Cero participación.
Política de pecho a tierra para no ponerse de blanco y mantener las relaciones México-Estados Unidos en términos de conciliación y entendimiento.
A diferencia de procesos anteriores, cuando mostraba simpatías políticas, México se ausentó de la elección estadounidense.
Esto no pasaba desde hace decenios.
Inclusive en 2024 López Obrador, año del regreso de Donald Trump a la presidencia, llamó a no votar por quienes impulsan medidas anti inmigrantes.
Referencia directa al actual mandatario, quien acusa a México de mandar criminales y a los migrantes de causar los peores daños a su país.
Para su primer mandato Trump enfrentó en 2016 la campaña de Marcelo Ebrard entre la población latina a favor de la demócrata Hillary Clinton.
Más cauto dada su posición de jefe de Estado, Enrique Peña se limitó a criticar la política del magnate y luego le canceló una visita oficial a la Casa Blanca.
POR LO MENOS NO PEOR
Esta ocasión fue distinta.
Los consulados recibieron la instrucción de limitarse a sus funciones y no mostrar simpatías por ningún partido, Demócrata y Republicano.
Hasta la directora del Instituto de Mexicanos en el Exterior dejó el cargo el 7 de mayo a fin de buscar la candidatura morenista para gobernadora.
No alcanzó su propósito y si alguna intención presidencial había de regresarle al puesto, se impone una valoración especial dada su confrontación al partido y sus críticas a Clara Luz Flores.
Coincidentes y programadas, estas acciones favorecen a México porque desarmaron al presidente estadounidense.
Las deseadas negociaciones por el sucedáneo del T-MEC siguen, aunque bajo las condiciones y el calendario fijado por Donald Trump de un día acuerdos bilaterales, luego sí pero con Canadá, ya lo tenemos listo y a continuación todavía nos faltan detalles.
Y no habrá más presiones de cierre de presas en demanda de agua fronteriza ni solicitud de contingentes adicionales de soldados para contener el paso de drogas y migrantes.
Balance al gusto, en síntesis.
CORRUPCIÓN DE EDILES
Una alerta puede desvelar una gran corrupción.
La dio la gobernadora de Guerrero, Evelyn Salgado, el 26 de octubre sobre un esquema irregular de financiamiento e infraestructura en el sistema de salud.
Señaló directamente a la alcaldesa de Cuilápam, Mayra Silva Fernández, por condicionar a pago de porcentajes la entrega de recursos municipales para la construcción de un hospital de 43 camas.
Después, el 28 de octubre, la diputada petista Margarita García denunció la existencia de una red estructurada de gestores.
Con esa información se extendió la investigación y, ¡oh sorpresa!, ya hay diez obras bajo sospecha y sujetas a cargo de auditores.
@urenajose1
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