COMPARTIR

La fotografía del momento en torno a la popularidad del presidente Enrique Peña pone en primer plano una baja constante, con todo y el triunfo de Trump. Pero en segunda instancia hay un dato inédito: uno de cada dos simpatizantes del PRI retiran su apoyo al mandatario. Y la máxima en política es que todo vacío (de poder) termina llenándose.

Esto a partir de la encuesta de Laredo & Buendía publicada a través del diario El Universal.

La gráfica muestra que el mayor desplome se dio en el tramo de mayo a agosto, luego de conocerse que el PRI perdió 7 de 12 gubernaturas en la jornada del 5 de junio. A pesar de las causas enumeradas, la corrupción y malas gestiones de los gobiernos locales; hartazgo político; malos candidatos; rebote de la guerra sucia emprendida; un sector del partido decidió que gran parte de la responsabilidad tenía que ver con la gestión presidencial.

En particular el impacto de las reformas como la fiscal, la falta de capacidad de “venderlas” correctamente a los electores e iniciativas polémicas/polarizantes como las del matrimonio igualitario.

De ahí que están abiertas las heridas con sectores por demás poderosos como los empresarios y la Iglesia católica, con capacidad de influencia mediática y de importantes sectores de la población.

Es así que a pesar de tener como estratega desde el propio partido a Enrique Ochoa, el presidente no haría mal en tender puentes con algún sector de la oposición. Sin ser esa la intención, una ventana de oportunidad sería la eventual reunión con los senadores del PAN programada para estas semanas.

El coordinador de la bancada Fernando Herrera prevé que será un diálogo e intercambiar puntos de vista sobre problemas económicos, políticos, económicos y sociales del país. Un asunto por demás necesario si es que los 7 nuevos gobernadores con sello blanquiazul tengan los apoyos que buscan.

Desde afuera se observa que los márgenes del presidente para influir en las elecciones locales de 2017 -Coahuila, Nayarit y el Estado de México – son reducidos, a reserva de optar por “la imposición desde el centro” con los riesgos de ruptura inherentes. Poco acostumbrado a los virajes, es claro que las políticas públicas de su gobierno no cambiarán sustancialmente por estos objetivos.

Un escenario extremo sería que el presidente quedara marginado de estos procesos, e incluso para 2018. Que quien se definiera como el candidato presidencial priista estuviera tan identificado con él, que los simpatizantes optaran por buscar “el voto útil”.

Por ello que se establezca cercanía con otros sectores, puede ser una carambola a tres bandas para el futuro inmediato y más allá de 2018.

AGENCIAS, LINEA POLITICA, 22-11-16.