones del año próximo.
La primera decisión autónoma la tomó el Partido Acción Nacional en Nuevo León, donde asumió como candidato propio al priista Adrián de la Garza.
Le ha seguido el PAN de Sinaloa, abiertamente a favor de respaldar al también priista Mario Zamora porque lo ve como el personaje más competitivo.
Su arrastre lleva a la reflexión también a Movimiento Ciudadano, a cuyos cuadros su dirigente eterno Dante Delgado quiere llevar aislados a la elección federal intermedia.
También en San Luis Potosí han mostrado simpatías para el alcalde Enrique Galindo, a quien ha tentado Morena porque carece de cuadros para enfrentar a Ruth González, esposa del gobernador Ricardo Gallardo.
Pero esta lucha no está exenta de obstáculos.
Por ejemplo en Sinaloa varios panistas se oponen a un entendimiento y en concreto le ponen trabas a la diputada priista Paola Gárate.
La ven crecer en las encuestas y al frente de sus opositores se ha colocado Eduardo Ortiz, dirigente del PAN en Culiacán.
@urenajose1
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