Para casi 550 mil personas en México, librarse del SARS-CoV-2 no significa estar sano.
Desde los que se recuperaron tras pasar por terapia intensiva hasta los asintomáticos, presentan secuelas que pueden ser discapacitantes y durar años, alertan especialistas médicos consultados por Excélsior. Los daños son al sistema respiratorio, pero también al corazón, hígado, riñones y cerebro, detallan.
Para Juan Luis Mosqueda Gómez, director del Hospital Regional de Alta Especialidad del Bajío, además de los pulmones, el SARS-CoV-2 deteriora funciones cardiacas, renales y neurológicas.
Los expertos calculan que siete de cada diez recuperados padecen insomnio, dolor de cabeza, caída del cabello, debilidad, fatiga, disnea, problemas de concentración o memoria. También hipertensión arterial pulmonar y, quizá, una inflamación persistente en el músculo cardiaco que podría derivar en muerte repentina.
Señalan que la adecuada atención a estos pacientes es otro reto para el sistema de salud, pues de eso depende que retomen sus actividades.
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