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elcristalazo.com

La cosa, pues, es muy sencilla: el presidente de México metió la lengua en la soberanía ecuatoriana, y el gobierno de Daniel Noboa metió la tropa a la embajada mexicana y se llevó a un delincuente común –el vicepresidente del camarada Rafael Correa, Jorge Glas—, a quien México había protegido con manto de asilo político, cuando en verdad es un pájaro de cuenta.

Y de paso, Novoa le hizo el más grande favor internacional a Andrés Manuel: lo convirtió –para su deleite–, en víctima, su papel favorito.

El presidente López Obrador se metió en provocadoras honduras al descalificar el proceso electoral y los antecedentes de la presidencia de Daniel Noboa y este –enfurecido–, violó la embajada mexicana.

Tras la ruptura de relaciones diplomáticas aumentó la verborrea muy en el estilo inevitable de América Latina.

Sea como sea hoy, México no tiene relaciones con Ecuador, está peleado con Perú y también con Argentina; congelado con España y embroncado con Bolivia. Todos tiene la culpa.

–¿Hizo mal Noboa en allanar la sede diplomática mexicana? Muy mal.

–¿Hizo mal el presidente de México en descalificar la legitimidad del gobierno de un país hasta hace poco “amigo”? Muy mal también. O hasta peor, porque aquellos no le habían hecho nada excepto negar el salvoconducto a un delincuente.

Julián Assange, a quien el presidente tanto defiende —para mencionar antecedentes entre Ecuador y el asilo–, estuvo siete años refugiado en una embajada ecuatoriana (Londres). Y cuando los hartó lo echaron con todo y su gato y su patineta.

Ecuador violó ahora la convención de Viena.

México violó su Constitución (bueno, México no; el presidente), y sus tan declarados principios de “no intervención”, cuando le atribuyó el resultado electoral y el triunfo de Daniel Novoa a la inducción y el aprovechamiento –con el recurso del miedo– del asesinato de Villavicencio, el candidato puntero en aquellos días.

Ante la delirante interpretación del proceso electoral, la viuda de Villavicencio, Verónica Sarauz, sacó la fusta:

“… Lamentable la declaración del presidente de México sobre el magnicidio de mi esposo Fernando Villavicencio, las fuerzas progresistas que tanto defiende están vinculadas al crimen organizado y narcotráfico, son sospechosos oficialmente de participar como autores intelectuales del horrendo crimen, causando un profundo impacto en la democracia del país. En nombre de mi familia exijo respeto por la memoria de Fernando y al presidente López Obrador, ¡silencio!

“No tiene calidad moral de hablar de democracias cuando en su país mantiene vínculos con grupos que responden a estos mismos grupos que operan en nuestro país”.

Y en términos similares la secundó su hija Amanda.

Por otra parte, ¿tiene alguna importancia la relación con Ecuador?

Depende quién lo juzgue.

Según Data México, “en el periodo enero a diciembre de 2023, la Inversión Extranjera directa (IED) proveniente de Ecuador a México es US$5.48M.

“En lo que se refiere a remesas, en el cuarto trimestre del 2023, México recibió US$34.3M en remesas desde Ecuador, mientras que Ecuador recibió US$3.92M en remesas desde México. Finalmente, en términos de inmmigración a México, en el 2020 se registraron 2 mil 477 inmigrantes desde Ecuador”.

El siguiente paso es la reconciliación y la reanudación de relaciones, quizá en el próximo gobierno porque este ya se está acabando y arreglos de esa categoría toman tiempo y no se pueden hacer con la rapidez de un manotazo como el dispuesto hace unas horas para resolver el problema de Glas, con la violación al derecho internacional.

También queda el último recurso: declararle la guerra al Ecuador.

Podríamos ocupar las Galápagos con los marinos mexicanos (tan eficientes en Haití), y hacer ahí un parque ecológico de turismo pobretón, como ocurrió con las Islas Marías.