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A pesar de que esta administración federal se ha esforzado en mantener unas finanzas públicas sanas, no son suficientes para mantener el flujo de capitales que hasta hace un año se tenía en México, porque se ha perdido el atractivo ante los capitales privados.

Esto se ha convertido en que el flujo de estos capitales empiece a salir en grandes cantidades en busca de otros nichos que les otorguen ganancias en el corto plazo y sin problemas por el cambio de reglas para operar.

Lo que anteriormente se mostraba como una oportunidad, la entrada de capitales a México por la compra de deuda gubernamental ahora se reporta como el cobro de estos documentos.

La razón principal es que los inversionistas han empezado a ver que la administración federal ha llevado al país a un sitio donde podría perderse una calificación crediticia importante y esto dejaría perdidas a sus capitales, por la insolvencia de hacer frente por parte del gobierno mexicano.

Los inversionistas conocen que México como país aún mantiene cierta liquidez y confianza de organismos financieros internacionales, pero la apuesta que ha realizado el gobierno, de seguir inyectando miles de millones de pesos a PEMEX, que ya perdió la confianza de los organismos financieros, podría arrastrar a México a perder el grado creditito que mantiene.

De tal forma que, de acuerdo a la reciente información del Banco de México en diciembre pasado, la tenencia de esos instrumentos en manos de inversionistas del exterior se ubicó en un billón 633 mil 447 millones de pesos, el nivel más bajo desde finales de febrero de 2013.

Eso significó la venta de 257 mil 601 millones de pesos de posiciones en deuda gubernamental mexicana en el último año.

Las salidas en 2021 fueron ligeramente superiores a las de todo 2020, cuando sumaron un monto sin precedente hasta ese año de 257 mil 239 millones de pesos.

Esto significa que en dos años la reducción en la tenencia de bonos gubernamentales por parte de inversionistas extranjeros fue de 514 mil 840 millones de pesos.

Si hacemos la conversión con el tipo de cambio de dólar, México ha sufrido un retiro acumulado de 24 mil 672 millones de dólares, lo que representa la mayor ‘fuga’ desde la crisis de 1994.

Sin embargo, el menor apetito por estos documentos de desuda se muestra desde antes de la contingencia sanitaria por Covid-19, pues la tenencia de extranjeros en valores gubernamentales alcanzó su récord en febrero de 2019.

Si hacemos la suma total la salida acumulada de capital de no residentes en el país se ubica en 640 mil 481 millones de pesos.

En 2021 se continuó observando una menor participación de inversionistas del exterior en el mercado de deuda gubernamental.

La administración federal se enfrenta a otro problema, necesitara recursos para concluir con sus obras ya iniciadas, como el Tren Maya el corredor Transítsmico, la refinería Dos Bocas y el pago por la refinería de Deer Park, lo que podría llevar a buscar préstamo en organismos internacionales creando déficit en las finanzas públicas en los próximos tres años.

Si bien hay una menor disposición para mantener posiciones en papel emitido por el gobierno de México, también está presente un entorno de alta incertidumbre en los mercados financieros internacionales.

Si a esto se suma que la presión inflacionaria global, que presionara a los bancos Centrales a seguir actuando para bajar está en cada nación, México podría tener otro factor de riesgo para los flujos de capital en las economías emergentes, donde México es uno de los mercados más expuestos.

El peso mexicano se encuentra altamente expuesto a choques externos, como el inminente retiro del estímulo monetario en Estados Unidos.

Es por ello que es necesario que la administración federal empiece a establecer políticas públicas para evitar más daño a la economía nacional que golpearía a los que menos tienen.