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A Rubén Rocha Moya la “rebelión” le duró un solo día. Se quedó solo. La 4T le dio la espalda y, arrinconado por sus propios correligionarios, tomó una decisión: volver a pedir licencia, ahora sí, por tiempo indefinido.

La misma estructura que lo había blindado durante su primera licencia de 112 días lo soltó sin anestesia. Y a menos de dos horas de anunciar la segunda, uno de sus compañeros de partido, el senador Ignacio Mier Velazco, salió a decir que Rocha Moya “honra su trayectoria”.

Curioso: cuando el costo político subió de tono aparecieron los comunicados. No para cerrar filas —como es costumbre en la 4T—, sino para deslindarse y reducir a “El Rocha” a un arrogante ambicioso que actuó solo a espaldas del movimiento.

Primero lo blindan, luego lo sueltan. El escenario perfecto para el cinismo político y la hipocresía. Ahora, al gobernador de un solo día, le aplauden el show.

Desde que inició este circo el pasado viernes 21 de agosto, las preguntas no han dejado de circular: ¿Quién le sopló el oído? ¿De verdad fue una decisión personal regresar al gobierno de Sinaloa?

En la conversación mediática y digital comenzó a circular la versión de que fue el ex presidente Andrés Manuel López Obrador quien lo impulsó a retomar el gobierno estatal como un desafío a Estados Unidos tras quitarle la visa a su hijo “Andy” López Beltrán. Que el retorno de “El Rocha” fue, además, una demostración de quién manda en el movimiento político que hoy gobierna México, aun a costa de minar a la propia presidenta Sheinbaum o de generar una fractura interna en el morenismo.

¿Y sabe cómo se enteró la jefa del Ejecutivo de la decisión? Por el mensaje que Rocha publicó en X el viernes a las 9:46 de la mañana.

Ella misma lo reconoció.

Ni la consultó. Ni tuvo la cortesía ni el respeto político de sostener una conversación previa.

Sheinbaum se mantuvo en silencio desde el viernes. No asistió a su conferencia mañanera porque tenía gripa y tos. Pero dejó correr un lapidario comunicado de la Secretaría de Gobernación: la decisión de Rocha Moya “responde exclusivamente a una determinación de carácter personal”.

La Segob informó, además, que la FGR mantiene abiertas las carpetas relacionadas con las diez personas señaladas por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, entre ellas el propio gobernador.

Detrás llegaron los deslindes de la dirigencia nacional de Morena, de los 23 gobernadores de ese partido, de los grupos parlamentarios en la Cámara de Diputados y en el Senado, y de los aliados del PVEM.

Desde San Lázaro, el coordinador de los diputados morenistas, Ricardo Monreal, instó a “El Rocha” a pedir licencia y sintetizó en una sola palabra lo que había provocado: un cisma.

Los duros del obradorato arremetieron contra Monreal. El impresentable senador Gerardo Fernández Noroña se lanzó: “Oye, Ricardo, ¿y cuándo le sugieres pedir licencia a Alejandro Moreno Cárdenas? ¿Cuándo le sugieres pedir licencia a María Eugenia Campos?”.

Fue hasta el sábado 22 de agosto cuando la presidenta Sheinbaum difundió en redes un mensaje por lo ocurrido en Sinaloa. Sin mencionar el nombre del gobernador, dijo:

 “Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación. Y mucho menos cuando aquello que se pretende colocar por encima de México no es el bienestar de su gente, sino la ambición desnuda del poder por el poder. Porque el poder sin principios se vuelve arrogancia; el poder sin límites, abuso; y el poder que olvida al pueblo, termina enfrentándose a la historia. México merece servidores públicos que entiendan que los cargos son pasajeros, pero la responsabilidad ante la Nación es eterna. El Pueblo no está para alimentar ambiciones personales: está para exigir que se defienda su dignidad, su futuro y su esperanza. Por encima de cualquier nombre, de cualquier grupo y de cualquier interés particular, está el pueblo y la Nación”.

Después, otra vez el circo. A las 6:40 de la tarde del mismo sábado, Rocha lanzó un tuit de una línea: “Sinaloa, la nación y el movimiento de transformación están por encima de todo”. Y adjuntó la carta al Congreso de Sinaloa solicitando “licencia temporal con carácter indefinido, por más de 30 días”.

La “rebelión” de un día terminó como empezó: con una licencia más, muchas dudas  y un mensaje claro: en la 4T la impunidad no se combate… se administra.

Primero con licencia temporal, luego con regreso de un día, después con licencia indefinida. El cinismo no necesita pruebas. Solo necesita tiempo y comunicados.

Y una pregunta más: si realmente “no existen los mínimos elementos de prueba”, como sostuvo Rocha atribuyéndoselo a la FGR, ¿por qué no se quedó? ¿Dónde quedó la defensa de la soberanía y la “frente limpia”?

El Congreso de Sinaloa aprobará la licencia indefinida y volverá a instalar un interinato. Las carpetas de la FGR seguirán abiertas, la presión de Estados Unidos no se evaporará en 24 horas y el rochismo perderá peso de cara a los comicios de 2027.

Ahora veremos si el senador Enrique Inzunza —compañero de equipo de Rocha y también señalado por Estados Unidos— cumple su anunció y regresa presencialmente al Senado el próximo 30 de agosto.

Vamos a ver de qué lado cae la cara de la pirinola. Rocha perdió el pulso. Morena perdió la unidad y la impunidad, esa sí, sigue girando.

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