·Diabetes, hipertensión, obesidad, tuberculosis, problemas de la próstata y test mental
·Los reclusorios, zonas de recreo para la perversa delincuencia profesional
·La maldad, la mezquindad y la perversidad de criminales profesionales “sin rostro”
blasalejo@gmail.com
El hacinamiento, la sobrepoblación y la falta de sanidad han convertido a los mal llamados Centro de Readaptación Social -los Reclusorios de la Ciudad de México-, en auténticos núcleos de infecciones sanitarias que significan un gravísimo retroceso en el irrestricto respeto de los derechos humanos en toda su magnitud.
Independientemente del significado que viene ejerciendo la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), puso en descubierto las anomalías que desde muchos años han venido arrastrando las cárceles de la capital mexicana.
Observadores de la CDHDF a cargo de la doctora Perla Gómez, participa con la Secretaría de Salud del Distrito Federal en la campaña de detección de diversos padecimientos a favor de las personas que se encuentran privadas de la libertad en el Reclusorio Preventivo Varonil Oriente, entre los que se encuentran diabetes, hipertensión, obesidad, tuberculosis, problemas de la próstata, test mental y tuberculosis.
La campaña se realiza con el acompañamiento del Programa de VIH de la Ciudad de México-Clínica Especializada Condesa, los Servicios de Salud Pública del Distrito Federal, a través de la Jurisdicción Sanitaria de Iztapalapa Federal y la Subsecretaría de Sistema Penitenciario.
Se inserta en una serie de acciones en materia de salud pública que se realizan desde el año 2014 al interior de los centros carcelarios de la ciudad, cuya incidencia permitirá evitar costos que impliquen el agravamiento o deterioro de la salud de las personas destinatarias.
La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, a través de la Segunda Visitaduría General, acompañará el desarrollo de las actividades hasta que estas finalicen.
Este Organismo reconoce los esfuerzos emprendidos en esta materia a la Secretaría de Salud y continuará participando de forma activa en la construcción de una agenda y acciones en esta materia bajo el enfoque de salud pública, pues con ello se asegura la protección del derecho a la salud de acuerdo a los estándares reconocidos en instrumentos internacionales tanto regionales como universales y en los reconocidos en la Observación General 14 sobre “El derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud”, del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
El hecho de solo saber que esos centros de “readaptación social” están súper infectados de enfermedades evolutivas, revela que los gobiernos federal y locales, cuando menos en la capital del país, sus programas de readaptación no son los adecuados.
Los cuadros de diabetes, hipertensión, obesidad, tuberculosis, problemas de la próstata, test mental y tuberculosis, establecen la urgencia de tender un cerco sanitario ya que si bien las cárceles capitalinas están saturadas de individuos infractores de las leyes, prácticamente no existe una capacidad para atender a más de 20 mil personas que han sido separadas de la sociedad y hacinadas en esos centros penitenciarios.
La cárcel, en sí, significa un tormento sicológico que convierte al individuo “readaptado”, en un ser despreciable saturado de rencores no solo en contra de los impartidores de justicia, sino de la propia sociedad que día a día lucha denodadamente por salir avante de una crisis económica y financiera que no tiene final.
Los programas de readaptación social en esos centros penitenciarios han sido un fracaso, es decir, están rebasados por su propia infraestructura que ante el cúmulo de detenidos, esos núcleos de concentración humana se transforman como monstruos y que al salir en libertad, vuelven al redil de la maldad para cumplir con un ciclo de regreso a prisión.
En la práctica, el modelo de los reclusorios nunca han sido centros de readaptación social, sino por el contrario, auténticas universidades desde donde las células de criminales profesionales los utilizan como sus centros de operaciones para con la complacencia de los directores, salen a delinquir con toda impunidad o cometer asesinatos de toda índole para regresar campantes a su “zona de recreo”.
Trabajos “limpios”, trabajos que traerán consigo solo abrir indagaciones por parte del ministerio público, cuando los asesinos retornan a las cárceles sin imaginar cómo se fragua la maldad, la mezquindad y la perversidad de esos criminales profesionales “sin rostro”.
¡¡¡ SALUDOS CORDIALES !!!